MÚSICA | DICCIONARIO SABINA

El trovador de la mala vida



Lenguaraz, desafiante, chico malo, poeta de repente de toda la vida, Joaquín Sabina vuelve por los derroteros de sí mismo con un nuevo disco, “Dímelo en la calle”, y un libro, “Con buena letra”, que recoge todas sus composiciones. Saborea el éxito de haber vendido 100.000 ejemplares de su libro de sonetos en un país de escasos lectores. Hay Sabina para rato.

 
 
 
 

por Antonio Lucas. Fotografías de Chema Conesa


Joaquín Sabina tintinea los hielos del vaso de whisky por intervalos. Lo deja sobre la mesa, mira a la cámara y vuelve a recoger el mismo vaso como un trofeo a la paciencia, como un homenaje a la tarde que declina. De fondo suenan las canciones de su último disco, Dímelo en la calle, que encierra 13 nuevas letras. “Es un álbum bastante ecléctico. Me he permitido casi todo. Escucha, escucha ésta”, dice. Se refiere a la canción que ha escrito a medias con el subcomandante Marcos. “La primera parte es de él. Me mandó la letra por correo. Como se quedaba muy corta para componer un tema le añadí algunos versos más intentando respetar el estilo de Marcos”. Sabina comenta algunas de las canciones del nuevo disco paladeando la historia de su origen. Detrás, como desafiando a la música, por los pasillos de la casa, ruge un murmullo incesante. Hay gente por todas partes, como en aquel camarote de los hermanos Marx, pero dispuesto a lo ancho. Discuten de estrategias de mercado. Sabina, mientras, disfruta solo en un salón lleno.

Todo está sostenido sobre un caos inmaculado. Es una casa hecha a golpe de huellas de amistad, de ráfagas de humo, de libros y de risas. Entre tanta gente, Sabina parece un invitado más, un paseante en este museo de los días. Un caballo de tiovivo parte en dos el salón y de fondo, más temas de su último disco. Tan Sabina como siempre, tan lírico, tan vacilón, tan irreverente, tan alteradamente sereno como ahora. Cuando el periodista le sugiere que escriba la definición de algunas de las palabras que marcan mejor el itinerario de su alfabeto musical responde con media sonrisa: “¿Prefieres que lo haga como músico o como escritor?”.

–Hazlo como Sabina–, y rasga el bullebulle del ambiente con una carcajada.

“En cada disco me gusta probar. Tirar por donde no me espero. En esta ocasión he hecho hasta un tema de bakalao”. Y es cierto: sale de los bafles una música de sintetizadores que alcanza una extraña comunión con las primeras ediciones de Cernuda, con los libros de los poetas amigos que le trepan las paredes, con las fotos de su gente, con los cuadros de sus cómplices.

Llega el momento de escuchar 69.G, el primer single, que es un homenaje a los programas nocturnos de radio, quizá los que amparan esas mañanas trasnochadas de Sabina. Aunque asegura que ahora se toma la noche a sorbos cortos, con una amortiguación distinta. Sigue fumando, eso sí, y Jimena –su compañera– le enciende los Ducados mientras el cantante tararea sus nuevos temas.

Sigue sorprendiéndose de haber vendido casi 100.000 ejemplares de su libro de poemas, Ciento volando de catorce, publicado por la editorial Visor. “Es una barbaridad. Imagínate, en un país que cuenta con tan pocos lectores. Lo cierto es que si mi libro de sonetos vale para que al menos alguien se acerque con curiosidad a la poesía, el deseo está cumplido”.

En escaparate tiene también otro libro, Con buena letra (Temas de Hoy) que reúne todas las letras que ha compuesto desde Inventario, aquel primer álbum de 1978 que advirtió de un cantautor –por entonces era así– que llegaba con algo entre las manos: ¿dinamita y voltaje emocional? Son muchas canciones aplacadas entre dos tapas duras, mucho verso, mucho por cantar, demasiado dolor de papeles para una voz ametrallada. Más de 20 años militando en esa galaxia íntima donde se cruzan un compositor cuajado y un poeta de repente. Pero ambos en la misma historia, testigos del Cantar de los cantares de la barra de los bares.


 
 
 

Yo y mis palabras


El autor se enfrenta a 25 términos recurrentes en sus creaciones y define su significado

Cuernos. “Adorno imprescindible del macho cabrío, joden pero curten, no es igual ponerlos que lucirlos, mejor secretos que con publicidad, de pésimo gusto si es a un amigo (las mujeres de los amigos no tienen culo), favorecen poco pero casi nadie se libra de exhibirlos, yo tampoco, tengo un buen par de ellos en mi “ridículum vitae”. Crecen también y sobre todo en la imaginación del inseguro. Se sigue matando por ellos, sobre todo los hombres bestia. No trates con quien maltrata”.

Melancolía. “Calle donde vivo, enfermedad incurable, territorio donde crecen las más hermosas canciones, los versos más exquisitos, mejor que la tristeza, mejor que la alegría, cerradura de la llave de los sueños, hombro donde apoyar la cabeza, lágrima furtiva, patria de don nadie, casa del viudo, río de los que no saben nadar, malo conocido, ojo del ciego, brazo del manco, oído del sordo, nostalgia del futuro”.

Idiota. “El profesor que me suspendió en Matemáticas, el crítico que puso mal mi disco, lo que me dice el espejo, el que va de listo, nombre de un “rock&roll”, mejor que hijo de puta, Sardá, Van Gaal, Alfonso Ussía, otro que yo me sé, el novio de mi novia, el futuro novio de mi hija, lo que nadie cree que es, lo que somos casi todos”.

Madrid. “Hollywood, Las Vegas, Babilonia, Samarkanda, Shangri La, el centro geométrico de la nada, la quimera de un niño de provincias, allá donde se cruzan los caminos, Chicote, Rockola, Lavapiés, el Café Gijón, el Museo del Prado, la tuna de Veterinaria, la Cibeles sin mano, Neptuno con tridente, la Mariblanca, Malasaña, Goya, Velázquez, Almodóvar, Antonio López, la Mandrágora, Casa Lucio, el Hotel Palace, los pollos de Mingo, los callos de Maxi, putas, castizos, ‘yuppies’, subsecretarios. No pasarán”.

Amanecer. “Fin de la peli, telón, vomitona, familia, hora de irse a la cama, sol, batirse en retirada, taxistas, atascos, derrotas, llaves, porteras, cláxones, resacas, jabón, tostadas, paraguas, gabardinas, ascensores, calendarios, letra impresa, persianas”.

Maldito. “Héroe de novelas románticas, galán de cine negro, escritor sin afeitar que habita en la barra de los bares, condenado, pobrecito, desquiciado, confeso, contrito, tirado, vendido, comprado, pagado, perdido, enganchado, humillado, vejado, admirado, arrugado, vencido, alucinado, enfangado, destruido, manchado, bendito”.

Deseo. “Enemigo de la realidad, prescindible en el matrimonio, imprescindible en la pasión, mal consejero, buena bebida, mejor secreto y clandestino, insoportable fingido, más presente en las pajas que en las putas, patria del poeta y del pintor, maldición del casto, pecado inconfesable de la monja, enemigo del silicio, río de la sangre, hotel dulce hotel”.

Canutos. “Porros, ‘joint’, chocolate, yerbita de dios, mejores que Ducados y Marlboro, amigos comprensivos, buenas compañías, aliados de las musas, humo, Colombia, Ketama, rollito, ‘feeling’, Pink Floyd, ‘seventies’, Londres, San Francisco, policía, cáñamo, Parque de María Luisa, vasodilatadores, moritos, coleguitas, camellitos, bienmesabe, buenos para enfermedades del cuerpo y del alma, ‘hash’, ‘kiffi’, marihuana, ‘pot’, mierda, polen, ja, ja, ji, ji, ji, ¡legalización ya!”.

Excesos. “Defectos, hermosas maldiciones tan escasas, límites con límites, sueños de puritano, pecados del beato, versos, colores, notas, relojes sin manillas, brújulas sin norte, treintas de febrero, ya no cierro los bares ni hago tantos excesos, cada vez son más tristes las canciones de amor”.

Cama. “Catre, yacija, beso, polvo, sueño, fiebre, noche, siesta, sudor, mancha, semen, ladilla, chinche, lágrima, fantasma, pesadilla, musa, legaña, veneno, pezón, leche, colchón, sobaco, sombra, insomnio, porno, Orfidal, almohada, manta, colcha, sábana, somier, cansancio”.

Torero. “Antoñete, Ángel González, Rafael de Paula, José Alfredo Jiménez, Antonio Bienvenida, mi primo ‘el Nano’, Antonio Ordóñez, Luis García Montero, Curro Vázquez, Alfredo Bryce, Manolete, Don Manuel Azaña, Juan Belmonte, Luis Buñuel, Miguel Abellán, Bob Dylan, Curro Romero, Pablo Picasso, Manolo Vázquez, Baltasar Garzón, Rafael Alberti, Luis Miguel Encabo, Muñoz Molina, Javier Krahe, Luis Francisco Esplá, Javier Ruibal, Chus Visor, Manolo Caballero, Fernando Savater, Joselito, Joaquín Vidal, Jorge Luis Borges, Benjamín Prado, Pancho Varona, Antonio García de Diego, José Tomás, José Tomás, José Tomás”.

Secretos. “Verdades peligrosas, denuncias censuradas, hermanos Urquijo, sombras en el alma, palabras de saliva, perfumes sin frasco, puñales con sangre, hogueras de nieve, huérfanos de amigo, libros sin editor, pintores sin marchante, cantantes sin micro, bocas sin lengua, periódicos sin tinta, tatuajes en el alma, labios de nadie”.

Celos. “Virus del enamorado, tifus del cornudo, dieta del envidioso, nostalgia del maduro, serpiente con manzana, Luzbel, traje de otro, dirección equivocada, despecho, humillación, mala estrategia, guerra civil, cartas marcadas, pistas falsas, espías en la sombra, duelo en las tripas, setas venenosas”.

Mar. “Vals de las olas, especie en extinción, frontera del secano, subsuelo del desierto, acuario de los submarinos, piscina de Robinson, contorno de las islas, Jorge Manrique, espejo, ángel caído, crucigrama, destino, exilio, paraíso, casa del tiburón, fin de la tierra, bajo los adoquines está”.

Marido. “Abajo firmante, probo ciudadano, figura retórica, pagador de impuestos, accionista en bolsa, sufridor en casa, engendrador de prole, votante, mentiroso compulsivo, sujeto a horarios, putero, ‘pater familias’, misa de doce, señor sí señor, conductor de Volkswagen, ‘batman’ de taberna, barrigón de playa, chalé adosado, contador de chistes, enterrado en vida, tú, yo, cualquiera”.

Dios. “Entelequia, llámalo equis, Yavé, Alá, Júpiter tronante, opio del pueblo, ‘superman’, cuántas guerras se hacen en su nombre”.

Juez. “Señor con anacrónica peluca que es parte y no quiere saberlo, balanza trucada, caballero de la mano en el hecho, leguleyo, prócer, aplicador de leyes, condenador de reos, sancionador de pobres, impune, desfacedor de entuertos, Sancho Panza en Barataria, espina de pescado, martillo de herejes, menos malo que jurado popular”.

Amor. “Letra escarlata, maquillaje del sexo, pasión, deseo (no confundir con matrimonio), descalabro, tatuaje, acantilado, cura en falso, laberinto, puerta cerrada, guerra de Troya, amistad, breve, mentira piadosa, escaso, milagro, iceberg, tormenta de verano, ‘rara avis’, oasis, madre de todo, cerradura sin llave, no se vende en farmacias, deja cicatriz”.

Paraíso. “Cielo de tu boca, Walhajala, harén, el Dorado, Macondo, Comala, Nirvana, contigo, ahora, siempre, vida, todavía, ya, nunca, el bar de la esquina, gol del equipo de los necios”.

Silencio. “Nota musical entre dos notas, verso nunca escrito, muerte súbita, regla del cartujo, palabra no inventada, extramuros del barullo, afluente del ruido, paso de cebra del miedo, estación del desierto, infierno del bocazas, secreto a voces, cierre de los bares, página en blanco, palabra de dios, ruina del cantante, poesía pura”.

Putas. “Noble oficio, rara vocación, todas menos mi madre y mi hermana, Magdalenas, Mesalinas, Jeniffers, Vanessas, Emmanuelles, pobres por necesidad, ricas por morbo, casadas por poderes, viudas sin haberes, peripatéticas, rubias de bote, paños de lágrimas, ‘refugium pecatorum’, solteras sin dote, casi todos los hombres, buenas samaritanas, baratísimas para lo que dan, izas, rabizas y colipoterras, meretrices, demi ‘mondaines’, crónicas marcianas, como pago al contado nunca me falta un beso, siempre que me confieso me doy la absolución”.

Olvido. “Carcinoma del tiempo, hipoteca del alma, guerra fría, recuerdo de noviembre, luto de las amantes, crisantemos de boda, ceniza de los días, rima de canción, sarna del calendario, fotos amarillas, libros de viejo, el último verano”.

Placer. “Anticipo del dolor, pecado inconfesable, fósforo de los dioses, abanico de Venus, cirro, cúmulo, estrato, venganza de los serios, excusa sin excusa, billete sin retorno, fantasía de los tristes, puchero de los pobres”.

Soledad. “Amante inoportuna, sombrero de los calvos, ruido sin ruido, esposa del soltero, trinchera del soldado, bufanda del mendigo, conciencia del culpable, quinto pie de los gatos, yo mí me sintigo”.
 
 
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Publicado en el suplemento del diario El Mundo (27 Octubre 2002).