Desde la selva ecuatoguineana -Empujar la vida con una sonrisa

GRANMA, CUBA 160402

El camino en la montaña de Ngo-sok y Mebasomo es resbaladizo, pero la ambulancia de doble tracción empuja tanto hacia arriba que parece volar sobre la selva y a la vez comprender la urgencia de los médicos cubanos: llegar a los poblados más distantes para realizar consultas de proyección comunitaria.

Tras el café que compartimos en casa de los médicos, a pesar de las picadas del mosquito, se impuso el tono jaranero del doctor yarense Elio Cintra González y la enfermera espirituana Regina Cañizares.

Los poblados guineanos reúnen niños, ancianos y adultos que sufren la carga secular de enfermedades de transmisión como el paludismo, la filaria y la tripanosomiasis, esta última conocida como la enfermedad del sueño, trasmitida por la mosca tsetsé.

A pesar de las dificultades materiales, se van obteniendo resultados, dice Elio.

Jacinto Nsué, con más de 60 años de edad, nos decía al salir de la consulta del doctor Elio y después que Regina le toma la presión: "Es la segunda vez que vengo a ver médicos cubanos; ningún especialista había estado en mi poblado antes. Los Fang creemos en el curandero, pero las yerbas no siempre son buenas porque pueden matar. Me alivié con la primera cura, pero tengo exceso de filarias que me han chupado la vista y yo no puedo ver nada. Tengo flojedad en las rótulas y no puedo oír nada tampoco".

El panorama sanitario en el distrito de Ebebiyín, a pesar de las condiciones de pobreza avanza con cero muerte infantil en el último año y una sola defunción materna. Los actos de cariño por parte de los galenos y hasta el no cobrarles nada en la consulta a los más necesitados, hizo que Sinforosa, Presentación, Extraña, Hidiondo e Inmaculada, se sientan felices después de muchos años de vida sin la atención necesaria.

 

MIENTRAS LA SERPIENTE ACECHA

Para el doctor Elio, de 32 años de edad, al frente de la brigada de cinco cooperantes cubanos, el estar durante más de dos años en Guinea Ecuatorial, constituye una experiencia tan singular como inimaginado puede ser conversar en medio de la selva, con una serpiente muy cerca de uno.

"Aquí atendimos enfermedades de transmisión que no tenemos en Cuba, incluso mordidas de serpientes que te paralizan el cuerpo si no recibes atención médica rápidamente. Sentimos también el reconocimiento comunitario: a nuestras consultas acuden pacientes no solo de diferentes puntos de Guinea Ecuatorial, sino también de Gabón y de Camerún, países fronterizos."

Elio también tuvo que aprender a manejar "un coche" (yipi), y conoce las dos caras de una misma moneda: este Ebibeyín, de selvas y un poco urbanizado, y Cobo, tan intrincado que por donde mismo se entra hay que salir, rodeado de mar y "con una geografía que me recuerda siempre a la Sierra Maestra".

—Los periodistas hemos asistido a tres operaciones complejas y de urgencia a pacientes graves dentro del hospital de Ebibeyín, ¿en qué condiciones se hace este trabajo?

"Las principales dificultades aquí son de índole material, por falta de medicamentos y de instrumental quirúrgico. No disponemos de ultrasonido para diagnosticar, ni balón de oxígeno para entubaciones ni suturas o anestésicos adecuados, entre otras carencias."

—¿Cómo vencen entonces en la lucha por la vida?

"A pulmón, a voluntad, , y cuando a cualquier médico o enfermera le tocan la puerta de día o de noche, esta se abre con una sonrisa."

—Esperas con impaciencia la llegada a Guinea Ecuatorial de tu hermano Luis; a él y a tu hija, ¿qué les dirías?

"A él, médico formado por la Revolución como yo, que no hay camino difícil en África ni en ninguna parte del mundo si se trata de hacer el bien, y a mi hija Roselí, que siempre me acompaña en el recuerdo."