Marc Antoni Broggi. "Vive tu vida hasta el final: ¡aprópiate de tu muerte!". La Vanguardia, 17-10-2011 (Victor-M Amela)
Tengo 69 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy cirujano, y presidente del Comité de Bioética de Catalunya. Estoy casado con Gloria. Tengo dos hijos, Carlota (41) y Oriol (39), y seis nietos. ¿Política? La más justa y solidaria. ¿Creencias? El cuidador debe adoptar las de su paciente.
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¿Hay una muerte apropiada, doctor?
Sí, si la humanizas y la haces
tuya. También hay una muerte expropiada.
¿Qué quiere decir?
Tus familiares y médicos querrán
expropiar tu muerte. Pero es tuya: que sea propia y apropiada. ¡Aprópiate
de tu muerte!
¿Cómo querrán expropiar
mi muerte?
Si te diagnostican una enfermedad terminal,
tus familiares dirán a los médicos: "¡Hagan todo lo
posible!". Y los médicos lo harán, porque te verán
como un reto médico.
¿Y esto es expropiatorio?
Sí: "Todo lo posible...". ¿Es
conveniente? ¿Compensa hacer tanto? ¿Eso humaniza o deshumaniza?
La medicina ha avanzado más en los últimos 25 años
que en los últimos 25 siglos: ¡hoy podemos hacer tantas cosas...
que quizá sean demasiadas!
¿No vale la pena tanta actuación?
Ponlo todo en la balanza, razónalo,
háblalo... y decide: se trata de tu calidad de vida, y al final
está siempre la muerte, tu muerte.
Me asusta el sufrimiento.
Hoy disponemos de fármacos contra
el dolor: no tiene sentido sufrir. El índice de uso de morfina en
España es bajo, índice de baja atención al paciente
terminal.
¿Qué aconseja a los médicos?
Hacemos demasiado para frenar la muerte
y demasiado poco (y tarde) para evitar el sufrimiento. ¡Hagamos que
el tramo final de la vida del paciente sea vivible!
¿Qué aconseja a los moribundos?
"No te olvides de vivir", que dijo Goethe.
Ved tan inevitable vuestra muerte... como la vida que os queda.
¿Cómo vivir si sé
que voy a morir?
Reconcíliate con la vida: entiende
que la vida estaba antes que tú y que seguirá sin ti.
Es duro.
Nos acostumbramos a vivir... y nos apegamos.
Pero la vida no te necesita. Piénsalo.
Ya.
Y, a la vez, piensa que has colaborado
con la vida, que has dejado huella, has aportado obras, hijos, emociones...
que darán frutos.
¿Eso es balsámico?
¡Y perdónate! No te juzgues:
hiciste lo mejor que pudiste y quédate contento.
¿Ayuda a bien morir ser creyente?
Ante la muerte, no he detectado gran diferencia
entre creyentes y ateos.
¿Qué es lo importante para
bien morir?
Sentirte acompañado, mirado, admirado:
que haya alguien a tu lado que te vea de verdad. Y para eso suele ser mejor
un amigo que un familiar.
¿Por qué un amigo?
A un familiar le cuesta verte: ve que
no estarás en Navidad, ve el hueco que dejas...
¿Cómo puedo ayudar a un amigo
moribundo?
Estando presente. No quieras hacer: ¡hay
que estar! Se trata de saber estar: una mano, una mirada... Sé empático
con él, no temas acercarte a él y defiende sus intereses.
Ayúdeme a preparar bien mi muerte.
Empieza por pensar que esta vida hay que
dejarla en un momento u otro.
Vale.
Redacta un documento de voluntades anticipadas:
tus valores, tus instrucciones médicas, designa a quién delegas
decisiones si tú no puedes. ¡Eres ciudadano hasta el final!
¿Pido que me digan toda la verdad
sobre mi diagnóstico, o mejor no?
Nada de mentiras. Pero, eso sí,
que te modulen la verdad para que te sea útil.
Depende de la sensibilidad del médico.
La red sanitaria debe reflexionar sobre
la calidad de la agonía. La mitad de la gente muere en hospitales.
¡Luchemos menos contra que el paciente muera y más porque
muera bien! Hagamos que el entorno hospitalario sea más cálido,
acogedor, íntimo...
¿Cuál es la buena práctica
médica en este ámbito, según las tesis de la bioética?
Aceptar que la muerte llega y aligerar
la llegada de la muerte.
¿Conoce alguna muerte ideal?
Rilke dijo: "Señor, da a cada uno
su propia muerte". Que tu muerte encaje en lo que ha sido tu vida. Como
la de Sócrates... que me parece incluso demasiado perfecta.
Recuérdemela.
Condenado a morir con cicuta, convoca
a sus amigos, charla con ellos, hace salir a los que lloran, bebe y se
despide: "Parto hacia la muerte y vosotros hacia la vida: ¡sólo
los dioses saben quién tendrá mejor suerte!".
¿Cómo querría que
fuese su muerte?
Sin dolor. Y comprendiendo que ha llegado
el momento. Y despidiéndome de mi gente más cercana, y entendiendo
que saldrán adelante. Como dijo Quevedo: "Que mi vida acabe y mi
vivir ordene".
Pero hay también muertes fulminantes
y entonces no podrás ordenar nada.
Ya, y no sé si eso es mejor que
el paciente sea autor, actor y director de la obra, como dijo el poeta
Gil de Biedma en aquel verso.
Recuérdemelo.
"Pero ha pasado el tiempo y la verdad
desagradable asoma: envejecer, morir es el único argumento de la
obra". Yo haría una pequeña corrección.
¿Cuál?
"Envejecer, disfrutar y morir". Lo de
"¡No te olvides de vivir!" de Goethe. Hasta el final, ¡todo
es vida! Me impresionó un paciente amigo mío que, moribundo,
sacó una botella de vino y me invitó a brindar...
Máteme bien esta entrevista, doctor.
Mientras puedas, procura que al morir
puedas susurrarte esto: "He vivido".
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¡Todo es vida!
Broggi lleva medio siglo operando, en ese
filo del bisturí entre la vida y la muerte. Se inició de
niño con su padre, Moisès Broggi, que tiene... ¡103
años! "Yo no viviré tanto: ¡he fumado mucho!", me confiesa.
Presidente del Comité de Bioètica de Catalunya, Broggi se
empeña ahora en difundir entre la población en general la
doctrina elaborada por el comité para que no quede sólo entre
expertos y la comentemos en cenas y sobremesas: para que aprendamos a bien
morir. Por eso publica Per una mort apropiada (Edicions 62), para ayudarnos
a entender que la mejor muerte es esa que pone el broche a una vida vivida
hasta el final. "Morir es inevitable, ¡pero morir mal no tiene por
qué serlo!", sentencia.