Los tijuanenses se entregaron por completo al cantautor español, que en dos ocasiones tuvo que volver al escenario: El público no estaba dispuesto a dejarlo ir Por Juan Carlos Reyna jreyna@frontera.info Dieron "las nueve, las diez y las once" el sábado pasado cuando Joaquín Sabina se robó el corazón de los más de mil asistentes que abarrotaron el teatro del Centro Cultural Tijuana (Cecut). Por casi tres horas los tijuanenses cedieron ante la seducción del cantante gachupín, quien presentó un espectáculo que conmovió hasta al más adusto, pues sacó lágrimas, risas y coros. A tal grado se ganó a la gente que tuvo que despedirse en dos ocasiones antes de regresar y colmar a los seguidores que de pie y eufóricos no permitieron que se fuera fácilmente. Y es que además de las 31 canciones que cantó, Sabina conquistó con su voz aguardentosa, un humor socarrón y una honestidad que sumió la noche en una atmósfera de intimidad. "Este concierto es más íntimo que otros, es la primera vez que tocamos en Tijuana y en escenario pequeño, por eso siento que estoy como en mi habitación y así vamos a comenzar", dijo. El escenario se forró de papel periódico, tenía velas y se montó frente a una pantalla que proyectó imágenes que aludían a las canciones, mientras los músicos compartían espacio con dados gigantescos. Arrancó tocando a solo, pero a la cuarta canción se integraron Olga Román, "Panchito" Barona y los otros dos protagonistas de la odisea musical que se complementó hasta de coreografías. Hasta con vestimentas extravagantes, muchas de las canciones fueron actuadas por los músicos que en todo momento ‘cotorrearon’ al público e incluso tocaron sin Sabina en cuatro canciones. Pero la gente iba a ver a Sabina y con él corearon "Medias negras", "Con ganas de...", "Que se llama soledad", "Ruido", "Canción de la Magdalena", y "Calle de la melancolía", de las más emotivas. "Sos unos cojonudos, me habían advertido que cantaban ¿no le interesa salir de gira con nosotros? Pagamos mal pero prometo que se la van a pasar bien... "Panchito" hasta folla", advirtió. La gente que vio a Sabina fue diversa, pero destacó la presencia de españoles y mujeres que no lo dejaban ‘vivo’ chuleándole sus sombreros de copa, aunque a la hora de la cantada todos estuvieron a la altura. "Descubrieron que los besos no sabían a nada /hubo una epidemia de tristeza en la ciudad /se borraron las pisadas /se apagaron los latidos /y con tanto ruido no se oyó el ruido del mar", cantaron. Aunque Sabina dijo optar más por el recuerdo que por la nostalgia, la melancolía se hizo presente en muchos que se identificaron con el sentimiento que el trovador ha impreso desde 1978. "Y no quiero que venga el destino a vengarse de mí /prefiero la guerra contigo al invierno sin ti /la mentira vale más que la verdad /pues es un castillo de arena /por las autopistas de la libertad", se oyó. Sabina hizo llorar e hizo reír, luego tomó descansos para cambiar de ropa, mientras que los músicos aprovecharon para seguirle al repertorio. Después Sabina regresó para despedirse. "Algunas veces vivo y otras veces /la vida se me va con lo que escribo /algunas veces busco un adjetivo /inspirado y posesivo /que te arañe el corazón", cantó, supuestamente la última canción. Pero la gente estaba levantada de sus asientos y no le dejaban ir, regresó a cantar tres más, volvió a despedirse, pero Sabina regresó de nuevo para cerrar coreado, aplaudido y ‘apapachado’. "Nos dijimos adiós, ojalá que volvamos a vernos /y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, y las dos y las tres /y desnudos al anochecer nos encontró la luna", concluyó. Con ganas de Sabina Tocó 31 canciones, algunas en popurri Acompañaron cuatro músicos, que en un par de canciones cantaron y tocaron sin Sabina El escenario estaba cubierto de papel periódico, adornado con velas y con una pantalla gigantesca que mostró imágenes, muchas de ellas desnudos femeninos Durante todo el concierto Sabina bebió de un vaso pequeño y los músicos fumaron sobre el escenario
Se puede decir que en Tijuana sucede de todo, es una de las ciudades más conocidas del mundo, por su negro pasado, su púrpura frontera y sus blanquiazules sexenios. Así también, en esta ciudad, por ser precisamente Tijuana y porque el Cecut cumple 20 años, Joaquín Sabina hizo el honor de visitar, tocar, conversar, conquistar y trastocar los sentidos de los ciudadanos de esta noble ciudad. Entre la incredulidad y la emoción asistí al concierto del compositor español, no sé por qué, pero se me hacía que en último momento iban a cancelar la presentación. Pero no, Joaquín Sabina estuvo en el escenario cantando por más de dos horas y como unas treinta canciones. Hace un año había escrito que uno de mis planes podía no cumplirse, pero sí se hizo; el problema de salud de Sabina, lejos de disminuirlo, lo dio fuerzas para seguir presentándose, componiendo y ser el mismo calavera de siempre. Joaquín inició su concierto con una canción de su nueva producción, la pieza "Peces de ciudad", recién grabada en la voz de Ana Belén. Aprovechó para presentar a sus músicos, los conocidos Panchito Varona, Antonio García de Diego, Olga Román, y al desconocido baterista. Sabina salió al escenario vestido con un sombrero de copa y un saco forrados de periódico, así también lució el escenario, con accesorios teatrales y un objeto que el cantautor colecciona, un caballito de feria. El repertorio de canciones viajó por todos sus discos, la nostálgica "Calle melancolía" que grabó en el 80, pasando por "Que se llama soledad", "Medias negras", "Conductores suicidas", "Peor para el sol". Sin embargo a Sabina le sobran canciones, y para que tocara las clásicas, el tiempo no iba a ser suficiente. Faltó "¿Quién me ha robado el mes de abril?", "Pongamos que hablo de Madrid", "Con la frente marchita" o "La del pirata cojo", que en la petición insistente del público, les contestó que esa la iban a cantar en su casa... De lo que sí estamos agradecidos es de las canciones que todavía no están en circulación, como efectivamente "La canción más hermosa del mundo", la mexicana "Camas vacías", la citada "Peces de ciudad", la peruana "Yo también sé jugarme la boca", la irrisoria "Ya eyaculé" y una carta que le envió el Sub Marcos para musicalizarla, que finalmente Panchito Varona hizo canción. Además hubo un inter en el que García de Diego, Panchito y Olga Román hicieron gala de su talento, interpretando versiones de las rolas de Sabina, como "Esta boca es mía", "Si volvieran los dragones" y la guapa del grupo cantó a la "Sombra de un león" que escribiera Joaquín para Ana Belén, y sirvió de pretexto para hacer regresar al flaco. Sabina se mostró feliz y accesible, platicó con el público, contó historias de sus canciones... Comentó también que finamente estaba en la Baja California, tocando en un teatrito, en una presentación muy intima y hogareña. Y así nos sentimos, estábamos en la sala de su casa, escuchándolo como si fuera un amigo de añales. Joaquín Sabina salió dos veces al escenario para completar su presentación, agradeció al publico Tijuanense por sus buenos coros y el recibimiento, prometiendo regresar. Espero no pasen otros 20 años y que el Cecut cumpla 40 para traerlo. El concierto fue todo un éxito y a mí solo me resta agradecerle al flaco que siga cantando como lo hace, que siga contando sus historias mitad verdad mitad ficción, que nos siga emocionando con su voz aguardentosa, que nos deje conocer esas mujeres fatales, esa relaciones enfermizas. Sabina nos adelanto "Dímelo en la calle", cantándonoslo en el teatro. Yo salí del teatro todavía incrédulo por haber escuchado a un enorme de la música y emocionado por, precisamente, haber escuchado a un enorme de la música.
"Cualquier cosa que haga un ciudadano es una actitud política ante la vida. En el caso de mis canciones supongo que son políticas pero no en el primer grado, es decir, son políticas en la medida en que quieren ser una foto de lo que pasa por fuera y también de lo que pasa por dentro. En el caso del ciudadano que las escribe es alguien que se ha sabido siempre que el corazón lo tiene del lado donde se debe tener, es decir, el izquierdo", explicó el cantautor. En la antesala al concierto advirtió a los reporteros y a uno que otro fiel seguidor –a ratos era difícil trazar una línea divisoria— que el concierto que estaba a punto de ofrecer en Tijuana había sido pensado justamente para ciudades donde nunca había puesto un pie y para un teatro que albergara "un público cómplice y casi familiar donde se oiga cada nota de la guitarra y cada flema de mi voz. No es un concierto pensado para grandes auditorios". El propósito fue preparar a la gente para lo que vendrá con "Dímelo en la calle", disco con 14 canciones de estreno, cuyo primer concierto será hasta mayo en España. De los temas incluidos en este volumen "dos tienen mucho que ver con México". Primero, porque una balada fue concebida como "un clarísimo homenaje al modo de hacer canciones de José Alfredo Jiménez", a quien Sabina tanto aprecia porque "tiene el acorde del alma popular de una manera como casi nadie que yo lo haya visto, porque escribe para enamorarse, porque escribe para desenamorarse, porque siento que tiene un hombro dónde llorar. Por todo eso que hace que México sea mucho más México con las canciones de José Alfredo que sin él. Yo no puedo imaginar a México si José Alfredo no hubiera escrito esas canciones". Por otro lado, está el texto que el subcomandante Marcos le envió hace casi una década, pidiéndole que le pusiera música y lo cantara. Sabina luchó con la melodía, pero sólo logró complementar la letra. La estafeta la tomó Varona hasta dar con una pieza simplemente estupenda, cantada por el director durante la función sabatina. El objetivo de esa noche, que permanecerá en el imaginario colectivo local, cómo olvidar el escenario con candelabros, instrumentos forrados con papel periódico, "igual que en la sala de mi casa", olas de papel bordeando el escenario, una pantalla en donde se proyectaban fotografías referentes a las canciones, músicos que entraban y salían, a veces con sombrero marinero y bote de cerveza Tecate, al rato con sotana y botella de tequila en mano, ante la sorpresa de un inmenso trasero retratado a lo alto, enseguida el fino complemento de Olga Román para recrear "A la sombra de un león". Y lo que queda después es la imagen de un cantautor que ha tenido mucho qué decir, tanto que se ha volcado también a la literatura, según dijo a ZETA al ser cuestionado respecto a la aparición de "Con buena letra", libro de reciente publicación que concentra las letras de Sabina: "En realidad es un cancionero, es reunir todos los textos, no los había publicado hasta ahora porque no estaba seguro de que pudieran leerse sin echar demasiado de menos la música, ahora me he convencido de que sí se puede. Además he hecho un libro donde hago muchos comentarios al margen y explico cómo se hicieron algunas canciones, a quién fueron dedicadas o me burlo de ellas, de las que me parece que hay que burlarse, y he hecho algunos dibujitos, en fin, es un libro con bastante esfuerzo editorial para el aficionado". "Luego hice otro el año el pasado que se llamó ‘Ciento volando’ que fueron sonetos, esos no los escribí pensando que iban a ser cantados, los escribí pensando que iban a ser leídos. En realidad cuando uno escribe un soneto, no espera que nadie lo va a leer, es una cosa más para uno y para sus amigos y al final agrupé cien y lo publiqué y eso sí ha sido algo que me ha calentado mucho el corazón este año, sacar un libro de sonetos en un país como el mío donde cada vez se lee menos ha funcionado muy bien, lo ha leído la gente. Mi única esperanza es que después de leer mis sonetos compren un libro de Quevedo". Por lo pronto, esta relación evidente y fortuita con la creación literaria –entre otras pruebas está el retrato de Alfredo Bryce Echenique, con quien Sabina comparte una amistad, y parte de la entrevista que hace una semana sostuvo el escritor peruano con el diario El País como trasfondo de alguna de las canciones durante la velada— también se mostró en la vocación de Sabina cuando el mismo viernes por la tarde compró en la Librería El día una treintena de títulos referentes a la frontera, y uno por ahí que lo atrapó porque tiene escritos de su madre. Seguramente servirán de base para futuras composiciones derivadas del acercamiento a Tijuana, punto de la república que de por sí lo había inspirado porque es un lugar que "está en el imaginario colectivo de canciones mexicanas, de películas y toda esa vida de la frontera". Así, en breve, fue el paso por estos escenarios de quien en realidad lleva por nombre "Joaquín Ramón Martínez Sabina, pero tú no has oído nada".