El perfeccionamiento necesario en los órganos de gobierno del pueblo 

GRANMA, CUBA 180902A JULIA MAYORAL

Elaborar la concepción del Poder Popular y asegurar, aun en las más difíciles circunstancias económicas y sociales, la intervención de los ciudadanos en el gobierno de los asuntos locales y nacionales, sustentada en principios ajenos a la politiquería y el fraccionalismo de los electores, constituye uno de los hallazgos teóricos y prácticos más importantes de la Revolución Cubana.

LA ESTRECHA RELACIÓN CON  LOS ELECTORES VALIDA LA GESTIÓN DEL PODER POPULAR.

Desde su I Congreso (diciembre de 1975), nuestro Partido señaló que la fuerza y la unidad alcanzadas debían traducirse y adquirir permanencia en instituciones sólidas y de calidad, eficientes y perdurables que "consoliden las conquistas del pueblo y aseguren por siempre el imperio de la capacidad y el mérito".

Tras casi 18 años de experiencia revolucionaria, nacieron las estructuras representativas del Estado socialista: las primeras que tendría el país como resultado de la voluntad popular, divorciadas por completo de las maquinarias de los partidos políticos tradicionales, las rivalidades electoralistas y la enajenación de las grandes mayorías del poder real.

Ninguno de los cinco congresos partidistas celebrados hasta la fecha ha dejado de examinar el desempeño del Poder Popular con transparencia y alto sentido crítico, cumpliendo su deber y su derecho de trazar las pautas generales, los principios y los fundamentos que hagan posible el perfeccionamiento constante de esos órganos.

Cuando el Poder Popular apenas llegaba a sus cuatro años de existencia, el Partido, junto a los éxitos, indicó problemas y deficiencias. El II Congreso llamó a mejorar el funcionamiento de las asambleas, el apoyo a los delegados y diputados, así como a erradicar las causas que habían determinado en muchos casos la rutina y la formalidad en las asambleas de rendición de cuenta a los electores.

También exhortó a luchar contra la tendencia a las deformaciones burocráticas, la falta de agilidad en la solución de los problemas, el papeleo, la negligencia y la insensibilidad ante los problemas y las necesidades de la población. Para concretar ese propósito, solicitó de los órganos locales del Poder Popular una fiscalización más exigente sobre las dependencias administrativas, empresas y unidades.

Al comienzo del período especial, cuando los enemigos auguraban el colapso definitivo de la Revolución, el Partido, en vez de amilanarse, prosiguió el examen a fondo de las deficiencias y sentó nuevas premisas para perfeccionar nuestro sistema político y ampliar la participación de los ciudadanos.

El IV Congreso (octubre de 1991) señaló contradicciones e imprecisiones que subsistían en las normas constitucionales y legales para la organización de las instituciones representativas del Estado; caracterizó las limitaciones de las asambleas para ejercer debidamente sus funciones de dirección y de contrapartida de las entidades administrativas y, en resumen, solicitó al Poder Popular decisiones propias para afirmar todo lo positivo y valioso alcanzado por esos órganos.

Lejos de restringir la democracia en aquellas adversas condiciones de crisis económica, la Revolución apostó por perfeccionarla. El IV Congreso, que había suscitado un amplio debate nacional, recomendó también establecer el voto directo del pueblo para la elección de los delegados provinciales y los diputados.

Hoy muchas de las indicaciones realizadas por el Partido desde su primer Congreso poseen plena vigencia. No por gusto el documento El Partido de la Unidad, la Democracia y los Derechos Humanos que defendemos (V Congreso, octubre de 1997) consideró, entre otros asuntos, que el delegado de circunscripción debe contar con mayor apoyo de las entidades administrativas y de las organizaciones de masas y sociales para fortalecer su gestión y reforzar su autoridad.

Ya desde finales de 1976, al quedar constituidas las primeras asambleas provinciales, el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés apuntó en declaraciones públicas: "El pueblo juzgará el Poder Popular no en términos teóricos sino por sus resultados prácticos y por su capacidad para responder a las esperanzas que se depositan en él. El pueblo no pedirá lo imposible; pero sí tiene legítimo derecho a esperar que todos los problemas que puedan resolverse sean resueltos, y que todos sus planteamientos tengan siempre una respuesta".

Para estas estructuras, en especial para las asambleas municipales, ha sido muy difícil el trabajo durante estos años de período especial. Los problemas con el transporte, la alimentación, los viales, el suministro de agua potable y de combustible doméstico; la lucha por mejorar el deficiente alumbrado público, la distribución de medicamentos, entre otros de la vida de la comunidad, preocupan a los vecinos y demandan agilidad en la gestión del delegado con las entidades administrativas a la vez que información para ofrecerla a los electores.

Buscar las alternativas posibles y poner en práctica cuantas soluciones estén al alcance del país resulta a veces un verdadero "rompecabezas", y no pocas son las necesidades acumuladas. Pero la gente no le pide al Poder Popular lo imposible, pues conoce cuánto se hace por mejorar la vida cotidiana. Pruebas concretas de ese colosal esfuerzo son la reparación y construcción de los miles de viviendas dañadas por el huracán Michelle, la recuperación y edificación de numerosas escuelas —todas las primarias en la capital— y la edificación de otras nuevas, y las decenas de programas sociales y educacionales que hoy lleva adelante la Revolución.

Resulta significativo también el número creciente de demarcaciones donde los vecinos junto a su delegado encaran con recursos locales disímiles dificultades materiales y humanas, al mismo tiempo que refuerzan el control comunitario sobre entidades productivas y de servicio.

Al considerar las fortalezas del sistema político cubano, el IV Congreso del Partido recalcó: "La Revolución necesita ciudadanos que ejerzan libre y conscientemente sus responsabilidades y sean capaces de practicar de forma cabal sus deberes y derechos". En la gestión cotidiana del Poder Popular encontramos un inmenso laboratorio para hacer realidad esas prerrogativas y obligaciones ganadas en buena lid.

Durante este mes de septiembre tenemos la oportunidad de seleccionar a los candidatos a delegado por la circunscripción donde vivimos. Se trata de un momento clave, pues en la medida que postulemos a las personas idóneas para cumplir el mandato, estaremos sentando las bases para contar con asambleas del Poder Popular capaces de cumplir las complejas tareas a su cargo y de contribuir al necesario perfeccionamiento de nuestro socialismo. Es momento de pensar en el asunto.