CAPÍTULO 9º
Aquellos que habían conseguido entrar en el recinto podían gozar de unos momentos escasos de calma, que se aprovecharon para curar a los muchos heridos y para, simplemente, descansar. Fuera se oían los gritos de dolor de los que no lo habían logrado (entre ellos posiblemente el del mismísimo Comandante Angus, al que habían visto luchar cuerpo a cuerpo contra "La Rosa"), masacrados por los orcos, seguramente una carnicería; pero nada se podía hacer por ellos, había que pensar en los aun que tenían alguna posibilidad.
Muchos de entre los presentes estaban ya sin esperanza alguna, y aunque nuestros héroes pensaban los mismo, no lo demostraban; no podía ser que su aventura se acabara allí, tenia que haber alguna salida, por lo que ignoraron completamente las sugerencias de rendirse al enemigo y pedir clemencia a Grum. Y la solución se hizo clara.
Ya no podía faltar mucho para que el enemigo acabara con las fuerzas del exterior y dedicara su atención a los que estaban en el palacio, había que preparar las defensas, cosa que distraería a los hombres de su incierto futuro. Se atrancaron aun más las puertas con todo lo que encontraron, especialmente muebles, y subieron a un piso superior, donde se llegaba por un estrecho pasillo y unas escaleras, gracias a lo cual las fuerzas atacantes no podrían aprovechar su superioridad numérica. Mientras tanto, Ambarim y Dal-lila subirían al torreón para intentar comunicarse mentalmente con Selaine mediante un conjuro, y pedir refuerzos, acompañados de Duriel que los protegería si la cosa se ponía fea.
Algo golpeo de repente la puerta. Grum había decidido que ya era hora de acabar con nuestros aventureros, y sus legiones intentaban abrirse paso al interior del edificio. La puerta cedió y se podían escuchar los gritos de guerra de los pieles verdes. Al fin llegaron al pasillo, y las primeras líneas murieron por las saetas de los arqueros. Pese al rechazo inicial, los orcos siguieron avanzando, dejando y pisando los cadáveres de los que caían frente a ellos. La arquería dejo paso a la infantería, y el cuerpo a cuerpo se reinició.
Arriba las cosas no andaban mejor. Algunos elfos oscuros montados sobre murcielagos gigantes atacaban a nuestros amigos, pero el mensaje ya había sido mandado, y los refuerzos venían de camino. Un legendario Venrock los ataco en el torreon pero la mortal Duriel le hizo frente. No había de que preocuparse, los enemigos le duraron poco a la bella ladrona, y los tres decidieron bajar a ayudar en el grueso de la batalla.
El espectáculo que vieron allí era dantesco: el suelo estaba bañado en rojo sangre, había cadáveres por doquier, y los defensores empezaban a flaquear. El combate continuo, una gran montaña de carne se fue formando, hasta que solo quedaron nuestros amigos, y estos tampoco podrían aguantar mucho más. Al final el círculo de orcos se cerro, quedaron rodeados y eso hubiera sido su muerte si no...
De repente la habitación se ilumino. El brillante resplandor provenía de Illin, que estaba en estado de trance, flotando en una burbuja de luz sobre los combatientes. De su cuerpo surgían unas extrañas radiaciones blancas que iban tocando los cuerpos de los orcos, a la vez que los congelaban. Al poco tiempo se desvaneció ese extraño poder y la niña cayo inconsciente; en la sala sólo quedaban Illin, las quebradizas estatuas de hielo, que antes fueran los guerreros enemigos, y nuestros héroes, asombrados ante lo que acababa de ocurrir.
Tiempo mas tarde un grito de desafío los saco de su anonadamiento. Era Drivas, que los retaba a salir. Ya todo era igual, pasaría lo mismo tanto si se quedaban dentro que fuera; los refuerzos debían estar a punto de llegar, pero tal vez no a tiempo, por lo que decidieron salir y, como mínimo, morir luchando bajo el cielo.
Los seis aventureros salieron con aire noble y se plantaron frente a todo el ejercito enemigo, con sus armas y poderes preparados (mientras Dalil.la y unos pocos supervivientes quedavan dentro del castillo moribundos). Al principio Drivas intento convencerles para que le rogaran perdón y le rindieran pleitesía, con lo que tal vez los dejaría vivir como esclavos, pero al no surtir el efecto deseado paso a las burlas y a las provocaciones. Y estas tuvieron el resultado que esperaba cuando el príncipe Giorg salto sobre él. Por desgracia su ataque no surtió efecto y al poco tiempo el elfo estaba en el suelo medio muerto. Al ver a su compañero en ese estado, todos se lanzaron a la lucha, pero fue en vano. El siguiente en caer fue el paladín, que quedo atravesado por metro y medio del acero del drow, quedando a las puertas de la muerte. La suerte del resto posiblemente hubiera sido la misma si en ese momento no hubieran llegado los Dragones plateados de Selaine, que se lanzaron al combate. La sorpresa fue decisiva en ese ataque, y en poco tiempo las fuerzas orcas huían desorganizadas. Drivas había desaparecido.
El rey de Selaine descendió cerca de nuestros amigos, con su mago y sus paladines del dragon, dándoles brebajes curativos a aquellos que más lo necesitaban, y se empezó a evacuar a los pocos supervivientes hacia la ciudad cuyos ejércitos les habían salvado.