CAPITULO 8º

Caen las murallas

 

El plan para defender la fortaleza había fracasado. Las bajas entre el ejército enemigo habían sido mayores que las del defensor, pero aun así la proporción de combatientes había aumentado en contra. Ahora las murallas empezaban a ser tomadas, cientos de orcos y goblins intentaban escalar hasta las almenas, mientras la maquinaria de combate golpeaba con brutalidad las puertas. La infantería y todo aquel aun apto para el combate se unió a los arqueros comandados por Giorg, que intentaban que ningún enemigo rompiera las defensas.

Durante bastante tiempo consiguieron mantener a los orcos a raya, especialmente la bella Duriel, que destaco en el combate matando con rabia a todo enemigo que se pusiera en su camino, lanzando rocas, flechas y lo que tuvieran a mano, esperando aguantar hasta que la noche obligara a ambos bandos a descansar. Pero eran esperanzas vanas, ya que aun faltaba mucho para la puesta del sol y la densidad de pieles verdes iba en aumento. La batalla permaneció en un punto muerto, sin que ninguno de los dos bandos avanzara o retrocediera, con numerosas perdidas por ambas partes, hasta que las murallas se vieron sacudidas con violencia por un impacto de ariete. Abajo un numeroso grupo de enormes ogros golpeaban tenazmente la gruesa pared con intención de hundirla, cosa que empezaban a lograr en vista de las grietas que aparecían en ella. Al parecer no habían encontrado sitio en la puerta y embistieron contra la pared, pese a que allí fueron combatidos con aceite hirviendo. No fue suficiente.

De repente se escucho un fuerte ruido y la muralla se vino abajo. Casi todos nuestros amigos, que se encontraban allí intentado que los ogros desistieran en su empeño, evitaron la caída. Casi todos excepto Naidel, cuya armadura lo hizo mas lento y desapareció entre los escombros y el polvo. El resto, preocupado por la vida del paladín pero haciendo caso a sus ultimas palabras mientras desaparecía, instándoles a buscar refugio, se dirigieron al interior del castillo a la vez que el ejercito enemigo entraba por la brecha.

Mientras tanto Naidel aun seguía vivo, intentando escapar de su prisión de piedra. Y sacando las fuerzas de donde no creía tenerlas, hizo un ultimo esfuerzo y levanto la enorme roca que le apresaba, y se derrumbo, agotado pero consciente, sobre los restos de lo que antaño fuera la muralla. Para su desgracia se encontró entre las primeras filas de enemigos sin posibilidad ni de huir ni de combatir, por lo que se entrego a su suerte. Los orcos formaron un circulo a su alrededor y se le aproximo Grum, el cual lo cogió por el cuello, lo levanto como un saco de patatas e intento intimidarlo, explicándole las torturas a las que lo sometería. Como respuesta recibió un escupitajo en el rostro, cosa que lo enfureció. Pero cuando este levanto la espada para acabar con la vida de nuestro paladín, dos orcos cayeron muertos partidos por la mitad y apareció Rudolf, que aprovechando la sorpresa que había producido su aparición, golpeo al Panzudo, obligándole a soltar su presa. Rápidamente le entrego al paladín un brebaje curativo y le ordeno beberlo. Con algunas de sus fuerzas recuperadas, Naidel y el pequeño guerrero que le había vuelto a salvar la vida salieron corriendo del circulo, dejando algunos cadáveres por el camino a la vez que el enemigo se recuperaba de la sorpresa y los perseguían. Con el miedo dándoles alas, llegaron al interior del castillo en el momento en que las puertas se cerraban, y escucharon el ruido de la marea verde chocas contra ellas. Se encontraban encerrados.