En el exterior del castillo había empezado a granizar,
cosa que no le
sorprendió dadas las bajas temperaturas. Le gustaba este tiempo;
deseaba
salir a cabalgar bajo la lluvia, sentir como las gotas caían
sobre su
cara, lanzarse al galope acompañado de los truenos y los
relámpagos,
sentir la naturaleza desbocada a su alrededor. En días como
estos
recordaba su primera batalla, su primera victoria, y deseaba
volver a
combatir, ver morir a sus enemigos, vivir otra vez los placeres
de la
guerra. Aun no se había recuperado de sus heridas, pero algún
día podría
volver a ser el que era.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de
un
encapuchado, que entro sin llamar, cosa que le desagrado
profundamente.
-Espero que exista una buena razón para que entres sin
llamar e
interrumpas de esta forma mi convalecencia, Krond.
-Sí, una muy importante razón. El niño ha nacido.
-¿Cómo? -preguntó sorprendido- Creía que aun faltaban
algunos meses.
-Así es, pero parece que ha habido alguna complicación
-Lo importante es que el niño este bien, porque has dicho
que es niño,
¿verdad?
-Sí, efectivamente.
El consejero, mientras su señor meditaba sobre las
recientes noticias,
se acercó a una estantería y lleno dos copas de vino. Y
después de
entregarle una al rey, se sentó a su lado.
Tarsun, dando un sorbo al licor, se incorporo y dejo que el
silencio,
tan solo roto por el ruido de la tormenta, reinara en la
habitación.
-Crees que es él, ¿cierto?- murmuro al cabo de unos
minutos.
-Estoy convencido de ello. Los astros no dan lugar al
error, y se han
cumplido todos los requisitos.
-Nunca he creído mucho en los astros, lo mío son las
guerras, pero por
alguna razón eres mi consejero -dijo con una sonrisa-. Te creo.
Otra vez reinó el silencio, pero el encapuchado, sabiendo
que el rey
aun no había preguntado todo lo que quería, permaneció quieto.
-Si todo es como dices, debe ser medio elfo. Creo recordar
que eso era
algo que te preocupaba.
Krond sonrío. Era cierto, desde hacia años había estado
esperando que
llegara el momento, las condiciones precisas. Y hacia tan solo
siete
meses ocurrió.
Cuando le dijeron que habían apresado a la princesa de
Delsegarth, no
le dio importancia al asunto, pero al verla, sintió la certeza
que ella
debía ser la madre del elegido; ella, entre todas las mujeres,
debía
someterse al rito. Y entonces llegó la noticia: el carcelero,
sin darle
mucha importancia y pensando que sus intenciones hacia la chica
eran
otras, le comunico que ya no solo no era virgen, y, por
consiguiente,
apta para algún tipo de sacrificio a los dioses, sino que estaba
embarazada, puesto que había sido violada durante el camino por
todos y
cada uno de los componentes de la tropa.
Durante los meses siguientes, todo aquel que había puesto
la mano sobre
la princesa murió de forma desagradable a causa de los poderes
del
brujo, cuyo odio no disminuyo hasta que hubo acabado con todos. Y
cuando
le toco el turno al capitán, resulto que ya había muerto
durante una
emboscada. Esta noticia enfureció a Krond, pero su rabia se
transformo
en esperanza cuando le dijeron que el comandante era un elfo, y
cabia la
posibilidad de que fuera el padre.
Y así fue.
-¿Tienes alguna noticia mas para mí? -preguntó Tarsun,
medio divertido
al ver al hechicero tan pensativo.
-Sí, una cosa más. La madre ha muerto durante el parto.
-Vaya, una mala cosa. Había pensado en devolvérsela al
rey para que nos
dejara tranquilos, pero no podrá ser; tampoco tiene mucha
importancia.
Pero era muy hermosa; me hubiera gustado ser yo el que la dejara
embarazada.
El consejero le miró pensativo, recordando que bajo las
vendas que le
cubrían las heridas, había un elfo muy viejo, pese a su
comportamiento
de joven; un elfo que, según decían las leyendas, había sido
el primero
en abandonar su pueblo y unirse a los dioses del caos.
Preguntándose si eso era cierto, se levanto.
-Si no me necesitáis más, me iré.
-Si, puedes retirarte. Y empieza a preparar al elegido. Si
no estas
equivocado, él conducirá nuestros ejércitos a la victoria.
Tarsun cerro los ojos y volvió a dedicarse a escuchar el
choque del
granizo contra las ventanas. Aunque no creía en profecías,
seria
estúpido ignorarlas. Pero eso ahora daba igual, aun quedaba
mucho tiempo
para ver si esta era cierta o no.
Lo único que deseaba en estos momentos era recuperarse, y
aunque los
médicos le habían dicho que le llevaría meses levantarse, y
tal vez años
volver a ser el que era, no le preocupo. La inmortalidad de su
raza
hacia que unos años duraran tanto como un rayo, y aun tardaría
algo más
en volver a lanzar sus tropas a la conquista del mundo.
Ahora lo que quería era volver a cabalgar bajo la lluvia.
fin otra vez