Escoba Mágica





   Hace 712 años...

      La oscura habitación permanecía en un silencio sepulcral. En su
interior, una forma encapuchada se encorvaba sobre un viejo libro y
recitaba mentalmente los oscuros versículos de un hechizo, intentando
conseguir la entonación precisa para que este surtiera efecto.
 Al fin creía haberlo logrado; lentamente empezó a murmurar misteriosas
frases, a la vez que un extraño resplandor surgía del objeto que tenia
frente a él. Y en el momento álgido del rito, grito las palabras del
hechizo.
 -¡Ash nazg durbatulûk, ash nazg gimbatul!
 El objeto se elevo por los aires y se puso a dar vueltas por la
habitación, mientras el hechicero lo contemplaba extrañado, y, de
repente, se paro. Entonces empezó a lanzar rayos de energía en todas
direcciones, uno de los cuales casi impacto en el mago. Este, viendo lo
que ocurría, se lanzo sobre el artilugio encantado cual jinete sobre una
yegua desbocada, hasta conseguir pararlo.
 El mago, sudoroso por el esfuerzo, encendió las antorchas que debían
iluminar la habitación con un gesto de la mano, y se quito la capucha.
Su rostro era el de un adolescente, aun con acné, y el ceño de su frente
demostraba que el encantamiento no había funcionado bien.
-¡Me cago en la puta! -gritó desesperado-. ¡Porqué, escoba, no quieres
funcionar como toca! -dijo al ahora inmóvil objeto-. ¡Dímelo, maldita
hija de un roble podrido!
 Pero esta no dijo nada, no se movió. Y el joven mago de derrumbo
agotado sobre su silla.
 -Funciona, por favor... Funciona...
 "Maldita sea -pensó-. ¿Por que me han de pasar estas cosas a mí? ¿Quién
me mandaba ligar con una hechicera? Y mira que me lo decía mi madre, que
no me mezclara con esas chicas, que las discusiones eran peligrosas... y
yo, ni caso. Si no estuviera tan buena... ¿Por qué, oh Dioses, porque
tuvo que pasarme esto a mí?
 Parece que ha pasado un año, y solo hace dos días..."

  Hace 712 años, y dos días...

  Aquella era una pacifica noche de principios de verano, cálida y
apacible. La luna resplandecía en el cielo, y los animales nocturnos
paseaban y cazaban en el tranquilo bosque.
 De repente, aquella paz se rompió. Se oyó una explosión ensordecedora,
a la vez que el suelo temblaba.
 Los animales huyeron despavoridos del lugar que había originado todo
eso, un pequeño y hermoso valle, con una torre en el centro. Y allí, en
su interior, estaban ocurriendo hechos espeluznantes.
 
 La habitación parecía un autentico campo de batalla, los muebles
destrozados, las paredes pintadas, todo muy guarro. Pero eso no era lo
que más preocupaba al joven mago; frente a había una terrible figura,
rodeada por un aura de fuego, con los ojos rojos de furia y toda la
rubia melena de punta.
 Era su novia.
 -Cariño, te lo puedo explicar, no te enfades. Veras, teníamos que
celebrar la fiesta de fin del curso de Hechicero Técnico en Magia de
Elementos y Alquimia, y necesitábamos  algún sitio y...
-¿Y decidisteis hacerlo aquí, no? -preguntó ella con furia en la voz, a
la vez que una descarga eléctrica chamuscaba lo poco que quedaba de la
mesa del comedor
 -Si, mas o menos, pero no te alteres, querida -rogó, retrocediendo unos
pasos-. La cosa iba bien, pero los chicos se desmandaron un poco,
tomaron algunas pociones caseras y, bueno, rompieron algunas cosas. Je,
je, je...
 -Nuestra habitación esta carbonizada, al igual que la cocina, del baño
no paran de salir serpientes, la biblioteca parece una habitación con
los libros poseídos volando por todos lados, y el comedor ya lo ves, con
todos los muebles al revés, además de una capa de polvo de una pulgada
que lo cubre todo. Veo que montasteis una buena juerga mientras yo no
estaba- se dibujo una media sonrisa perversa en su rostro-, y dices que
no me altere... -De repente la sonrisa se transformo en una mueca de
odio, que hizo que el aprendiz huyera despavorido a ocultarse bajo el
sofá-. ¡Y osas decirme que no me enfade!
 Y, en ese momento, se desencadeno la furia de los elementos. Toda la
torre tembló, y el aura que rodeaba a la hechicera creció y exploto,
haciéndolo volar todo, incluido su novio. Acto seguido, se dedico a
destrozar todo aquello que había quedado completamente inservible y
poniendo cuidado en que su furia no acabase con aquello que aun tenia
arreglo. Para empezar, hizo reventar todos los globos de la fiesta a la
vez; después incinero confetis y serpentinas; acto seguido, explotaron
todos los jarrones...  y más cosas sufrieron su furia durante dos horas.
Al acabar, solo quedaban ella y el joven estudiante, este ultimo un poco
chamuscado y con los ojos desorbitados por el terror.
 -Me voy a casa de mi madre -dijo ella, ahora un poco mas relajada-. Y
si esto no esta arreglado dentro de una semana, puedes despedirte de
nuestra relación.
 Y, dándose la vuelta, empezó a marcharse. Pero, en el umbral de la
puerta se volvió y, con una expresión medio sarcástica, medio de odio,
le dijo: -No puedes quejarte, ya te he ayudado quitando de enmedio todo
lo irreparable, excepto tal vez tu.
 Y se marcho
 El aprendiz se quedó solo, con la habitación todavía humeando, y
observo el dantesco paisaje.
 Entonces se desmayó.

  Hace 712 años... otra vez.
 
  El mago se despertó. Se había quedado dormido, y había pasado otro día
del plazo.
 Miro la escoba, ahora tirada en el suelo, donde había depositado todas
sus esperanzas, y casi se puso a llorar. Nunca conseguiría dar con el
hechizo que buscaba, debía resignarse a la cruda realidad, aceptarla. Lo
único que podía hacer era pedir ayuda a sus amigos para que le ayudaran
a ordenarlo todo, y esperar que lo consiguieran antes de acabar la
semana.
 Pero, al disponerse a cerrar el libro, se fijo en un párrafo, un
hechizo, que había pasado por alto. Y era precisamente el que buscaba.
Loco de alegría, empezó a preparar el ritual. Dos horas mas tarde había
visto colmados sus esfuerzos: la escoba tenia vida propia, y podría
barrer ella sola todo el torreón. Sólo que...
 El aprendiz frunció el ceño. La escoba necesitaba primero que alguien
le enseñara a barrer, y él no tenia ni idea de cómo sé hacia eso.
 "Necesito un profesional -pensó -, alguien que domine esto. Necesito...
¡un barrendero! Si, eso es. Si no, mi vida correrá peligro. Necesito que
me ayude.

fin