El último recurso.
Dereck Humphry. Editorial Tusquets, Barcelona,
1991
Autoliberación con bolsa de plástico
[p. 136 a 138]
En consecuencia, deseo resaltar la necesidad
de la bolsa de plástico para la autoliberación.
Asimismo deseo corregir levemente, a la
luz de la experiencia y de conversaciones con médicos del movimiento
pro eutanasia, lo que escribí en las primeras ediciones de Let Me
Die Before I Wake.
Es preferible que la bolsa de plástico
no esté ceñida sobre la cabeza, sino moderadamente floja.
Es muy importante que se sujete firmemente alrededor del cuello con una
goma elástica grande o una cinta. No tiene que entrar en ella más
aire.
Una asociada me preguntó recientemente
cómo haría para inflar la bolsa. ¡Le contesté
que había que desincharla!
Con la bolsa de plástico sujeta
alrededor del cuello, el moribundo agota el oxígeno que hay en el
aire, sustituyéndolo por anhidrido carbónico, y dejando atrás
el nitrógeno que permite respirar. Ningún ser humano puede
vivir respirando únicamente anhidrido carbónico y nitrógeno.
El doctor Colin Brewer (MB, MRCS, MRCPsych)
ha escrito: «Es posible suicidarse utilizando únicamente una
bolsa de plástico, pero la situación se vuelve incómoda
porque se exhala anhidrido carbónico y, a medida que aumenta éste,
el cuerpo se adapta a la situación y el paciente se encuentra respirando
más hondo, lo que puede resultar levemente angustioso, aunque no
es lo mismo que tener la respiración realmente bloqueada».
Por tal motivo, no recomiendo la bolsa
de plástico sola (método al que en ocasiones recurren los
presos que se suicidan). Por ende, es necesario haber tomado una buena
dosis de píldoras somníferas con el propósito de eliminar
esa ligera incomodidad. Tendría que ser suficiente un número
de somníferos que asegurara dos horas de sueño.
De manera que la bolsa de plástico
debería estar floja pero no ser grande, dado que en tal caso llevaría
más tiempo. Las píldoras tendrían que ser inductoras
del sueño de acción rápida. Esto último puedes
averiguarlo por ti mismo, probando antes de ingerir un par de ellas. No
olvides que la reacción de cada persona es diferente.
¿Debe usarse una bolsa de plástico
transparente u opaca? Es cuestión de gustos. Si se ama al mundo
tanto como lo amo yo, optaría por una transparente en el caso de
tener que hacerlo.
Dado que el aire exhalado está
siempre a temperatura corporal (alrededor de 37 ºC) y a un 100 por
ciento de humedad relativa, el empleo de una bolsa de plástico puede
producir una sensación desagradable de calor y humedad, bochorno
y aire viciado. Muchos encontrarán «sofocante» esta
sensación bastante antes de que el oxigeno baje a un nivel que induzca
o acreciente la ausencia de conocimiento de esta incomodidad.
La angustia puede crear un pánico
que llevará al suicida a quitarse la bolsa, pese a su resolución.
Es posible mejorar esto mediante el uso de una anticuada bolsa de hielo
o una compresa fria aplicada a la frente o al cuello, o mediante la expectativa
o conciencia de este efecto, a fin de evitar una sorpresa desagradable.
El último acto
[p. 156 a 159]
Los dos métodos mejores de autoliberación
a causa de una enfermedad terminal -si se carece de ayuda directa de un
médico- son el uso de una selección de fármacos con
prescripción médica, y la ayuda de una bolsa de plástico.
Hay dos situaciones posibles:
a) tienes barbitúricos como secobarbital
(Seconal) y pentobarbital (Nembutal);
o bien
b) tienes fármacos no barbitúricos
como diazepam (Valium) y propoxifeno (Darvon).
Para una muerte eficaz con los fármacos
de la solución b), es imprescindible el uso de una bolsa de plástico.
La muerte con los fármacos de a) es casi siempre segura si se toman
correctamente; para tener una certeza absoluta, yo utilizaría también
una bolsa de plástico.
El factor más importante para producir
una muerte rápida y segura es el nivel de absorción del fármaco
y cómo se introduce en el cuerpo. Por ejemplo, seria distinta la
absorción por vía intravenosa que por vía oral.
Para que se absorba el fármaco
cuando se toma por la boca, primero tiene que disolverse en el cuerpo,
transformándose en una solución, y luego pasar al torrente
sanguineo. En comparación con el resto del tracto gastrointestinal,
el estómago tiene una baja provisión sanguinea. En consecuencia,
si hay comida en el estómago, cualquier fármaco quedará
retenido alli, lo que provocará demoras en su llegada al intestino
delgado.
Cuando en el estómago hay muy poca
comida o nada, la válvula que comunica a éste con el intestino
delgado suele abrirse aproximadamente tres veces por minuto. Por otro lado,
cuando contiene mucha comida, el estómago percibe que hay materia
sólida y el músculo permanece cerrado hasta que el contenido
se licúa.
Cuanto antes lleguen los fármacos
al intestino delgado, con su mayor provisión de sangre, más
rápido será su efecto. Habrá un ataque masivo sobre
el sistema nervioso central y el paciente morirá. Beber alcohol
junto a los fármacos acelerará considerablemente su efecto,
pues los medicamentos se disolverán muy rápido. Según
los expertos, el alcohol puede incrementar en un 50 por ciento el efecto
de algunos fármacos.
No sólo se requiere velocidad interior
para alcanzar una muerte rápida, sino que la ingestión oral
tiene que ser veloz. En algunos casos de fallos que he estudiado, en general
el paciente se ha quedado dormido antes de ingerir una dosis suficientemente
letal. Cuando alguien está dormido, sólo pueden administrársele
fármacos por vía intravenosa o con supositorios. Quizá
no
se disponga de la cantidad exacta de fármacos necesarios, o el asistente
no sepa inyectar, o no quiera prestar su ayuda hasta ese extremo.
Quien quiera suicidarse, tendrá
que engullir, literalmente, los fármacos. En mi opinión,
se logra mejor tomándolos de diferentes maneras. Primero tomar unas
pocas tabletas de la dosis letal con alcohol. Luego el resto mezclado con
un yogur, por ejemplo, o un alimento semejante, que debe comerse con prontitud.
(Para pulverizar los fármacos, vaciar las cápsulas de plástico,
triturar las tabletas hasta hacerlas polvo con un mortero y majarlas, o
pulverizarlas en una batidora.)
Así pues, deben darse los siguientes
pasos
1.- Una hora antes tomar una comida muy ligera -por ejemplo té y una tostada- para que el estómago esté casi vacio, pero no tanto como para que te sientas débil y con náuseas.
2.- Al mismo tiempo, tomar una pildora contra los mareos en viaje, por ejemplo Dramamina, que evitará las náuseas más tarde.
3.- Tomar unas 10 tabletas o cápsulas de las elegidas, con el vaso más grande de licor o vino que seas capaz de beber. El vodka es muy eficaz. Si no puedes beber alcohol, acude a tu refresco predilecto.
4.- Las tabletas adicionales pulverizadas ya estarán mezcladas en un yogur o en natillas, y debes tragarlas lo más rápido posible.
5.o En todo momento, ten a mano bastante alcohol o refresco, para bajarlo todo. También es útil si se desea disimular el sabor amargo.