Joaquín Sabina poeta de la provocación

FIRUZEH SHOKOOH VALLE   PRIMERA HORA



El ídolo español encantó a la concurrencia del Centro de Bellas Artes de San Juan. (Para PRIMERA HORA / Gabriel López Albarrán)

EL cantautor español Joaquín Sabina volcó humanidad, poesía y sentimiento en el memorable espectáculo circense "Nos sobran los motivos" que se escenificó en la noche del lunes en el Centro de Bellas Artes de San Juan.

El llamado "Flaco de Úbeda", que se presentó por primera vez en Puerto Rico, estremeció al público con su capacidad de hacerle sentir desde la desesperación más absoluta de la intimidad de una pareja que enfrenta el desamor hasta la locura de un dolor de muelas del subcomandante Marcos a través de un recorrido por sus clásicos y de las canciones de su nuevo disco "Dímelo en la calle".

Ante una sala llena a capacidad, la velada inició a las 8:45 de la noche con la entrada de dos caballeros, al estilo de los lords ingleses, con largas pelucas blancas que llevaban candelabros antiguos encendidos a un escenario que contenía una tarima que simulaba un circo-teatro, forrada de periódicos, con maletas, un dado gigante y un pequeño sofá bohemio.

Ataviado con una chaqueta blanca con motivos de periódicos, su típico sombrero chaplinesco del mismo color y pantalón y camisa negra, un flaco y desgarbado Joaquín Sabina comenzó con "Peces de ciudad", de su nuevo álbum, en hermoso homenaje a lo urbano, uno de los ejes de sus composiciones.

Mientras cantaba, en la parte de al frente un miembro de su equipo movía sutilmente largas piezas que componían un oleaje.

"Buenas noches Puerto Rico. He tenido que cumplir cuarenta y trece años para venir a Puerto Rico, donde se habla nuestra lengua con tan dulce acento", manifestó un simpático Sabina mientras entraban disfrazados los excelentes músicos que lo acompañan hace muchos años.

Al fondo había una pantalla gigante que en todo momento mostró imágenes diversas, dibujos de teatros antiguos, fotografías, pinturas y los manuscritos de algunos de los temas, que ingeniosamente coqueteaban con el contenido de las canciones del artista con más de 30 años de trayectoria.

Luego interpretó el clásico "Medias negras", con un distinto arreglo al ritmo del son cubano, siguió con "Rosa de Lima", luego de la cual surgieron gritos del público –compuesto por una diversidad generacional que abarcaba desde jóvenes universitarios hasta personas mayores–, que clamaban por sus canciones favoritas.

Entonces, un histriónico Sabina, que construyó un juego constante entre el teatro y la música, entonó "Tan joven y tan viejo", no sin antes comentar ante los delirantes espectadores que no cesaron de ovacionarlo: "Me habían dicho que eran un público muy tranquilo, pero ya veo que sois como me gustan a mí".

El cantautor vocalizó "La canción más hermosa del mundo", de su nuevo disco "Dímelo en la calle", una especie de repaso a su vida transformada por un leve derrame cerebral que sufrió el año pasado, y después vino la intensa "Ruido", el relato del estallido del fin de una relación.

"Las canciones no están para retratar la vida, sino para mejorarla. Quiero dedicar esta canción a la persona que me inspiró, que por cierto está aquí. Se llama Manolo Tena", indicó al proseguir con la rockera "Conductores suicidas", que dedicó a su gran amigo el músico español Manolo Tena.

"Como un dolor de muelas", también de su nueva producción e interpretada por Varona y Sabina, nació cuando "un día recibí una carta del subcomandante Marcos (líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional) que me decía que estaba jodido, que tenía dolor de muelas, que su novia lo había dejado y que estaba hecho mierda en la selva, que no tenía ni revistas pornos y que quería que le hiciera una canción para que su novia volviera con él. No creo que vuelva porque he tardado ocho años en hacerla (carcajadas)", explicó con su eterna picardía.

Después, le cedió el escenario a Varona y a la exquisita voz de Olga Román, "con quienes ha durado más que con cualquiera de mis familias", quienes interpretaron respectivamente "Esta boca es mía" y "Nada es suficiente".

La guapa rubia de pelo rizo continuó con la emotiva "A la sombra de un león", a la que se le unió Sabina ahora vestido de chaqueta, pantalón y sombrero negro con una camisa blanca a rayas. Pero fue en "La Magdalena" en la que ambos montaron una original interpretación en que encarnan a una prostituta fumando con boquilla y al hombre que muere por ella, ante imágenes eróticas.

Siguieron "Y sin embargo te quiero", magistralmente entonada al principio por Olga Román, "Yo también sé jugarme la boca" y la mil veces solicitada "Calle melancolía".

"Todas esas peticiones envíenlas a sabina puto com", puntualizó entre risas el vocalista.

Joaquín Sabina, que proyectó su típica voz ronca respaldado por un excelente sonido y un tenue juego de luces que iluminaba su espectáculo histriónico, entonó la potente "Nos sobran los motivos" que una vez más incitó al público a cantar.

Sin dejar a un lado su compromiso político, el cantautor mencionó que "uno es lo que es, pero aparte de todo es un tipo curioso. Uno sabe que existen algunos Puerto Ricos como hay muchas Españas, la que más me gusta de España es la republicana y la de Puerto Rico es la republicana también. Hace muchos años que escucho en mi casa a una persona que quiero presentar y se llama Roy Brown".

Llamado al escenario, el cantautor boricua se fundió en un fraternal abrazo con su colega para luego interpretar, ante los vítores de la gente, la emblemática "Boricua en la luna" durante la que Sabina permaneció sentado en la tarima observándolo con genuina admiración.

Mientras se proyectaba al fondo la palabra "brown" escrita en cursivo en marrón con un fondo del mismo color en tonos amarillentos, Roy Brown emocionó a los asistentes y luego pidió permiso al protagonista de la noche para invitar a Zoraida Santiago a interpretar "Oubao Moin".

Joaquín Sabina, quien con inigualable desprendimiento entregó el escenario, se levantó para cantar junto a los boricuas y tocar la pandereta.

"No sé qué decir. Primero que estoy muy orgulloso y segundo que uno sabe elegir a sus amigos", precisó Sabina, quien siempre mostró una transparente intimidad ante los apasionantes gritos del público.

Ya eran las 10:45 de la noche cuando el genial compositor de la cotidianidad entonó un medley compuesto por los temas "Soledad", "Sol" y "Contigo" para despedirse frente a los reclamos ensordecedores de "otra".

Y regresó. Esta vez con una sesión inspirada en la música mexicana que incluyó "Camas vacías", "Ya eyaculé" y "19 días y 500 noches".

El cantante volvió a despedirse cuando al par de minutos se escuchó el sonido de un tren que anunciaba la llegada a una estación, y allí retornó vestido nuevamente con su chaqueta blanca con imágenes de periódicos para entonar "Dragones", "Ganas de", "Noches de boda" y la clásica "Y nos dieron las diez".

"Si queréis oírme cantar bien tendréis que contratarme otra vez. Les costará lo mismo que hoy, considerando el costo de la vida", dijo Sabina que antes había mencionado que tenía un fuerte catarro que casi no le permite presentarse.

A las 11:30 de la noche, luego de dos horas y 45 minutos de un monumental despliegue musical, los caballeros con pelucas recogieron los candelabros y Joaquín Sabina cerró la carpa del circo que trajo desde Madrid para comprobar que la diversión, el amor, la intimidad, el dolor, lo cotidiano y la vida misma puede encontrarse en un teatro.

 

Periodistas comparten su visión total del espectáculo

Oscar J. Serrano: Después de hablar con mi esposa, Amarilys, coincidimos en que Sabina nos regaló un espectáculo único en el que tanto él como el público estaban muy conscientes del evento histórico que vivíamos. De que era la primera vez que llegaba, como dijo, a una nueva isla para naufragar.

Ante nosotros, que no somos fanáticos de hace tanto tiempo como la mayoría de los asistentes, El Flaco de Ubeda se reveló como un artista completo, y no de los que se manejan con arrogancia porque viven en un mundo aparte en el que creen que sólo ellos pueden habitar.

Sabina recoge la experiencia de la calle, de la vida, para conjugarla con la expresión musical y el lenguaje artístico y regalarla, como pequeñas joyas de cinco minutos cargadas de imágenes que taladran el intelecto y la emoción. "Hablaron las imágenes, las imágenes fueron protagonistas", resumió Amarilys.

Todo eso sin dejar de hacerte sentir como si estuvieras compartiendo la última copa con el borracho más viejo e irredimible de la barra... que sigue bebiendo en la esquina más oscura aun cuando el local está cerrado.

María Cristina Moreno: Uno va por la vida recolectando memorias. Las buenas las almacenamos en nuestro disco duro para que nos acompañen para el resto de la vida. Las sacamos y las desempolvamos a nuestra conveniencia cada vez que nos da un ataque de tristeza. Las no tan agradables, las transformamos en aprendizajes y, al digerirlas y asimilarlas, terminan en el mismo lugar que las primeras. Para mí, Sabina es un poco de las dos. Descubrí a Sabina gracias a alguien que, por decir mucho, lo único bueno que me dejó fue a Sabina. Resulta irónico que conociera a este cantante que hoy me provoca satisfacción en uno de los momentos más amargos de mi vida.

Pensé en todo esto mientras, finalmente, tenía al enjuto hombre de voz ronca unos pies delante de mí cantando y recitando aquellas poesías que repito hasta el cansancio. Es como él dice, "las canciones son para mejorar la vida". Su magia, talento y palabras convirtieron hace tres años un tiempo regular en uno espléndido. De igual manera, verlo el lunes transformó un día ordinario en uno extraordinario. Tenía mis reservas sobre si Bellas Artes era el lugar ideal para ver a Sabina, y no, no lo es, pero de alguna manera logró que el inmenso e impersonal "teatrazo" se convirtiera en la acogedora sala de una casa amiga. La escenografía me pareció deliciosamente primitiva y las imágenes que se proyectaban al fondo, dignas del artista irreverente que él es.

Sin duda, el concierto de Joaquín Sabina será uno de esos recuerdos de los que uno echa mano cuando el camino se pone un tanto agrio.

Lester Jiménez: No sé quién disfrutó más el concierto, si nosotros en el público o el propio Sabina en la tarima. Parecía que se lo estaba gozando tanto o más que el trago de whisky que siempre lo acompaña. Dos horas y media de sus más populares escritos, salpicados con su picardía, sinceridad y humor urbano, es demasiado pedir para un ser humano que con las muelas de atrás aceptó estar enfermo de gripe, pero que el calor isleño muy bien le sirvió de paños tibios y jarabe para su catarro peninsular. Tener la oportunidad de ver por primera vez a un cantautor de esa envergadura siempre deja el sabor de querer escuchar más. Pero su trayectoria de muchos años no se puede enlatar en una sola función. Demasiadas emociones juntas para una sola noche. Luego de dos súplicas y ocho complacencias, sería un descarado el que se atreviera a pedirle una más. Nos sobran los motivos para estar satisfechos.

Frances Tirado: En la noche del lunes me sobraron los motivos para salir encantada y con el alma inundada de poesía y sentimientos luego de tener el placer de disfrutar por vez primera el concierto de Joaquín Sabina.

Tengo que admitir que cuando llegué al espectáculo estaba un tanto agotada por el trajín del trabajo, pero una vez comenzó mi piel se erizó al ser contagiada con la energía de un eufórico público que, para mi sorpresa, en ningún momento se cohibió de expresar su admiración al artista.

Mi asistencia a esta presentación fue más por curiosidad que por ser una fiel fanática del intérprete, pero luego de deleitarme con un exquisito repertorio, me he declarado nueva fan de este distinguido poeta que, como el vino al pasar de los años, conserva su encanto.

Amantes de toda la vida

NOEL ALGARÍN MARTÍNEZ   PRIMERA HORA


AUNQUE no se habían visto nunca en persona, el cantaescritor español Joaquín Sabina y el publicó que llenó a capacidad la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes de San Juan la pasada noche del lunes parecían amantes de toda la vida. Sabina no paró de reír y disfrutar por las cercas de tres horas que duró su concierto, mientras el público no se cansó de mimarlo, darle muestras de amor y de aplaudirlo en todo momento.

Decir que Sabina, con sus 53 años a cuestas, se dejó la voz en la tarima en su primera y única presentación en Puerto Rico hasta la fecha no es una hipérbole. Literalmente, "El Flaco de Ubeda" –como le apodan– entregó al público la poca y maltratada voz que le queda, la cual ofreció sin reservas, a pesar de atravesar por una fuerte gripe. Más bien la derrochó.

"Nos Sobran los Motivos", nombre del espectáculo, comenzó poco después de las 8:30 de la noche, con la sinfonía de la canción "Lili Marlene", y dos hombres cargando un candelabro que colocaron en unas esculturas que parecían columnas griegas a las esquinas del escenario.

Luego, disfrazado del fenecido cómico estadounidense Groucho Marx, Antonio García de Diego, integrante de la banda de Sabina, se sentó al piano y comenzó a tocar los primeros acordes de "Peces de ciudad", tema que el artista español había escrito para su compatriota Ana Belén, pero que se decidió a grabar en su último disco "Dímelo en la calle", publicado en España el 28 de octubre pasado y que todavía no llega a Puerto Rico.

Así, lentamente entró por detrás del escenario el ángel de alas negras y aureola corrompida por los vicios y excesos. Con su boca de diablo y garganta de lija 20, de ésas que se compran en la ferretería de la esquina, Sabina comenzó a cantar vestido con chaqueta y sombrero cuya tela llevaba estampados que imitaban las primeras planas de un periódico. El resto del escenario también estaba pasquinado con páginas de periódicos, incluyendo un caballo de carrusel de feria que permanecía justo al frente de una pantalla gigante que colgaba al fondo y en la que se proyectaron imágenes relacionadas a los más de 25 temas que cantó Sabina en la noche.

Poco a poco se fueron incorporando el resto de los músicos de la banda: el bajista y guitarrista Pancho Varona, la corista Olga Román y el batería Pedro Barceló.

A "Peces en la ciudad" le siguió un corto saludo y luego "Medias negras" y "Rosa de Lima". Ya para la cuarta canción de la noche, "Tan joven y tan viejo", se notaba que Sabina se sentía en casa y así lo demostró al quitarse el sombrero y lanzarlo fuera del escenario con el que también se fue volando todo el protocolo y la seriedad. Fue justo en este momento que el cantaescritor recibió una de las ovaciones más grandes de la noche.

"La canción más hermosa" incluida en su último disco, dio paso al sonido de la mandolina que marcaba el inicio de "Ruido". Poco después aprovechó para saludar a su compatriota y también artista Manolo Tena, a quien le había escrito hace cerca de 20 años el tema "Conductores suicidas".

"Como un dolor de muelas", escrita junto al Subcomandante Marcos, la bella "A la sombra de un león" y su oda a las prostitutas "La Magdalena", mantuvieron al público delirante. Unos aplaudían, otros coreaban las canciones de principio a fin, mientras otros preferían callar y dejarse llevar por las irónicas y románticas letras. Eso sí, toda la audiencia se mostró entusiasta de principio a fin.

"Y sin embargo", "Yo también sé jugarme la boca" y "Calle Melancolía" también fueron parte de la muestra que ofreció el cantante y que recorrió sus más de dos décadas de carrera.

"De las muchas españas que hay, la más que me gusta es la España republicana. Igual, el Puerto Rico que más me gusta es el republicano", dijo en alusión a su simpatía por la causa independentista en la Isla. En ese momento invitó a subir a escena al boricua Roy Brown que cantó "Boricua en la Luna" y "Oubao-Moin".

Para entonces todavía quedaban una decena de canciones y ya el concierto sumaba dos horas. Sin embargo nadie se quería ir, incluyendo a Sabina, quien al menos por una noche pudo haber tomado prestado el verso de una las canciones de su enemigo íntimo, Fito Páez, aquella que dice "quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón". Después de todo, le sobraban los motivos para hacerlo.

Joaquín Sabina de bohemia con sus amigos

LORNA ZAYAS   PARA PRIMERA HORA


…Y NOS dieron la una, las dos y las tres con Joaquín Sabina, el poeta, el cantante, el maestro.

El increíble concierto que realizó Sabina este lunes en San Juan resultó un delicioso aperitivo para lo que ocurriría luego en un hotel de Condado, en el que de manera espontánea y sin mucho aspaviento, se dio un genuino intercambio de talentos e historias entre admiradores y el propio cantautor, quien estaba acompañado de su novia, Jimena Coronado.

Varias mesas al lado de una barra –¿dónde más?– fueron escenario de una reunión tan espontánea como increíble, cuando respetadas figuras de nuestra música, como Roy Brown y Zoraida Santiago, y del Viejo Continente, como Manolo Tena y Pancho Varona, cantaron, compartieron y celebraron a Sabina acompañados sólo de una guitarra y la admiración mutua.

Manolo Tena, influyente cantautor español, se encontraba de paso por la Isla para conocerla y extendió su visita al saber del concierto que su compatriota realizaría en el Centro de Bellas Artes de San Juan.

Con su eterno whisky y su cigarro, Sabina recibió, igualmente agradecido, melodías interpretadas y escritas por tres de los jóvenes que componen el Taller de Cantautores, fundado en la Isla hace poco más de un año y medio, y del mexicano Alex Manuel, quien rompió el hielo con uno de los temas más conocidos de Sabina, "Princesa".

Walter Morciglio, Fernando Ferrer y José Julián Ramírez, integrantes del taller, no salían de su asombro por las muestras de cariño conferidas por Sabina, quien en ocasiones les besó, les abrazó y hasta dijo en tono de broma que "me encojona que canten mejor que yo" y "me jode que hagan mi autobiografía por mí", refiriéndose a lo bien que conocían su trayectoria y su música.

Un tipo grande que no le interesa saber lo grande que es, que recibe halagos con naturalidad y hasta con algo de vergüenza es el Joaquín Sabina que aseguró frente a todos que "esta noche nunca la olvidaré; el estar en el escenario disfrutándome otro tipo que no soy yo (refiriéndose a Roy Brown, a quien invitó a subir a la tarima durante su concierto), fue increíble. Era precioso ver cómo la gente agradecía que te hubiera invitado", dijo dirigiéndose al cantautor boricua, quien se encontraba con su compañera Emily Viqueira.

Roy Brown dijo, por su parte, que el gesto del creador de "Amor se llama el juego" fue "gentil, inolvidable".

"Este encuentro es uno de esperanza, él es un poeta. Yo he ido a muchos conciertos y nunca había visto una recepción como la que le dieron", remató el cantautor puertorriqueño, quien luego entonó "En la vida todo es ir", con Sabina tratando de seguirlo en la letra.

Sabina también flirteó con una plena puertorriqueña, junto a su compadre y compañero de banda Pancho Varona, gesto que agradecieron los bohemios, los que aprovecharon la emotiva velada para celebrar los 29 años de Michel Rodríguez, que realiza decorado y vestuario para las producciones del ídolo español.

De su sentir luego de la recepción obtenida de sus fanáticos puertorriqueños, frente a quienes nunca se había presentado, Joaquín Sabina fue muy directo: "No tengo ni que decirte cómo me siento. Sólo mírame, mírame la cara, mira lo que está pasando. Observa, y entonces, escribe tú".


Muchas gracias a Eieri Ossorio Alvarado (corresponsal en Puerto Rico!) por enviarme esta información
Artículo aparecido en Primera Hora (06 Noviembre 2002).