cuba es baluarte y ejemplo en derechos humanos

GRANMA, CUBA 080402 - ORLANDO ORAMAS LEÓN

AFIRMA KAREN FISCHER, DE LA ALIANZA CONTRA LA IMPUNIDAD DE GUATEMALA

La frase no es mía. Me la dijo en los bajos del edificio Focsa, acá en la capital, Karen Fischer. Su nombre quizás no ayude a imaginar que es guatemalteca, pero es hija de la tierra del quetzal. En su país integra la Alianza contra la Impunidad, concertación de agrupaciones y personalidades que velan por los derechos humanos, materia que conoce y le duele.

No fue gratuita su presencia en Ginebra durante las sesiones del año 1994 de la Comisión de Derechos Humanos (CDH) de Naciones Unidas. Allí estuvo para denunciar el asesinato del candidato presidencial y conocido periodista, quien fuera su suegro, Jorge Carpio Nicole. Aquel crimen sigue impune.

Supe de primera mano cómo se mueve en la CDH la llamada Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y la manera en que se utiliza ese órgano de Naciones Unidas como instrumento contra Cuba. Eso resulta una vergüenza para América Latina.

Con esa óptica, es enfática al denunciar a gobiernos del continente que se prestan para la maniobra anticubana:

No tiene moral el presidente argentino, Eduardo Duhalde, en votar según las directrices de Estados Unidos. En su país el  54 % de los niños no termina la escuela primaria, la mayoría abandona la secundaria, en consonancia con el desempleo que desgarra a las familias argentinas, vaciadas por la fuga de capitales y el neoliberalismo.

Karen contrapone tal realidad a la de Cuba, donde educación, salud y seguridad son conquistas cotidianas, a despecho de democracias de alharaca donde, como en mi país, la existencia de 19 partidos es un mentís a la alegada democracia, pues la mayoría de la población se mantiene al margen y se abstiene de participar en las convocatorias electorales.

Según su visión, el pluripartidismo en sí mismo no es garantía de derechos humanos, indivisibles como los que respiro en esta Isla. En Cuba me siento tan segura que doy la espalda a la vidriera de un restaurante y no tengo la angustia con la que despido a mis hijos cuando van a la calle. Y es que vivimos, a diferencia de ustedes, en sociedades donde inseguridad, crimen, secuestro y la ausencia de derechos elementales están a la orden del día, afirma.

Ella denuncia, y califica de cotidianas en Latinoamérica, a violaciones tales como que buena parte de la población sea analfabeta y pobre de por vida, y que no pocos de ellos vean por primera vez a un médico, cubano, como ocurre en países donde la mayor de las Antillas presta desinteresada ayuda sanitaria.

Yo sé que Cuba no pide nada a cambio, pero resulta ofensivo un voto contra un pueblo cuyos médicos, como los que conocí en La Tinta, departamento guatemalteco de Cobán, coman lo mismo que sus pacientes indígenas: la tortilla de maíz y el chile (ají picante), para calmar el hambre, allá en las comunidades recónditas donde prestan servicio y viven.

Quizás los cubanos sientan como cotidiano que sus entrenadores deportivos hagan subir en el medallero a países del continente, asegura mi entrevistada. Pero la propia afición de esas naciones, los pueblos, no puede sentir, sino vergüenza, que en la América Nuestra haya gobiernos que se plieguen a la sucia maniobra, made in USA, contra un país donde los derechos humanos son patrimonio de los cubanos, subraya.