FIRUZEH SHOKOOH
VALLE PRIMERA HORA
|
|
EL
cantautor español Joaquín Sabina volcó humanidad, poesía y sentimiento en el
memorable espectáculo circense "Nos sobran los motivos" que se
escenificó en la noche del lunes en el Centro de Bellas Artes de San Juan.
El
llamado "Flaco de Úbeda", que se presentó por primera vez en Puerto
Rico, estremeció al público con su capacidad de hacerle sentir desde la
desesperación más absoluta de la intimidad de una pareja que enfrenta el
desamor hasta la locura de un dolor de muelas del subcomandante Marcos a través
de un recorrido por sus clásicos y de las canciones de su nuevo disco
"Dímelo en la calle".
Ante
una sala llena a capacidad, la velada inició a las 8:45 de la noche con la
entrada de dos caballeros, al estilo de los lords ingleses, con largas pelucas
blancas que llevaban candelabros antiguos encendidos a un escenario que
contenía una tarima que simulaba un circo-teatro, forrada de periódicos, con
maletas, un dado gigante y un pequeño sofá bohemio.
Ataviado
con una chaqueta blanca con motivos de periódicos, su típico sombrero
chaplinesco del mismo color y pantalón y camisa negra, un flaco y desgarbado
Joaquín Sabina comenzó con "Peces de ciudad", de su nuevo álbum, en
hermoso homenaje a lo urbano, uno de los ejes de sus composiciones.
Mientras
cantaba, en la parte de al frente un miembro de su equipo movía sutilmente
largas piezas que componían un oleaje.
"Buenas
noches Puerto Rico. He tenido que cumplir cuarenta y trece años para venir a
Puerto Rico, donde se habla nuestra lengua con tan dulce acento",
manifestó un simpático Sabina mientras entraban disfrazados los excelentes
músicos que lo acompañan hace muchos años.
Al
fondo había una pantalla gigante que en todo momento mostró imágenes diversas,
dibujos de teatros antiguos, fotografías, pinturas y los manuscritos de algunos
de los temas, que ingeniosamente coqueteaban con el contenido de las canciones
del artista con más de 30 años de trayectoria.
Luego
interpretó el clásico "Medias negras", con un distinto arreglo al
ritmo del son cubano, siguió con "Rosa de Lima", luego de la cual
surgieron gritos del público –compuesto por una diversidad generacional que
abarcaba desde jóvenes universitarios hasta personas mayores–, que clamaban por
sus canciones favoritas.
Entonces,
un histriónico Sabina, que construyó un juego constante entre el teatro y la
música, entonó "Tan joven y tan viejo", no sin antes comentar ante
los delirantes espectadores que no cesaron de ovacionarlo: "Me habían
dicho que eran un público muy tranquilo, pero ya veo que sois como me gustan a
mí".
El
cantautor vocalizó "La canción más hermosa del mundo", de su nuevo
disco "Dímelo en la calle", una especie de repaso a su vida
transformada por un leve derrame cerebral que sufrió el año pasado, y después
vino la intensa "Ruido", el relato del estallido del fin de una
relación.
"Las
canciones no están para retratar la vida, sino para mejorarla. Quiero dedicar
esta canción a la persona que me inspiró, que por cierto está aquí. Se llama
Manolo Tena", indicó al proseguir con la rockera "Conductores
suicidas", que dedicó a su gran amigo el músico español Manolo Tena.
"Como
un dolor de muelas", también de su nueva producción e interpretada por
Varona y Sabina, nació cuando "un día recibí una carta del subcomandante
Marcos (líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional) que me decía que
estaba jodido, que tenía dolor de muelas, que su novia lo había dejado y que
estaba hecho mierda en la selva, que no tenía ni revistas pornos y que quería que
le hiciera una canción para que su novia volviera con él. No creo que vuelva
porque he tardado ocho años en hacerla (carcajadas)", explicó con su
eterna picardía.
Después,
le cedió el escenario a Varona y a la exquisita voz de Olga Román, "con
quienes ha durado más que con cualquiera de mis familias", quienes
interpretaron respectivamente "Esta boca es mía" y "Nada es
suficiente".
La
guapa rubia de pelo rizo continuó con la emotiva "A la sombra de un
león", a la que se le unió Sabina ahora vestido de chaqueta, pantalón y
sombrero negro con una camisa blanca a rayas. Pero fue en "La
Magdalena" en la que ambos montaron una original interpretación en que
encarnan a una prostituta fumando con boquilla y al hombre que muere por ella,
ante imágenes eróticas.
Siguieron
"Y sin embargo te quiero", magistralmente entonada al principio por
Olga Román, "Yo también sé jugarme la boca" y la mil veces solicitada
"Calle melancolía".
"Todas
esas peticiones envíenlas a sabina puto com", puntualizó entre risas el
vocalista.
Joaquín
Sabina, que proyectó su típica voz ronca respaldado por un excelente sonido y
un tenue juego de luces que iluminaba su espectáculo histriónico, entonó la
potente "Nos sobran los motivos" que una vez más incitó al público a
cantar.
Sin
dejar a un lado su compromiso político, el cantautor mencionó que "uno es
lo que es, pero aparte de todo es un tipo curioso. Uno sabe que existen algunos
Puerto Ricos como hay muchas Españas, la que más me gusta de España es la
republicana y la de Puerto Rico es la republicana también. Hace muchos años que
escucho en mi casa a una persona que quiero presentar y se llama Roy
Brown".
Llamado
al escenario, el cantautor boricua se fundió en un fraternal abrazo con su
colega para luego interpretar, ante los vítores de la gente, la emblemática
"Boricua en la luna" durante la que Sabina permaneció sentado en la
tarima observándolo con genuina admiración.
Mientras
se proyectaba al fondo la palabra "brown" escrita en cursivo en
marrón con un fondo del mismo color en tonos amarillentos, Roy Brown emocionó a
los asistentes y luego pidió permiso al protagonista de la noche para invitar a
Zoraida Santiago a interpretar "Oubao Moin".
Joaquín
Sabina, quien con inigualable desprendimiento entregó el escenario, se levantó
para cantar junto a los boricuas y tocar la pandereta.
"No
sé qué decir. Primero que estoy muy orgulloso y segundo que uno sabe elegir a
sus amigos", precisó Sabina, quien siempre mostró una transparente
intimidad ante los apasionantes gritos del público.
Ya
eran las 10:45 de la noche cuando el genial compositor de la cotidianidad
entonó un medley compuesto por los temas "Soledad", "Sol" y
"Contigo" para despedirse frente a los reclamos ensordecedores de
"otra".
Y
regresó. Esta vez con una sesión inspirada en la música mexicana que incluyó
"Camas vacías", "Ya eyaculé" y "19 días y 500
noches".
El
cantante volvió a despedirse cuando al par de minutos se escuchó el sonido de
un tren que anunciaba la llegada a una estación, y allí retornó vestido
nuevamente con su chaqueta blanca con imágenes de periódicos para entonar
"Dragones", "Ganas de", "Noches de boda" y la
clásica "Y nos dieron las diez".
"Si
queréis oírme cantar bien tendréis que contratarme otra vez. Les costará lo
mismo que hoy, considerando el costo de la vida", dijo Sabina que antes
había mencionado que tenía un fuerte catarro que casi no le permite
presentarse.
A las
11:30 de la noche, luego de dos horas y 45 minutos de un monumental despliegue
musical, los caballeros con pelucas recogieron los candelabros y Joaquín Sabina
cerró la carpa del circo que trajo desde Madrid para comprobar que la
diversión, el amor, la intimidad, el dolor, lo cotidiano y la vida misma puede
encontrarse en un teatro.
Periodistas comparten su visión total del espectáculo
Oscar
J. Serrano: Después de hablar con mi esposa, Amarilys, coincidimos en
que Sabina nos regaló un espectáculo único en el que tanto él como el público
estaban muy conscientes del evento histórico que vivíamos. De que era la
primera vez que llegaba, como dijo, a una nueva isla para naufragar.
Ante
nosotros, que no somos fanáticos de hace tanto tiempo como la mayoría de los
asistentes, El Flaco de Ubeda se reveló como un artista completo, y no de los
que se manejan con arrogancia porque viven en un mundo aparte en el que creen
que sólo ellos pueden habitar.
Sabina
recoge la experiencia de la calle, de la vida, para conjugarla con la expresión
musical y el lenguaje artístico y regalarla, como pequeñas joyas de cinco
minutos cargadas de imágenes que taladran el intelecto y la emoción.
"Hablaron las imágenes, las imágenes fueron protagonistas", resumió
Amarilys.
Todo
eso sin dejar de hacerte sentir como si estuvieras compartiendo la última copa
con el borracho más viejo e irredimible de la barra... que sigue bebiendo en la
esquina más oscura aun cuando el local está cerrado.
María
Cristina Moreno: Uno va por la vida recolectando memorias. Las buenas las
almacenamos en nuestro disco duro para que nos acompañen para el resto de la
vida. Las sacamos y las desempolvamos a nuestra conveniencia cada vez que nos
da un ataque de tristeza. Las no tan agradables, las transformamos en
aprendizajes y, al digerirlas y asimilarlas, terminan en el mismo lugar que las
primeras. Para mí, Sabina es un poco de las dos. Descubrí a Sabina gracias a
alguien que, por decir mucho, lo único bueno que me dejó fue a Sabina. Resulta
irónico que conociera a este cantante que hoy me provoca satisfacción en uno de
los momentos más amargos de mi vida.
Pensé
en todo esto mientras, finalmente, tenía al enjuto hombre de voz ronca unos
pies delante de mí cantando y recitando aquellas poesías que repito hasta el
cansancio. Es como él dice, "las canciones son para mejorar la vida".
Su magia, talento y palabras convirtieron hace tres años un tiempo regular en
uno espléndido. De igual manera, verlo el lunes transformó un día ordinario en
uno extraordinario. Tenía mis reservas sobre si Bellas Artes era el lugar ideal
para ver a Sabina, y no, no lo es, pero de alguna manera logró que el inmenso e
impersonal "teatrazo" se convirtiera en la acogedora sala de una casa
amiga. La escenografía me pareció deliciosamente primitiva y las imágenes que
se proyectaban al fondo, dignas del artista irreverente que él es.
Sin
duda, el concierto de Joaquín Sabina será uno de esos recuerdos de los que uno
echa mano cuando el camino se pone un tanto agrio.
Lester
Jiménez: No sé quién disfrutó más el concierto, si nosotros en el público o el
propio Sabina en la tarima. Parecía que se lo estaba gozando tanto o más que el
trago de whisky que siempre lo acompaña. Dos horas y media de sus más populares
escritos, salpicados con su picardía, sinceridad y humor urbano, es demasiado
pedir para un ser humano que con las muelas de atrás aceptó estar enfermo de
gripe, pero que el calor isleño muy bien le sirvió de paños tibios y jarabe
para su catarro peninsular. Tener la oportunidad de ver por primera vez a un
cantautor de esa envergadura siempre deja el sabor de querer escuchar más. Pero
su trayectoria de muchos años no se puede enlatar en una sola función.
Demasiadas emociones juntas para una sola noche. Luego de dos súplicas y ocho
complacencias, sería un descarado el que se atreviera a pedirle una más. Nos
sobran los motivos para estar satisfechos.
Frances
Tirado: En la noche del lunes me sobraron los motivos para salir encantada y con
el alma inundada de poesía y sentimientos luego de tener el placer de disfrutar
por vez primera el concierto de Joaquín Sabina.
Tengo
que admitir que cuando llegué al espectáculo estaba un tanto agotada por el
trajín del trabajo, pero una vez comenzó mi piel se erizó al ser contagiada con
la energía de un eufórico público que, para mi sorpresa, en ningún momento se
cohibió de expresar su admiración al artista.
Mi
asistencia a esta presentación fue más por curiosidad que por ser una fiel
fanática del intérprete, pero luego de deleitarme con un exquisito repertorio,
me he declarado nueva fan de este distinguido poeta que, como el vino al pasar
de los años, conserva su encanto.
NOEL ALGARÍN
MARTÍNEZ PRIMERA HORA
AUNQUE
no se habían visto nunca en persona, el cantaescritor español Joaquín Sabina y
el publicó que llenó a capacidad la Sala de Festivales del Centro de Bellas
Artes de San Juan la pasada noche del lunes parecían amantes de toda la vida.
Sabina no paró de reír y disfrutar por las cercas de tres horas que duró su
concierto, mientras el público no se cansó de mimarlo, darle muestras de amor y
de aplaudirlo en todo momento.
Decir
que Sabina, con sus 53 años a cuestas, se dejó la voz en la tarima en su
primera y única presentación en Puerto Rico hasta la fecha no es una hipérbole.
Literalmente, "El Flaco de Ubeda" –como le apodan– entregó al público
la poca y maltratada voz que le queda, la cual ofreció sin reservas, a pesar de
atravesar por una fuerte gripe. Más bien la derrochó.
"Nos
Sobran los Motivos", nombre del espectáculo, comenzó poco después de las
8:30 de la noche, con la sinfonía de la canción "Lili Marlene", y dos
hombres cargando un candelabro que colocaron en unas esculturas que parecían
columnas griegas a las esquinas del escenario.
Luego,
disfrazado del fenecido cómico estadounidense Groucho Marx, Antonio García de
Diego, integrante de la banda de Sabina, se sentó al piano y comenzó a tocar
los primeros acordes de "Peces de ciudad", tema que el artista
español había escrito para su compatriota Ana Belén, pero que se decidió a
grabar en su último disco "Dímelo en la calle", publicado en España
el 28 de octubre pasado y que todavía no llega a Puerto Rico.
Así,
lentamente entró por detrás del escenario el ángel de alas negras y aureola
corrompida por los vicios y excesos. Con su boca de diablo y garganta de lija
20, de ésas que se compran en la ferretería de la esquina, Sabina comenzó a
cantar vestido con chaqueta y sombrero cuya tela llevaba estampados que
imitaban las primeras planas de un periódico. El resto del escenario también
estaba pasquinado con páginas de periódicos, incluyendo un caballo de carrusel
de feria que permanecía justo al frente de una pantalla gigante que colgaba al
fondo y en la que se proyectaron imágenes relacionadas a los más de 25 temas
que cantó Sabina en la noche.
Poco a
poco se fueron incorporando el resto de los músicos de la banda: el bajista y
guitarrista Pancho Varona, la corista Olga Román y el batería Pedro Barceló.
A
"Peces en la ciudad" le siguió un corto saludo y luego "Medias
negras" y "Rosa de Lima". Ya para la cuarta canción de la noche,
"Tan joven y tan viejo", se notaba que Sabina se sentía en casa y así
lo demostró al quitarse el sombrero y lanzarlo fuera del escenario con el que
también se fue volando todo el protocolo y la seriedad. Fue justo en este
momento que el cantaescritor recibió una de las ovaciones más grandes de la
noche.
"La
canción más hermosa" incluida en su último disco, dio paso al sonido de la
mandolina que marcaba el inicio de "Ruido". Poco después aprovechó
para saludar a su compatriota y también artista Manolo Tena, a quien le había
escrito hace cerca de 20 años el tema "Conductores suicidas".
"Como
un dolor de muelas", escrita junto al Subcomandante Marcos, la bella
"A la sombra de un león" y su oda a las prostitutas "La
Magdalena", mantuvieron al público delirante. Unos aplaudían, otros
coreaban las canciones de principio a fin, mientras otros preferían callar y
dejarse llevar por las irónicas y románticas letras. Eso sí, toda la audiencia
se mostró entusiasta de principio a fin.
"Y
sin embargo", "Yo también sé jugarme la boca" y "Calle
Melancolía" también fueron parte de la muestra que ofreció el cantante y
que recorrió sus más de dos décadas de carrera.
"De
las muchas españas que hay, la más que me gusta es la España republicana.
Igual, el Puerto Rico que más me gusta es el republicano", dijo en alusión
a su simpatía por la causa independentista en la Isla. En ese momento invitó a
subir a escena al boricua Roy Brown que cantó "Boricua en la Luna" y
"Oubao-Moin".
Para
entonces todavía quedaban una decena de canciones y ya el concierto sumaba dos
horas. Sin embargo nadie se quería ir, incluyendo a Sabina, quien al menos por
una noche pudo haber tomado prestado el verso de una las canciones de su
enemigo íntimo, Fito Páez, aquella que dice "quién dijo que todo está
perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón". Después de todo, le sobraban los
motivos para hacerlo.
LORNA ZAYAS
PARA PRIMERA HORA
|
|
…Y NOS
dieron la una, las dos y las tres con Joaquín Sabina, el poeta, el cantante, el
maestro.
El
increíble concierto que realizó Sabina este lunes en San Juan resultó un
delicioso aperitivo para lo que ocurriría luego en un hotel de Condado, en el
que de manera espontánea y sin mucho aspaviento, se dio un genuino intercambio
de talentos e historias entre admiradores y el propio cantautor, quien estaba
acompañado de su novia, Jimena Coronado.
Varias
mesas al lado de una barra –¿dónde más?– fueron escenario de una reunión tan
espontánea como increíble, cuando respetadas figuras de nuestra música, como
Roy Brown y Zoraida Santiago, y del Viejo Continente, como Manolo Tena y Pancho
Varona, cantaron, compartieron y celebraron a Sabina acompañados sólo de una
guitarra y la admiración mutua.
Manolo
Tena, influyente cantautor español, se encontraba de paso por la Isla para
conocerla y extendió su visita al saber del concierto que su compatriota
realizaría en el Centro de Bellas Artes de San Juan.
Con su
eterno whisky y su cigarro, Sabina recibió, igualmente agradecido, melodías interpretadas
y escritas por tres de los jóvenes que componen el Taller de Cantautores,
fundado en la Isla hace poco más de un año y medio, y del mexicano Alex Manuel,
quien rompió el hielo con uno de los temas más conocidos de Sabina,
"Princesa".
Walter
Morciglio, Fernando Ferrer y José Julián Ramírez, integrantes del taller, no
salían de su asombro por las muestras de cariño conferidas por Sabina, quien en
ocasiones les besó, les abrazó y hasta dijo en tono de broma que "me
encojona que canten mejor que yo" y "me jode que hagan mi
autobiografía por mí", refiriéndose a lo bien que conocían su trayectoria
y su música.
Un
tipo grande que no le interesa saber lo grande que es, que recibe halagos con
naturalidad y hasta con algo de vergüenza es el Joaquín Sabina que aseguró
frente a todos que "esta noche nunca la olvidaré; el estar en el escenario
disfrutándome otro tipo que no soy yo (refiriéndose a Roy Brown, a quien invitó
a subir a la tarima durante su concierto), fue increíble. Era precioso ver cómo
la gente agradecía que te hubiera invitado", dijo dirigiéndose al
cantautor boricua, quien se encontraba con su compañera Emily Viqueira.
Roy
Brown dijo, por su parte, que el gesto del creador de "Amor se llama el
juego" fue "gentil, inolvidable".
"Este
encuentro es uno de esperanza, él es un poeta. Yo he ido a muchos conciertos y
nunca había visto una recepción como la que le dieron", remató el
cantautor puertorriqueño, quien luego entonó "En la vida todo es ir",
con Sabina tratando de seguirlo en la letra.
Sabina
también flirteó con una plena puertorriqueña, junto a su compadre y compañero
de banda Pancho Varona, gesto que agradecieron los bohemios, los que
aprovecharon la emotiva velada para celebrar los 29 años de Michel Rodríguez,
que realiza decorado y vestuario para las producciones del ídolo español.
De su
sentir luego de la recepción obtenida de sus fanáticos puertorriqueños, frente
a quienes nunca se había presentado, Joaquín Sabina fue muy directo: "No
tengo ni que decirte cómo me siento. Sólo mírame, mírame la cara, mira lo que
está pasando. Observa, y entonces, escribe tú".