Desde siempre me ha fascinado el mundo del alpinismo; esas impresionantes montañas que jamás dejan indiferentes a quién las contempla y que parece que estén fuera del alcance humano. Sin embargo, con esta experiencia, si algo he aprendido es que únicamente hay que tener espíritu curioso y ánimo de hacer realidad un sueño.
Hace aproximadamente un año que comenzó
mi afición por la escalada. Empecé como la gran mayoría de las personas de la
zona que se inician con este deporte, escalando la roca de “Els Menuts” en La
Riba. La experiencia resultó gratificante; cuando escalaba observaba que mi
mente sentía, disfrutaba e intentaba asimilar a la perfección todos los
movimientos para conservar la verticalidad, que ejercía sobre mí la fuerte
atracción de la superación. A medida que iba cogiendo más grado y era capaz de
encadenar vías más largas se fue gestando un proyecto junto mi compañero de
cordada, Edu. Nos marcamos como objetivo a cumplir en el plazo de un año,
subir a la mítica cumbre del Naranjo de Bulnes, ese impresionante monolito
situado en el macizo central de los Picos de Europa conocido también como el
Picu Urriello.
Fueron transcurriendo los días y cada vez estábamos más entusiasmados y nerviosos, pasando los fines de semana entrenando y pegados a la roca. Al proyecto se apuntó otro compañero, Ángel. Juntos decidimos salir el día 23 de mayo rumbo a la conquista de un sueño.
Las previsiones meteorológicas no eran nada halagüeñas; durante toda la semana la previsión era de mal tiempo, pero aun así decidimos arriesgarnos; la aventura ya esta garantizada, es un instante, un momento de una inspiración en que se da el primer paso y nos adentramos ya en lo desconocido.
El
plan era ejecutarlo en cuatro días; el primer día de viaje y aproximación al
refugio Delgado Úbeda, el segundo día para hacer cumbre, el tercer día de
descanso, y cuarto día para realizar el viaje de regreso. A pesar de que el
Naranjo de Bulnes es difícil de escalar por todas sus vertientes, nuestra
intención era hacer la vía directa o cara sur de los Martínez, que es la vía
más rápida y sencilla para hacer cumbre.
Salimos de Valls temprano camino a Sotres donde cogeríamos una pista que conecta con la senda que nos llevaría hasta el refugio. La previsión para el primer día no se estaba cumpliendo; habíamos perdido mucho tiempo esperando que abrieran el tramo de carretera que estaba en obras, que une el puente del congosto de la Hermida con Sotres y que abrían en unas determinadas horas. Después de aquello, otro ligero percance y ahora con el coche; un golpe de un todo terreno. Eran las 19:50 cuando empezamos a caminar por la senda que lleva al refugio (desnivel 850m.), llegando a las 22:30 corriendo, con el riesgo de que cambiara el tiempo.
Al día siguiente al levantarnos, nuestra frustración del día anterior fue recompensada con un día soleado, sin embargo aquí la niebla es imprevisible, puede amanecer completamente nublado y después hacer un día estupendo y viceversa. Así fue, tras subir durante hora y media por la Canal de la Celada para alcanzar la base de vía, el tiempo cambió; empezó a cubrirse el cielo, a hacer viento y mucho frío. Eran las 11:00 a pie de vía, cuando nos dimos cuenta que lo mejor que podríamos hacer era ponernos otra vez los crampones y bajar para el refugio. Estuvimos resguardados en una roca comiendo y bebiendo un poco y observamos que la presión atmosférica empezaba a subir lentamente, por lo que decidimos esperar una hora más para ver si “abría”. Durante ese tiempo, observamos como una pareja de británicos subían para aproximarse también a la cara sur a los que seguimos. Después de cuatro horas hicimos cumbre, la alegría y la satisfacción de haber cumplido con la realidad de un sueño era maravillosa.
Una vez en el refugio y durante la cena,
Ángel, que tiene mucha experiencia y que anteriormente había estado aquí,
propone hacer para el día siguiente la Vía Cepeda de la cara este. Durante un
tiempo se estuvo debatiendo, ya que hablar de la clásica de la Cara Este era
mucho más serio. Finalmente quedamos que lo dejaríamos a expensas del tiempo
que hiciera.
El sábado por la mañana amaneció con mucha niebla, pero un montañero de la zona nos comentó que no hiciéramos caso, que durante la noche ha estado despejado, ya que había hielo y presagiaba buen tiempo arriba, por lo que decidimos nuevamente arriesgarnos y subir.
“La Cepeda”, es una vía de 350 m. que no tiene nada que ver con la de “Los Martínez”, tiene mayor exposición y casi sin seguros. El último largo es el paso clave que llaman “el rompe tobillos”, por tener el precedente de que si caes puedes golpearte con un saliente de roca. Finalmente, después de ese largo se pasa a través de un agujero que hay en la roca, que es una autentica experiencia llevando casco y mochila, ya que es un paso muy estrecho que comunica con el anfiteatro de la cara sur, por la que descendimos rapelando después de casi 8 horas de escalada y muchas anécdotas.
Una vez en el refugio, los propios guardas no
daban crédito de la suerte habíamos con el tiempo y de haber podido realizar
dos vías en dos días. Aunque todavía no somos capaces de asimilar del todo lo
que nos ha acontecido, por fin podemos decir que las puertas de la esperanza,
durante un año alimentada, se han abierto hacia la más clara certidumbre:
¡¡¡Hemos hecho el Urriello!!!.