
Ayer por la noche el Teatro Galerías fue insuficiente para albergar a sus hinchas bohemios. Decenas buscaban, sin fortuna, a la entrada un boleto para participar de esa bohemia, pero estaban agotados.
Sabina respondió como sabe hacerlo. El mismo show que brindó hace un año y medio bajo el título "Nos Sobran los Motivos" fue el pretexto, pero fue más que eso. Para quienes acudieron a verlo aquella ocasión coincidirán en que fue igual sólo en la forma, en la apariencia, pero Sabina lució distinto.
No se desprendió de su bombín, ni de sus sacos excéntricos. Ni de su retórica capaz de arrugar los corazones, o arrebatar en gritos de idolatría a sus fieles. Ni se deshizo de su ironía a los esquemas, ni su manera tan poética de decir "la más señora de las putas" o cantar "Ya Eyaculé", sin el menor pudor.
Pero a Sabina no se le vio pendiente del cigarro. Dio muestras de una nueva vida, una nueva voz, y recordando, por cierto, su simpatía por Guadalajara. Especial para él, por ser la única ciudad en la que brindaría en dos ocasiones el mismo show, aunque sin repetirse a sí mismo.
"Este concierto son unos flecos del concierto anterior y estaba pensado para una muestra, ya que llevamos cierto tiempo sin tocar, y sobre todo estaba pensado para tocar en lugares donde no habíamos tocado, hemos estado en Tijuana, en Morelia y vamos a Toluca. Pero puedo decir que Guadalajara es la única ciudad del mundo donde lo vamos a hacer dos veces...", dijo arrebatando el aplauso.
"Hemos aceptado cuando nos dijeron que el año pasado se quedó gente que no nos vio. Y ya sabéis que es un concierto íntimo y acústico para cantar al oído. Por eso cantamos en teatritos y es verdad que como ya lo hicimos en Guadalajara, esta noche estrenaremos algunas canciones del disco nuevo".
Entre el público no faltaron los gritos de fanáticos estremecidos: "¡Eres único!", "¡Te quiero Sabina!". Aunque alguien le gritó también que era un "cabrón".
La velada musical fue un recorrido por lo mejor del repertorio de Sabina. Temas que narran esas agridulces historias urbanas con otros que hablan de caricias, pecado, penitencias, amores que matan, violencia o deseo.
Entre sus canciones incluyó "Peces de Ciudad", "Medias Negras", "Rosa de Lima", "Tan Joven y Tan Viejo".
Su presentación ecléctica en atmósferas, en imágenes, recuerdos, objetos, sitios y lugares, transportó con la escenografía a situarse en algún lugar olvidado por la memoria.
Velas a tenue luz, un baúl, sombreros antiguos, un viejo piano, un caballo forrado en papel periódico y la irrupción de dos músicos de su banda con pelucas del Siglo 16 daban cuenta de lo que se trataba: invitar a la bohemia y al recuerdo.
De su nuevo material Dímelo en la Calle que estará a la venta en México en un par de semanas, según dijo, adelantó algunos temas.
Entre ellos "La Canción Más Hermosa", "No Permita la Virgen", "Yo También se Jugarme la Boca" y "Como un Dolor de Muelas", esta última canción, que el mismo Sub Comandante Marcos le pidió que la musicalizara y la cantara.
Tras más de dos horas y media de concierto, el cantautor español se despidió con temas como "Dragones", "La Noche de mi Mal", "Noches de Mi Boda" y la infaltable: "Y Nos Dieron las 10".
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