QUERIDÍSIMO MARC
Si alguna vez vais paseando por los senderos del valle de Pineta y os encontráis con un joven lugareño que recoge plantas curativas o hace un hatillo con troncos secos para el hogar y al saludarle os mira hostil y amargamente con unos tristes ojos azules, da media vuelta y se va, lentamente, arrastrando el paso, sin molestarse siquiera en responderos, es que os habéis topado con Marc.
No es que Marc sea un maleducado, un pueblerino resentido o uno de esos extraños y solitarios eremitas de la montaña. Marc no es nada de todo eso, él sólo es una persona corriente metida en una historia poco usual, una triste y desventurada historia de amor que pudo haber tenido un final feliz de no haber sido por una broma de mal gusto que decidió gastarle un "amigo". Un amigo al que nunca volvió a ver y el cual todavía no sabe hasta que punto llegaron las consecuencias de sus actos.
Marc vivió toda su adolescencia y parte de la juventud en una ciudad como ésta, rodeado de gente como nosotros, y se enamoró. Se enamoraron los dos siendo apenas unos adolescentes. Se perdieron y reencontraron varias veces, pero su platónico amor jamás se extinguió. Sus corazones estaban predestinados a amarse el uno al otro, de eso no había duda alguna.
Después de unos años de no saber nada de ella, Marc localizó a su amada, y dejó en manos de un amigo el que se planease algo para saber si todavía le amaba, con la intención de presentarse varios días después en casa de ella y, dependiendo de la reacción, pedirle que se casara con él.
Marc no pudo saber en aquellos momentos si ella aún sentía algo por él, ya que la chica desapareció y a los pocos días la policía encontró su cuerpo sin vida despeñado por un acantilado. Triste y abatido, sin comprender nada, sin nada por qué vivir ni luchar, regresó a su casa, en los Pirineos. Allí, encontró la carta que reproduzco a continuación :
" Queridísimo Marc :
Esta extensa carta nació después de tanto pensar en lo mucho que podíamos haber hablado y en las cosas que debía haberte dicho, cosas que ya es demasiado tarde para decirte, pero que quiero que sepas.
En mi mente se confunden ahora muchos pensamientos, tan agradables pero tristes a la vez... ¿Por qué las cosas tuvieron que ser así ? ¿Por qué nos complicamos la vida de tal manera ? Debería haber hecho caso a mi corazón y marcharme contigo en aquel tren sin que me vieran tus parientes.
Recuerdo cuando nos conocimos en la playa, debíamos tener unos doce años y jugábamos durante largo tiempo a la orilla del mar... Ahora veo en mi mente aquella playa, la he visitado a menudo, pero sin ti era solitaria, apagada, triste y sin vida. He soñado tantas veces que regresabas y que volvíamos a jugar con la arena como cuando éramos niños...
Siempre que he ido, me han esperado las gaviotas, cientos de gaviotas volando y rozando la ondulada superficie del mar, gritando tu nombre en un lenguaje ininteligible y él uniéndoseles con un susurro suave y continuo. He contemplado los barcos, que han ido formando vivas estelas de blanca espuma inquieta...He esperado a que cayera la noche y he contemplado la luna plateada sobre su reflejo distorsionado por las olas...He escrito tu nombre en la arena...Ahora pienso en el tiempo que ha ido pasando...ha sido tanto y tanto tiempo, y tan lejos de ti...Siempre he temido no volver a verte jamás. Mis lágrimas se han confundido tantas veces con el brillo de la espuma y la arena...
¿Te acuerdas de cuando coincidimos tres años más tarde, aquel verano, en una acampada ? Fue entonces cuando descubrimos que no era sólo amistad lo que nos unía, pero no éramos lo suficientemente maduros cómo para saber qué era exactamente aquel sentimiento inexpresable.
Recuerdo nuestras largas caminatas por las riberas del Cinca como si fuera ayer ¿Te acuerdas tú de cuando íbamos al "truchero" a pescar ? A mi me daba pena ver a las pobres truchas boqueando al sacarlas del agua, con el anzuelo clavado, pero te veía tan contento cuando las capturabas que dejaba de pensar en ellas, después las asábamos por la noche, en el fuego... estaban deliciosas. Al siguiente verano habían prohibido encender hogueras a raíz de un fatídico incendio, provocado por unos turistas despistados, que arrasó buena parte del bosque. Pensábamos que las acampadas ya no volverían a ser lo mismo sin las fogatas a media noche bajo un oscuro manto estrellado, pero sí, seguían siendo lo mismo, porque lo mejor estaba allí, entre prados y montañas, los valles y los bosques donde correteaban las ardillas, entre las estrellas fugaces de aquel magnífico cielo de verano, entre senderos y caminos, en el cielo azul y claro, volando con las águilas... lo mejor era ver como la naturaleza seguía su curso sin que la mano del hombre pasase por allí nada más que para observar tanta belleza y encanto. Lo mejor era verte a ti entre todo aquello.
¿Recuerdas lo hermoso que era levantarse con los primeros rayos del sol oyendo el cantar de las aves ?¿Y de cuando nos levantábamos casi antes de que saliera el sol para ver cómo asomaba, rojizo, desperezándose entre los nevados picos ?¿Y de cómo esperábamos luego, agazapados tras los matorrales para ver bajar a beber a los cuervos al río ? Todavía conservo aquella pluma que recogiste, como habrás podido comprobar, te la envío con esta carta. Todavía se conserva igual que cuando me la diste, grande y majestuosa, negra y brillante, como de azabache. La había estado utilizado de punto para la novela Drácula de Bram Stocker. Aquella novela que tanto te gustaba.
Era tan agradable perderse entre los senderos y llegar al mediodía cargados de moras y fresas silvestres, tan divertido cazar ranas y soltarlas de nuevo a la charca, desde donde nos miraban, a lo lejos, con desconfianza, asomando sólo sus ojillos saltones por encima del agua... Hicimos tantas cosas los dos... Disfrutamos de las nieves perpetuas en lo alto de las cumbres, vimos volar a las águilas reales desde los valles, descubrimos a las ardillas correteando y royendo piñas entre las ramas de los abetos... También me acuerdo de cuando capturaste aquel pequeño ratoncillo campestre que nos roía el pan por las noches, y de cómo huyó despavorido después de que tú lo observases con aquellos enormes ojos de chiquillo curioso e inquieto...
Ya no volvimos a coincidir ningún verano más. Pero de nuevo, poco después, descubrí con gran alegría que te habías apuntado al mismo gimnasio que yo, entonces entrenamos juntos y ganamos muchas competiciones, tú eras el mejor de tu equipo en tu categoría y yo la mejor del mío. El maestro estaba loco de contento con nosotros y ascendíamos rápidamente de cinturón. Aquella fue una de las mejores etapas de mi vida.
Cuando el maestro llegaba tarde, te ponías a jugar con tus amigos y compañeros, Javi y Óscar, en el "tatami". Armabais tanto jaleo vosotros tres solos que parecía que había un colegio entero y el entrenador de los que hacían pesas, que estaban en la sala de al lado, echaba humo... la verdad es que, para lo que hacían, yo tampoco sabía por qué necesitaban concentrarse tanto.
Después llegó mi lesión, fue entrenando con otro compañero para una competición a nivel nacional ; me sentí como se debe sentir un caballo de carreras cuando se rompe una pata, con la diferencia de que a mi, el tiro me lo dieron psicológicamente. Una vez te lesionas, si no tienes buenos médicos a tu disposición, ya no sirves para nada, siempre queda alguna secuela, si no es un nervio, es un tendón, y si no, entre el tiempo de reposo y el de recuperación, el nivel de entrenamiento baja tanto que ya no hay manera de ponerse al día sin tener que empezar desde cero. La cuestión es que yo ya no servía para competir ; la joven promesa, la niña de los ojos del maestro, la mejor... dejó de serlo... Tú seguiste adelante, después me dijiste que te ibas con tus padres a vivir a otra ciudad, me pediste un beso y te lo negué, no quería que nos hiciésemos más daño, creí que no valía la pena una relación a distancia siendo tan jóvenes. Tú no lo debiste entender así, ya que te marchaste al cabo de dos días sin darme tus señas, sin decirme siquiera adiós.
Fue tres años después cuando empecé a salir con un chico. No fue porque te hubiese olvidado, era que había perdido la esperanza de volver a verte. Pensaba que una no se puede pasar todo la vida viviendo de un sueño, de un amor platónico de la adolescencia...
La sorpresa llegó más tarde, cuando un día me llevó a casa de sus padres para presentarnos, me dijo que, de paso, conocería a su hermano. Se me quedó helada la sangre en las venas cuando te vi allí, tumbado en el sofá...¡Dios mío ! ¡No sabía que erais hermanos ! Ni siquiera sabía que habíais regresado... No podrías ni imaginar lo que sentí cuando tu mirada se cruzó con la mía.
Nos podríamos haber dicho tantas cosas, podríamos haber hablado tanto...pero los dos hicimos como si no nos hubiéramos visto nunca. Te conocía mucho y desde hacía mucho tiempo... pero a la vez eras tan desconocido para mí que, aunque estuviéramos solos, nunca sabía cómo empezar a hablarte, ni de qué...
Te volviste taciturno y callado, pero observaba cómo me mirabas, cómo tus ojos atravesaban cuales dagas lo más profundo de mi corazón, esos ojos que me llenaban de nostalgia, que me trasladaban a años atrás, cuando vivíamos entre todos estos recuerdos. Me era tan difícil acercarme a ti... ¿Por qué era todo tan complicado ? ¿Por qué tu hermano y no tú ? No lo sé, no lo entiendo todavía, pero el tiempo fue pasando y tú y yo nos íbamos distanciando, nos manteníamos unidos a través de las miradas, tu mirada... ese mirar ardiente, brillante, el mismo con la que me habías mirado años atrás, pero esta vez tenía algo de nostalgia y sufrimiento, algo de tragedia inconfesable que te iba consumiendo...miradas que yo te devolvía, y no dejaba de pensar en cómo habrían sido las cosas si nos hubiésemos atrevido a hablar más y pensar y mirar menos...
Desde entonces, que cada noche te he visto en mis sueños, que he sentido tu cuerpo junto al mío, que cada noche ha sido para mí como un tormento porque sabía que al despertar ya no te tendría junto a mí, que ya no te vería, que todo lo nuestro siempre se quedaría en eso : un sueño.
Tus padres decían que siempre habías sido un chico muy callado, pero que desde hacía un tiempo te lo habías vuelto más. Supongo que no podías soportar verme día tras día haciéndole carantoñas a tu hermano, no debías dar crédito a tus oídos cuando te anunciamos nuestro enlace, tus miradas se volvieron más y mas trágicas, desaparecías todos los fines de semana y volvías los lunes por la noche, pálido, blanco como la nieve, demacrado, tus hermosos ojos aparecían enrojecidos y rodeados por unas grises ojeras, adelgazaste mucho... tenías problemas con las drogas, todo aquello era tan duro para nosotros... pero para ti lo era más, porque yo había perdido la esperanza de volver a verte, en cambio tú no, tú todavía esperabas reencontrarme y jamás imaginaste que sería bajo aquellas circunstancias. Tú me esperabas, yo a ti, no : aquello fue lo que destrozó parte de tu juventud y de tu vida.
La situación era cada vez más insostenible para ambos, pero aquel frío invierno tú diste el primer paso, creíste que lo mejor era alejarte de mí, huir de tantas situaciones comprometedoras, de tantas miradas melancólicas, de tantas tensiones, de tu hermano, de todo lo que nos había rodeado hasta entonces... Tu decisión sorprendió a todos, pero yo no dije nada. ¿Que podía decir ? Yo, que me sentía la culpable de tanto dolor y sufrimiento. Sé que si te lo hubiese pedido, te habrías quedado, pero no podía hacerlo, no podía permitir que continuases de aquella manera, viviendo entre la desazón y la desesperanza, deseando siempre verme y a la vez no hacerlo. No podía dejar que continuases sufriendo por alguien que sólo te podía corresponder con miradas, largas e intensas miradas, miradas llenas de amor, de sentimientos, de pasión, pero sólo miradas al fin y al cabo...
¿Qué querías que hiciera yo ? ¿Acaso pensabas que yo no lo pasaba mal? Sabías que todavía te quería, que te he querido siempre... Mi alma se ha ido desgarrando poco a poco pensando en ti diariamente, mi corazón aún grita llorando, desesperado, que te ama...
Al abrazarnos en la despedida, nos intercambiamos tantas sensaciones... fue como un éxtasis impresionante, parecía que el pecho me iba a estallar, y supongo que a ti te debía pasar lo mismo, ya que podía notar los latidos de tu corazón a través de tanta ropa y los abrigos... Cuando te vi subir al tren sentí un nudo en la garganta, un nudo cada vez más y más prieto, casi no podía respirar. Oí que mi corazón me decía : - Vete, vete con él ahora que no te ve nadie. - Pero no le escuché. Vi cómo el jefe de estación daba la salida, y aunque yo esperaba que el tren no partiera nunca, lo hizo raudo y veloz, pronto desapareció tras la curva y, mientras tu madre se preocupaba por si te acordarías de sacar y colgar en la cocina de tu nuevo hogar la morcilla que te había metido entre el equipaje, yo desaparecí por unos instantes entre el gentío de la estación para refugiarme en los lavabos, donde dejé correr las lágrimas hasta que mi corazón se secó...
Ya está. - Pensé. - Ya ha sucedido lo inevitable, ya se ha ido mi amor, mi amigo, mi cómplice de miradas y secretos, mi más preciado tesoro.- ¡Te habías ido tú !
Entonces me di cuenta de todo lo que había perdido, de todo lo que podía haber tenido, de lo mucho que te amaba, de que mi vida ya no significaba nada...
No llegué a casarme nunca con tu hermano. Yo también partí lejos pocos días después. Pensé en ir a buscarte, pero creía que debías estar resentido conmigo y que, de momento, no querrías saber nada de mí, por lo que decidí esperar un tiempo antes de reencontrarte. Pero ahora ya sé que todos mis esfuerzos no han servido para nada.
Este ha sido el acto más cruel que se le podía haber pasado a nadie por la cabeza.
Hubiese preferido no volver a saber nada de ti. Hubiese preferido incluso que estuvieses muerto, pero no : resulta que estas vivo, que te casas y para más inri, me invitas a tu boda.
La venganza es un plato que se sirve frío, pero tú me lo has servido helado, helado como un témpano, como un glaciar...
¿Has esperado todos estos años para pasearme por la cara mi falta de fe en ti ? Ahora sí que la he perdido. Cuando dejé a tu hermano la recuperé al instante, pensé que podríamos haber continuado nuestra accidentada historia de amor en cuanto pasase un poco el tiempo. Pero ahora veo que no, que has rehecho tu vida y que quieres que vea como rebosas de felicidad mientras yo me consumo amargamente entre lágrimas.
Eres libre, no había ningún compromiso entre tú y yo y es ridículo que pretenda que vuelvas a mí, de modo que he decidido quitarme de en medio definitivamente. Quiero que seas feliz con tu esposa y evitarte la tentación de abandonarla como hice yo con tu hermano, el que seamos desgraciados nosotros no quiere decir que debamos hacerlo a las personas que nos aman.
Después de tanto tiempo y tantas cosas sucedidas, creo que ya es hora de acabar con esta agonía, ya basta de tanto sufrir en silencio. Ya basta de vivir en el mundo de los sueños y los recuerdos,, yo soy de aquí, del mundo real... y debo pasar a la acción. La distancia sólo sirve para olvidar si el amor que se siente no es autentico. Para ti quizá las cosas no van a ser como esperabas, pero para mí sí. Para mí ya todo habrá terminado cuando te llegue esta carta. Por una vez en la vida, algo que deseo se hará realidad. Y tú, tú has conseguido clavarme todas tus espinas, una tras otra, poco a poco, en el corazón... la última me mató.
Beatriz."
FIN
Lucila Rodríguez Solé