experimento de democracia

JUVENTUD REBELDE, CUBA 231002 - Agnerys Rodríguez Gavilán

Con solo 26 años de existencia, el sistema electoral de la Isla rompe con todos los cánones  establecidos en el mundo en la búsqueda de una real participación popular en el ejercicio del poder

José Luis Toledo, el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana y presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular, es un prestigioso académico con los pies en la tierra, conoce muy bien casi todos los entresijos de la tan traída y llevada Señora Democracia, “sobre la cual se han escrito ríos de tinta y existen bibliotecas enteras, más grandes que las de Alejandría”.

Por consiguiente, un defensor incansable del sistema democrático que impera en esta nación, probablemente uno de los más jóvenes en el mundo actual, tan embriagado con las falacias de las democracias representativas.

De tales asuntos conversó con JR, pocas horas antes de este especial domingo, doblemente significativo porque además de las elecciones de los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, celebramos el aniversario 134 de la primera vez que se entonara en público la letra de nuestro Himno Nacional.

 

SIN PARECIDOS

“¿Mi definición de democracia cubana? Primero, habría que decir que nuestro sistema político e institucional no se puede medir ni analizar partiendo de las premisas preconcebidas y preestablecidas de otros sistemas políticos. El cubano es sui generis, novedoso y muy ajustado a las características, a las exigencias y a las realidades de estos tiempos.

“En segundo lugar, es un sistema muy joven, tiene apenas 26 años y meses. Tomemos en cuenta que la nueva organización institucional de la Revolución y los órganos del Poder Popular se crearon a partir de 1976, cuando entra en vigor, el 24 de febrero de ese año, la Constitución de la República de Cuba. Insisto, nuestra democracia es muy joven.

“A partir de estos elementos, cabe señalar los aspectos fundamentales que la caracterizan. Uno de ellos es la ausencia de partidos políticos en los procesos eleccionarios. Constitucionalmente está consagrada en este país la existencia de uno solo, el Partido Comunista de Cuba, que tiene como función la dirección política de la sociedad, pero que no participa en el proceso electoral.

“Ese es el primer rasgo que desmarca el sistema cubano de los restantes. El partido ni postula, ni presenta, ni promueve candidatos. El nuestro más bien actúa como un órgano garante, que vela por la transparencia y la debida honestidad del acto electoral, pero no participa en la contienda.

“Vale recordar que demos es pueblo, cracia es gobierno, luego, democracia es el gobierno del pueblo, la forma en que institucional y políticamente se organiza un Estado para ejercer con mayor efectividad un gobierno por parte del pueblo y para el pueblo, eso es la democracia.

“En los países cuya democracia es denominada representativa, esta pasa por dos principios fundamentales: el multipartidismo y las elecciones, pero lo que se esconde de verdad detrás de esos dos conceptos es que los partidos políticos y las elecciones no son más que un juego que limitan real y efectivamente el ejercicio del gobierno por el pueblo.

“Por ello, uno de los aspectos más destacables de nuestro sistema es el cómo se elige a los delegados, en particular para las Asambleas Municipales, que es el acto que acontece hoy. No va nadie a reunirse con los vecinos y decirle: “voten por fulano o mengano”, o “elijan a melgarejo”, es de allí, de entre los propios ciudadanos de la barriada, de donde salen las propuestas; el pueblo lo aprueba o no, y selecciona a su delegado.

“La inscripción automática, sin ningún tipo de requisito ni costo en el registro de electores de la nación, a partir de que arribe a los dieciséis años de edad, es otra característica. Aquí nadie tiene que ir a gastar dinero de su bolsillo para inscribirse en ese listado.

“Otro elemento: el voto en Cuba es totalmente libre. Tú revisas legislaciones electorales de otros estados, incluso constituciones, y establecen la obligatoriedad del voto. Los ciudadanos están obligados a votar, hay lugares donde se penaliza a quienes no ejercen el voto. En Cuba es totalmente voluntario.”

 

UNA MIRADA A LA ACTUAL CONTIENDA

Los electores que ejercen hoy su derecho al voto elegirán a su candidato de entre 8 144 mujeres, 24 432 hombres y 3 223 jóvenes de hasta treinta años de edad. Llama la atención que creció en esta nominación el sexo femenino, a la vez que fue menor la cifra de jóvenes con respecto a procesos anteriores. Y eso no pasó inadvertido para mi entrevistado.

“Debe ser para todos nosotros un orgullo que haya más compañeras nominadas a los cargos del Poder Popular. Es un reflejo de cuánto hemos avanzado en uno de las grandes empeños de la Revolución en todos estos años, traducido en llevar a la mujer a un plano de igualdad y equidad reales. No es ninguna concesión, es un espacio que se han ganado, y se les reconoce.

“Sobre la nominación de jóvenes, realmente no tengo una reflexión acabada, porque habría que meditar sobre varias cosas. Por ejemplo, la cubana es una sociedad que envejece, y ese fenómeno hace lógico que haya en los cargos más personas adultas que jóvenes, eso pudiera ser una respuesta matemática.

“Yo te voy a dar otro enfoque que tengo de eso: en la Facultad de Derecho mandamos todos los cursos a los estudiantes de los dos primeros años de la carrera a realizar prácticas en la secretarías de los órganos municipales del Poder Popular. De esa experiencia la impresión que tengo es que los alumnos regresan con una alta estima del trabajo del delegado y en más de una ocasión he oído que ellos les dicen a los secretarios de las asambleas municipales: cuenten con nosotros; nosotros estamos dispuestos a asumir responsabilidades dentro de los órganos.

“Otro elemento que he visto en algunas estadísticas y que habrá que tener en cuenta para el análisis es el alto índice de ratificación y reelección que ha habido en este proceso. Habría que ver también si los más viejos les abrimos espacio...”

Vale mucho su opinión porque Toledo lleva ocho años como Decano de la Facultad de Derecho, suficiente tiempo para conocer a los jóvenes: preguntones, rebeldes, cuestionadores pero fieles.

“Siempre tienen una disposición a avanzar dentro de una posición de fidelidad a la Revolución, pero, como jóvenes al fin, buscan más y mejores aristas para perfeccionar nuestra democracia. A veces ellos salen de la facultad con un criterio de cómo actúa un delegado, de cómo funciona un Poder Popular, pero cuando van a la práctica e interactúan con estos hombres, saben de las grandes tareas que cotidianamente enfrentan y regresan con una valoración muy alta de su trabajo.

“Eso necesariamente los lleva a discutir, analizar, plantear, buscarle soluciones a aquellos aspectos que han identificado que afectan la actuación del delegado, para contribuir a su mejor desempeño. Ese es el debate fundamental que se produce en la universidad, el de cómo buscar dentro de la fidelidad al proceso un funcionamiento cada vez más efectivo, más cabal y más comprometido del modelo democrático nuestro.”

 

NO HAY MITOS, SINO REALIDADES

Como todo buen hombre de ley, a Toledo le sobran argumentos para seguir desmintiendo a los paladines de la democracia. Ninguno de ellos podrá negar la total transparencia del proceso cubano, que se manifiesta, por ejemplo, en la constitución de las comisiones electorales y de candidaturas, integradas por hombres y mujeres del pueblo.

“Y, ¿quién custodia las urnas electorales?: los pioneros. Véase cualquier país de este continente: cuando se va a efectuar un acto electoral, prácticamente se declara un estado de emergencia en el país, movilización de las fuerzas armadas, tanques en las calles, ejército con armas largas, todo un acontecimiento militar. En Cuba, son los niños.

“Y no voy a referirme a lo que son las elecciones en otros países, que se pierden urnas, que ponen boletas que inducen a cometer errores a las personas, que votan hasta los muertos... Ni qué decir de las campañas electorales. Hoy en muchos países es un gran show, y además, hace más campaña el que más dinero tiene. En Cuba no, la única divulgación electoral es la publicación de las biografías y las fotos de los candidatos en aquellos lugares de mayor concurrencia del pueblo.”

Son estos algunos de los principios de la democracia cubana, pero pensar que en nuestro país el proceso democrático se manifiesta únicamente en la contienda electoral es un error, es quedarnos a medias en un análisis, “porque él no se agota en el acto electoral, sino que los comicios constituyen uno de los elementos que matizan e integran la democracia en Cuba. El acto democrático en Cuba es una actividad cotidiana del ejercicio del poder.

“Aquí todos los funcionarios electos son revocables de sus cargos, sencillamente, cualquier compañero, a cualquier nivel de este país, es revocable en las responsabilidades que le fueron otorgadas. Nadie es inamovible.

“La rendición de cuentas de los delegados a las asambleas municipales ante sus electores es otra muestra del ejercicio del poder, cada seis meses están obligados a informar lo que han hecho, oír opiniones, planteamientos, quejas y dar cuantas explicaciones sea menester dar.

“Están además las otras formas continuas que tiene el pueblo, por distintas vías, de manifestar su opinión, de dar sus criterios, que no caen en un saco roto, porque deciden conductas gubernamentales.”

 

CULTOS PARA SER LIBRES

Toledo conoce como nadie la trascendencia del actual proceso electoral. Para él es una manifestación de apoyo a la Revolución, pues “nunca ha habido una elección en Cuba con menos del noventa y cinco por ciento de asistencia a las urnas. Y esta vez será también un voto para decir que el socialismo sigue siendo irrevocable, perfectible pero nuestro.

“Hoy el cubano es un pueblo libre, y será más libre en la medida que sea más culto. En la medida en que su saber se ensanche más, en esa búsqueda incesante, alcanzará mayores cuotas de libertad. Y en la medida en que la Revolución materialice todo su programa cultural —ya en marcha—, seremos capaces de alcanzar cotas mayores de libertad y de democracia.”