" No seré un pibe rocanrolero toda la vida "
Joaquín Sabina superó
una isquemia cerebral, lanzó un nuevo disco y planea una gira para mayo.
Sobre la mesa de la habitación hay varios libros. Genet, Baudelaire,
Sartre, Simone de Beauvoir. Ediciones antiguas. Elegidas por alguien que sabe
lo que busca. "Eso no es nada -dice Joaquín Sabina-, mirá lo que tengo
acá."
Acá es el otro cuarto, donde hay más libros. Varias pilas que compró en
estos días. "Siento que me estoy llevando un botín", dice, mientras
levanta un "Mariana Pineda", primera edición española de la obra de
Federico García Lorca, en tapa blanda y coloreada. "Tras más de setenta
años volverá a su lugar de origen", dice mientras muestra los Borges, los
Cortázar, algún Martín Fierro, varios García Márquez.

Sabina ha descubierto el placer de las primeras ediciones. "En los
últimos dos años he ido desarrollando una pasión por los libros y las primeras
ediciones, esa cosa como de coleccionista, sobre todo influenciado por algunos
amigos escritores. He cambiado un poco de vida y ellos me han metido un poco en
la maldita manía de comprar primeras ediciones. Hay un placer en eso de tener
en tus manos el mismo libro que tuvo el autor cuando salió de la imprenta. Y
esa belleza de los caracteres antiguos..."
Sin embargo, las cosas han seguido en movimiento. En octubre editó su nuevo
disco, "Dímelo en la calle", en el que, desde la tapa en la que
aparece como boxeador, demuestra que está dispuesto a dar pelea. Lo que no sabe
aún es cuándo ni cómo lo presentará en vivo.
"Supongo que me voy a meter en una gira a partir de mayo, pero no está
absolutamente seguro. Desde luego que si es así, para octubre o noviembre
estaré aquí. O en cualquier momento, porque no me imagino la vida sin subirme
al Gran Rex de vez en cuando. Ese ha sido uno de los placeres grandes de mi
vida en los últimos diez o quince años y sería terrible tener que renunciar a
ello. Pero sí tengo que decir que por lo pronto llevo casi un año sin subirme
al escenario. Me subí el lunes y más vale que no lo hubiera hecho."
Es que la estada de Sabina a Buenos Aires no fue sólo para comprar libros.
Vino invitado para la entrega de los premios Gardel a la Música que se realizó
el lunes último y en la que el cantante español subió al escenario a cantar un
tema. Pero el micrófono le jugó una mala pasada que frustró su actuación.
-¿Te enojaste mucho?
-No, tengo una especie de cosa medio zen que es que lo que no tiene
arreglo, no tiene arreglo. No me enfadé en lo más mínimo. Se pasó un rato malo,
claro, pero al final uno piensa que nadie tiene la culpa, que estaba todo
desorganizado. El propio Charly García no fue. Yo había venido a cantar y a
darle un premio a García y ninguno de los dos estuvimos a la hora del premio.
Del escenario me vine a esta habitacioncita de hotel, con mis primeras
ediciones. Pero no salí endemoniado, aunque tenía muchas ganas de un escenario
de Buenos Aires. Pero las condiciones estaban por debajo de lo mínimo.
-Si tenés tantos deseos de escenario, ¿por qué dudás sobre la gira?
-Pues porque después de un par de años sin hacer giras gordas, es difícil
ponerse a armar un espectáculo completo, sabiendo que hay muchas expectativas,
con miedo de defraudar, con miedo también porque no sé aún si físicamente
aguanto una gira de cien conciertos por diez países. He hecho una minigira por
México, pero era una cola que había quedado de la anterior, un concierto que ya
me sé, que he hecho mil veces. No estoy seguro de tener la energía para armar
algo nuevo, ni he decidido si va a ser en grandes foros o en teatritos
pequeños. En fin, todo ese tipo de cosas que pasan cuando uno está en una
encrucijada de la vida y no se fía demasiado de sí mismo. Voy a volver a los
escenarios, pero no sé cómo ni cuándo.
-¿Y cómo te resultó la grabación de este disco?
-No quise sentirme empujado por nadie, ni siquiera por mí, así que cuando
tenía ganas de grabar, grababa y cuando no, no. Nos pusimos un estudio en mi
casa, luego viajamos al campo y no lo hicimos de un tirón, con la presión de
que hay que sacarlo tal día.
El álbum incluye un tema, "Como un dolor de muelas" cuyo crédito
letrístico comparte Sabina con el subcomandante Marcos. Atrás, claro, hay una
historia, contado por este buen narrador de cuentos.
"Un día, hace ya como 8 años, recibí a un emisario que me traía una
carta de Marcos, muy divertida, porque no tenía una palabra de política. Decía
que tenía dolor de muelas, que estaba en la selva Lacandona, que lo había
dejado su novia, que se aburría, que llovía y que, para recuperar a su novia
había pensado que si yo le hacía de cómplice podía fingir que éramos íntimos y
que íbamos a hacer una canción. Me mandaba un trocito de letra y a mí, que soy
de pueblo, y que los grandes revolucionarios me han dejado siempre un poco como
aplastado, pues que la responsabilidad histórica me pesó tanto que estuve ocho
años sin poder hacerlo, completamente bloqueado. Hasta que decidí añadirle un
trocito de letra, Pancho Varona, mi músico, me trajo una melodía preciosa y
pues que la hemos grabado".
Es extraño que alguien con la facilidad de palabra como Sabina hubiera
estado bloqueado. Alguien que, en todo caso, encontró por azar el oficio de
músico popular. Casualidad porque fue en su exilio en Londres, en los últimos
años del franquismo, donde descubrió que se vivía mejor cantando en los bares
canciones de Dylan o Chavela Vargas que lavando platos.
Desde aquellos tiempos, a comienzos de los 70, Sabina combinó su pasión por
las letras con la música. "Es que no tengo una voz, no la he tenido nunca,
ni soy un gran músico, pero me parecía que se podía dignificar un poquito el
pop rock o la canción popular o como se le llame. Me parecía que no era tan
difícil, que había una gran tradición que pasa por el tango y por Atahualpa
Yupanqui, por hablar sólo de la Argentina. Me pareció que algo podía aportar y
luego de eso hice un oficio, cosa que nunca había pensado. Un oficio que me ha
tratado muy bien."
Escribir, siempre había escrito, desde los catorce años, dice. Y había
comenzado a estudiar Filología Románica en la Universidad de Granada. "Sí
-concede-, pero yo pensaba que iba a escribir unos libros de poesía que nadie
iba a leer, que iba a dar clases de literatura en un instituto de provincias.
Eso era para donde yo iba".
Luego descubrió quiénes podían engrandecer la canción. "Dylan, desde
el punto de vista del caos de las letanías y de la aglomeración de palabras. Y
Cohen, con su exquisito rigor literario. También Brassens y los tangos. Es que
cuando empecé a pensar en serio en escribir letras dignas en español para un
género popular de música, me encontré inmediatamente con Manzi y con Discépolo.
Absolutamente literarios y que sin embargo no renunciaban al gran
público."
El gusto por la rima y por la palabra quedó de manifiesto, también, en la
reciente edición de "Ciento volando en catorce", un libro de sonetos.
-¿Por qué sonetos?
-Es que te obligan a la disciplina y tienen un regusto muy clásico. Es la
perla de la poesía rimada en español. Tienen una cosa fantástica. Yo decidí que
iba a hacer cien y cuando vas por el treinta ya piensas en endecasílabas,
hablas en soneto. Sólo andas buscando rimas, pescándolas. Me gustó callejearlo,
mantener la estructura, pero con palabras actuales. Al principio tenía unos
veinte que había escrito para bodas, banquetes o bautizos. Me gusta ser un poco
como los payadores y que si un amigo mío se casaba o se había peleado conmigo
le mandaba un soneto, o para un brindis después de una cena y tal y cual.
No hay tanta distancia, en verdad, con la canción, que también obliga a un
formato, al estribillo, a la rima. "Es aún peor que el soneto, casi. He
discutido el tema con poetas y cantantes y estamos casi todos de acuerdo en que
la canción es incluso más difícil. Y desde luego los poetas jamás son tan
felices como cuando se les canta, todos se mueren porque les pongan música,
entregan el alma al diablo si los cantas. Los mejores son los cantables. Rafael
Alberti es muy cantable y Borges. Neruda menos, porque es más selvático. Tuñón,
es absolutamente cantable, como demostró el Cuarteto Cedrón con un disco en mi
opinión glorioso" y, tras la cita, Sabina recita/canta algunos trozos de
Tuñón.
Y, entre rimas y palabras, el rap aparece en el horizonte. "Me encanta
el rap, porque se basa en la rima. Y se oye cada cosa que crees que no es
posible, parecen chicos de colegio. Por eso tengo en la cabeza hacer un disco
de rap, uno entero rimando. Me gustan los raperos radicales, incluso Eminem y
los neoyorquinos, pero en nuestra lengua, cuando oigo rap y tal me parecen de
una inocencia bautismal. Algo basado en la rima y hecho de ese modo da ganas de
hacerlo mejor", concluye.
Pero sí hay algo donde Sabina dice que le faltan las palabras es en el
momento de hablar de la guerra contra Irak. "Me parece una cosa del
paleolítico inferior. No tengo palabras, no las tengo. Pero creo que esto ha
conseguido algo que no tenían previsto los jinetes éstos del apocalipsis, y que
es levantar las opiniones públicas del mundo de un modo nunca visto. El millón
de manifestantes que hubo el otro día en Madrid no lo había visto en mi vida.
Se me ha caído un lagrimón en la manifestación aquélla. Fui con mis hijas, con
los abuelos de mis hijas, con la señora de la limpieza, con la hermana de la
señora de la limpieza, con el que me vende el periódico. Era el país entero, no
he visto nada igual".
Adriana Franco
Cambio de hábitos
Cuando habla de cambio de vida, Sabina se refiere a ciertos cuidados que ha
debido tomar, luego de una isquemia cerebral que sufrió a fines de agosto de
2001. "Fue una isquemia cerebral leve, un ictus. Fijate que tuve un ictus
-dice remarcando la palabra-. Un ictus, como si fuera rico, porque los pobres
tiene almorranas o cosas así, no un ictus." Ha sacado el pie del
acelerador, cuenta, ya no pasa las noches en los bares ni cuatro días sin
dormir y lleva las cosas con más tranquilidad. "Me tomo unos whiskicillos,
claro, pero tengo que aceptar que tengo 54 años, que no seré un pibe
rocanrolero toda la vida, que hay que mirarse al espejo y decir "cálmate
un poco"".
Gracias a Juan Martín Zara por enviarme esta información.