Crónica del susto de Joaquín Sabina en cinco actos

Javier Menéndez Flores
Fotos: Queca Campillo
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A los numerosos seguidores de Joaquín Sabina les han sobrado los motivos para preocuparse: su ídolo fue ingresado en una clínica madrileña a consecuencia de un accidente isquémico cerebral leve (un coágulo cerebral), apenas un mes después de sus problemas de úlcera estomacal. Fuera de peligro, el cantante y compositor jiennese se recupera del susto en su domicilio. Allí charló con su biógrafo y colaborador de interviú acerca de su salud, de la inminente publicación de un libro de sonetos, de política y de música.

“Pero sin prisas, que a las misas / de réquiem nunca fui aficionado, / que el traje de madera que estrenaré / no está siquiera plantado, / que el cura que ha de darme la extremaunción / no es todavía monaguillo...”. Con estos versos de la testementaria canción “A mis cuarenta y diez” – incluida en el disco que le hizo tocar el cielo hace ahora dos años, “19 días y 500 noches”, Sabina quería que sus detractores, quienes tanto especulaban sobre su deteriorada salud, consecuencia de sus muchos excesos, supiera que aún le quedaba cuerda para rato. Sin embargo, su reciente ingreso en una clínica de Madrid a causa de un problema de riego sanguíneo en el cerebro hizo pensar lo peor. Máxime cuando hacía tan sólo un mes que había cancelado por dos veces consecutivas una lectura de poemas en la Ciudad Condal, dentro de la programación cultural del Grec, aquejado de una úlcera estomacal.

EL SUSTO

Por fortuna, la lesión cerebral se ha quedado en un simple susto, y Sabina, viejo pirata con tantas cicatrices ya en la osamenta como en el alma, reflexiona desde su piso madrileño con gran optimismo y su peculiar sentido del humor acerca de la experiencia vivida: “Lo de la suspensión de los recitales de poesía fue por mi úlcera clásica, que vive conmigo desde hace diez años y somos algo así como enemigos íntimos. También creo que se debió a un ataque de pánico. Miedo al ridículo, a que se me considerara un impostor. Pues para mí la poesía son palabras mayores. En cuanto a lo de la isquemia cerebral, he de reconocer que los dos primeros días me asusté. La noche anterior había estado cenando con Víctor [Manuel] y Ana [Belén], José Luis García Sánchez y Rosa León, y después estuvimos aquí en casa, cantando. Cuando se marcharon, me puse a pintar más o menos hasta las dos de la tarde, y me acosté muy borracho. Muy, muy borracho. No de otras cosas, porque de otras cosas hace tres meses que no sé nada. Por cierto, por lo que veo a mi alrededor y por mi propia experiencia, suele suceder eso: cuando te quitas es cuando te da el palo, y yo había estado en Marruecos unos días antes de cura de todo... Bueno. Como te decía, me di cuenta al acostarme de que iba bastante borracho. Dormí bien, unas diez horas. Pero al despertar estaba perdido en la cama, con la cabeza en los pies, y me costó mucho ubicarme. Seguía pensando que era por la borrachera. El caso es que quise ir al baño y la pierna derecha no me apoyaba en el suelo. No me asusté porque creí que era cosa de la resaca. Hasta que a los cinco minutos seguía sin poderme poner en pie y notaba que el brazo derecho estaba también un poco tonto. Nada de la cara ni del habla, que dicen que esas cosas afectan a veces al habla. Para nada. Tan sólo el brazo tonto y la pierna que no apoyaba (sí tenía tacto, pero no motricidad). Así que me asusté tanto que, odiando como odio a la clase médica internacional, porque yo siempre me he automedicado, le dije a Jimena [su novia] que llamara a una ambulancia. Cuando llegamos a la clínica, aún no estaba muy asustado. De hecho, me comí dos bocatas nada más llegar. Pero cuando supe que se trataba de un accidente cerebral sí que me asusté. No por nada, porque yo veía que estaba bien y que eso se iba a arreglar en poco tiempo, sino por las posibles secuelas. Es decir, yo me veía de pronto en una silla de ruedas, sin poder escribir, sin poder dibujar ni tocar la guitarra y, sobre todo, sin poder hacerme pajas [risas sonoras], aunque luego me dijo García Sánchez que era mejor con la mano tonta [más risas]. El caso es que eso duró un día y medio, hasta que vi que la recuperación era rápida. Es decir, de un día para otro estaba moviendo la mano, y, a los dos días, ya podía ponerme en pie. Pero el día que imaginé un futuro en silla de ruedas y con la mano inmóvil, me pareció que la vida así no era digna de ser vivida”.

LAS CAUSAS

Como es habitual en él, en vez de maquillar las causas por las cuales ha sufrido dicha lesión, se limita a llamar al pan, pan y al vino, vino, un ejemplo de sinceridad del que deberían tomar buena nota el noventa por ciento de sus colegas españoles: “En mi caso, la isquemia se ha producido por la mala vida. Y por eso he suprimido, aunque nadie se lo crea, el tabaco. Llevo ya diez días sin fumar, y voy a seguir así. Porque me gusta mucho fumar, pero me gusta más vivir. Los muertos tampoco fuman, así que... Me explicó el médico que yo no tenía ninguna de las causas físicas que provocan esa lesión, pero sí el maltratarme a lo largo de 20 años. No tengo diabetes, el corazón y el hígado los tengo perfectamente, no tengo colesterol, que es otra de las causas, ni hipertensión. Ha sido, ya te digo, por la mezcla de tabaco, coca y ese tipo de cosas. De hecho, de la coca ya me había quitado. Del tabaco me ha quitado el médico y estoy absolutamente dispuesto a hacerlo a pelo, sin terapias ni libros de autoayuda ni parches ni pollas. Creo que lo que más ayuda es el orgullo de ser capaz de hacerlo, como hice lo de la coca. Afortunadamente, no me han quitado del todo el alcohol. Puedo beber un poco: un vinito en las comidas y en las cenas y de vez en cuando un whisky. Lo cual me parece una expectativa de futuro más o menos razonable. Ahora, si me quitan algo más, ya sí que estoy jodido [risas]. No, la vedad es que el susto ha sido suficiente. Creo que encontraré también algunas ventajas. Por ejemplo, ya empiezo anotar más los olores y los sabores, ya empiezo a tener hambre –me atormentaba muchísimo no tener nunca hambre-, he engordado un poquito... Me noto la voz infinitamente más limpia, con lo cual creo que no voy a vender un puto disco... Voy a ser una gorda con voz de Ricky Martín [risas]. Y también creo que sin tabaco se folla mejor. Desde que empecé la recuperación, lo que tengo es un ataque de euforia que me dicen los médicos que frene un poco. Euforia de sentirme vivo, de sentir que tengo las tres piernas y las manos estupendamente, la cabeza mejor, y de sentir que soy capaz de quitarme de fumar y de la coca sin grandes problemas”.

LOS AMIGOS... Y LOS ENEMIGOS

Cuando los medios de comunicación difundieron la noticia de su ingreso hospitalario, las muestras de cariño de la gente no se hicieron esperar: “La avalancha de e-mails, de cartas, de flores, de cosas ha sido algo que no olvidaré mientras viva, que espero que sea mucho tiempo”. Y es que a Joaquín Sabina, alias “el Flaco”, se le quiere mucho. Mas, como pasa con los santos, hay también quienes no le procesan devoción. No es precisamente un secreto el que, a raíz de la grabación del disco “Enemigos íntimos”, Sabina y el músico argentino Fito Páez acabaron pidiéndose el rosario de sus respectivas madres. Aprovechando que Páez está viviendo ahora en Madrid, la pregunta de si lo llamó para saber cómo se encontraba se hace obligada: “No, no me llamó. Del Rey para abajo, todos menos Fito. Y lo del Rey no es broma. Me llamó un secretario de la Casa Real interesándose por mi salud. Tú ya sabes que no me invitaban a nada y que yo me cabreaba mucho por que, aunque no quería ir, pensaba que debían invitarme. Pues últimamente me invitan a todo, y, naturalmente, ni voy ni doy acuse de recibo”. Como ya demostrara en su sublime rap “Como te digo una ‘co’ te digo la ‘o’”, el cantante acaba de tocar un tema que le apasiona, la familia real. “Eva Sannum me encanta porque es capaz de traernos de nuevo la República [risas]. Oye, que lady Di estuvo a punto. Como decía Juan José Millás acerca de la reciente boda del príncipe noruego, hemos asistido a la boda del siglo. Pero del siglo XIV, naturalmente. Me parece repugnante que una foto de ‘eso’ esté en portada de El País. ¿Pero adónde vamos a llegar? Creo que Eva Sannum no tiene el menor interés para nadie, que Mette-Marit, o como se llame ésa, tampoco... ¿Y qué me dices de su marido?, que tiene una cara de gilipollas que no se puede aguantar... roza la subnormalidad profunda. Eso no significa que no lo vea como cualquier marujona, claro que lo veo. Aunque no deberían dejarme ver esas cosas”.

LA POLÍTICA

En cuanto al panorama sociopolítico de nuestro país, Joaquín se muestra realmente escandalizado y preocupado con la política de inmigración. “Me parece una infamia lo que está pasando con los moritos, con la inmigración en general. Es algo que clama al cielo, al infierno... No sé. Esos gobernadores civiles y esas llamadas a la sensatez porque aquí no cabe más gente me parecen una infamia. Todos estos países han firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se dice que cualquiera es libre de cambiar su lugar de residencia. Es impresionante lo de las fronteras. Para cualquiera, moro, chino o lo que sea, España es también su patria; la Tierra es su patria. Esas llamadas a la sensatez me parecen de viles hijos de puta. Cualquiera que considere que él tiene derecho a vivir aquí y otro no, ya sea por el color de la piel o por la nacionalidad, me parece un perfecto canalla. Y salvo esas familias que dan cobijo a los inmigrantes en el campo, que me parece maravilloso y me saca las lágrimas, no estoy viviendo grandes manifestaciones o una pelea muy grande. La juventud española no es como pensábamos hace cinco años, que estaba totalmente despolitizada. Creo que se ha puesto muy de pie. Están los españoles yendo a Génova al foro antiglobalizador, pero en lo de la inmigración no comprendo que no estén dando una batalla mucho más seria. Que no estén, no; que no estemos. Porque yo no puedo eludir mi responsabilidad. Nos veo demasiado dormidos. Y ése es un problema que nos atañe de veras. Lo que está pasando en la costa de Gibraltar es, directamente, el infierno”.

EL FUTURO

Después de ofrecer conciertos por toda la geografía española tras la publicación del doble álbum en directo ‘Nos sobran los motivos’, Sabina vuelve a ser noticia, pero esta vez como literato: está a punto de ver la luz su libro de sonetos ‘Ciento volando’ (Visor), un título que ya utilizó el difunto Gabriel Celaya en un poemario que escribió junto a su mujer, Amparo Gastón, y que se publicó en 1953. La temática del libro de Sabina es, sin embargo, completamente distinta, y con él confirma lo que ya muchos sabíamos, que es un excelente poeta. “Ahí hay un homenaje a Celaya, claro, Y en el prólogo del libro, Luis García Montero, que ha sido un poco mi padrino en este proyecto, lo explica. En principio, iba a haberse llamado “69 y nueve de catorce”, pues tenía 69 sonetos. El caso es que seguí escribiendo y llegué a los ciento veintitantos. Al final quité los más circunstanciales, los de bodas, banquetes y bautizos. El libro me ha costado lo suyo, porque yo tenía mis licencias poéticas particulares, como el poder rimar singulares con plurales y cosas así. Y eso lo hacía y lo seguiré haciendo en las canciones, que no son un género tan riguroso. Pero en los sonetos, al final García Montero me convenció para que no le diéramos armas al enemigo. Y han quedado escrupulosa y rigurosamente consonantes, lo cual ha sido un trabajo muy jodido, muy duro. Se va a editar también en Latinoamérica. Y si te soy sincero, no creo que sea del agrado de mis fans, porque no estoy seguro que sea un libro de poesía, sino de versos. Es decir, pienso que hay más poesía en mis canciones que en el libro de sonetos. Para mí, el maestro de los sonetos ha sido siempre Quevedo. Sus sonetos son muy satíricos, muy para insultar a alguien, excepto alguno maravilloso. Y creo que los míos son un poco así. Para querer a mis amigos o para vengarme de algún olvido o para corregir algún entuerto. Hay cosas en ellos de Quevedo y de Villamediana, y quizá algo de sor Juana Inés de la Cruz. En el primer soneto del libro hablo de los tres. Además de este libro, también hay un proyecto de publicar todas mis canciones. Chus Visor ha ofrecido, en lugar del tamaño habitual, un tamaño más grande. A mí me gustaría añadir comentarios de pluma al lado. Decir lo que habría hecho ahora con determinados versos de mis canciones antiguas, con dibujitos y tonterías. Y luego está la idea del “Cuaderno Lacandón”, que ya está terminado y que es un libro más pequeño. Primero sería el texto del subcomandante Marcos, luego un par de coplas que le hice, contar una historia divertida de un cuadro que le mandé y, por último, cerca de 1.500 versos sobre México”. Acerca de las muchas canciones inéditas que posee y de la posibilidad de comenzar la grabación de un nuevo disco, Sabina explica lo siguiente: “Me iba a ir al estudio del cortijo de Sierra Morena en el que he grabado en los últimos años, tenía alquilado todo el mes de septiembre, pero no para grabar un nuevo disco –ni siquiera lo sabe la casa de discos-, sino para empezar a maquetar, como hice con ’19 días y 500 noches’. Pero, a raíz del accidente éste, he decidido dejarlo para octubre. Algunas canciones las tenía en el cajón, y son de la serie de ’19 días y 500 noches’, las que no salieron. También algunas que hemos cantado en directo y que he ido dando por ahí, como ‘Peces de ciudad’ o ‘A vuelta de correo’. Luego hay otras más raras, más Tom Waits. E incluso algunas más cercanas del hip-hop, en donde he tratado de meter varios sonetos de ‘Benditos y Malditos’ [recogidos en el libro de sonetos] para ver qué pasa. Pero la verdad es que ahora estoy muy interesado en escribir canciones sobre el susto. A ver si encuentro el tono que busqué y no me salió en ‘A mis cuarenta y diez’, porque sabes que siempre me quejé de que se me había ido la mano de ternurismo barato. Y ahora me gustaría mucho reírme del susto. Lo primero que hice cuando me pegué el susto fue decirle a mi novia que se buscara un nuevo novio. Afortunadamente, no lo ha hecho. Todavía [risas]”.

(Información aparecida en la revista "Interviú", el 10 de Septiembre de 2001)