Historia


Allá por 2006, en Vicente López nació El Club de la Milanesa como un pequeño local que funcionaba como delivery. La idea gustó y el proyecto llegó a expandirse a cuatro locales en Buenos Aires y uno en la ciudad de Santa Fe.


Dos licenciados en Administración de Empresas con 14 años de experiencia en el mundo corporativo, Federico Sala y Santiago Magliano, decidieron experimentar en el negocio gastronómico con una propuesta simple: un producto clásico (la milanesa) multiplicado por tres tamaños (M, L y XL), cinco bases (ternera, pollo, merluza, calabaza y soja) y varios sabores.


Ambientes confortables, individuales, servilletas de papel, una carta descontracturada que se lee pasando las hojas para arriba y platos acompañados de frases divertidas son los ingredientes de la fórmula "de un negocio rentable y con capacidad de proyección".


"Cuando iniciamos este proyecto, ni mi socio ni yo teníamos experiencia en el mercado gastronómico. Con el tiempo lo fuimos descubriendo y experimentando en el proceso de comprar, producir, vender y entregar. El menú era más acotado en ese momento. Paulatinamente comenzamos a crecer y a agregar sabores. Cuando decidimos con qué combinarlas, las posibilidades fueron inagotables.


Después comenzamos a jugar con los tamaños: para una, dos, tres y cuatro personas. Para estas últimas el tamaño es de casi 50 cm., de modo tal que tuvimos que solicitar cajas especiales. Las de pizzas son cuadradas y nosotros necesitábamos rectangulares", relató Magliano, uno de los propietarios de El Club de la Milanesa.


Seis meses más tarde abrieron un local en Belgrano. La variedad de sabores se amplió y se sumó el salón. Del folleto se pasó a la carta; de la caja de cartón al plato, los individuales, las bebidas y los postres. "Buscamos una forma de presentar algo que se consume cotidianamente de una manera más sofisticada y a la vez divertida. El salón se llenó y en esa instancia tuvimos una idea más global del negocio y de las oportunidades que nos daba", agregó Magliano.


Un año más tarde abrieron el local de Palermo, que también combina salón con delivery. "Allí tomó forma la idea de cadena. En ese barrio El Club de la Milanesa se abrió al turismo, y el trabajo con el público extranjero se consolidó con la apertura del último local en Recoleta".








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