| EN LA CAMA CON FUENTES |
Joaquín Sabina. “Tengo
que fumar en el váter”
Después de varios meses
de cama, este hombre comprometido, responsable y padre de familia piensa que
todos los hoteles deberían formar un reino. Un reino cuyo rey fuera Joaquín
Sabina, que se ha pasado media vida en ellos y que ahora se acuesta con uno de
sus leales súbditos.
Por Manel Fuentes. Fotos
Luis Barta. Agradecimientos Hotel Palace (Madrid)
Y para este adulterio monárquico
son muchas las preguntas que me rondan por la cabeza: ¿Si las chicas ya no quieren
ser princesas es por culpa de Hotel Glam?, ¿Alguien le ha dicho al torero que
ya no existe el “telón de acero”? Y por último y no menos importante: ¿En qué
radio se sintoniza 69.G?
Bueno, señor Sabina,
gracias por venir...
Las que usted tiene,
siempre que me invites a una suite del Palace, aquí me tendrás.
¿Cómo está usted, y no
es una pregunta de protocolo sino de verdad?
Estoy bien, con una
pizquita de “nube negra”, que a veces va y viene; eso que se llama una
depresión, no muy grave, pero que sí me está impidiendo hacer lo que siempre me
ha gustado en la vida, que es levantarme de la cama y ponerme a hacer cosas
todo el día. Estoy un poco tirado en la cama mirando telebasura...
¡Vamos, como Aznar!
¿Y qué es lo que ves
en la tele?
Lo único que hay: telebasura
y el programa de Fuentes (risas).
¿Y te gusta?
El programa de Fuentes...
mucho.
¿Qué es lo que te
engancha de la telebasura?
Me pasa lo típico. Uno se
queja pero la ve. Yo no soy el responsable de que nos den esa mierda. Si nos la
dan, la consumimos, pero creo que no está bien planteado eso de “es lo que el
público quiere”. Es lo que nos dan y por eso uno se hace adicto a la mierda,
pero también se ríe uno con un humorista malo que cuenta chistes de mariquitas.
Se ríe pero luego se avergüenza de haberse reído y a mí no me gusta
avergonzarme de mí. Por eso, cada vez que veo telebasura me avergüenzo
de que me guste.

La gente suele decir
que las cosas tienen el valor que depositamos en ellas; o sea, que habrá que
hablar con productores, presentadores y directores, pero ya que estamos en la
cama de un hotel: ¿Cuántas camas hay? Porque tú has cantado a las camas y has
dicho que la cama es un ring de boxeo y otras muchas cosas. ¿Cómo es la
cama de un hotel?
Bueno, también he hecho Hotel,
dulce hotel. A mí siempre me han gustado mucho los hoteles, porque son
anónimos, porque se encuentra uno gente por los pasillos, por los ascensores,
porque llamas y te suben un whisky, porque propicia mucho más la cana al aire
que en la casa de uno... A mí me gustan mucho y concretamente éste me parece
una maravilla.
¿Qué tiene de distinta
la cama de un hotel de tu cama?
Que no es el lecho
conyugal...
Que hay pecado.
¡Claro! Que puede haberlo
aunque no lo haya. También hay películas porno en los hoteles... ¡en
fin!
Sí, pero ya sabes cómo
funcionan, hay que marcar un número extrañísimo...
Y a veces hay que llamar
tres veces a recepción diciendo: “¡Que me pongan la película porno de
una vez!” Al final, sube un señor con un mono azul, toca el televisor, lo deja
mal y hay que llamar otra vez.
Has hablado de drogas, de alcohol, de prostitución, de todo. ¿Qué es lo que te ruboriza, si es que hay algo que te ruborice?
A mí me ruboriza la
estupidez, la imbecilidad, el mal gusto y toda esa bazofia que estamos
viviendo, no ya en televisión sino en la vida; esos modelos que se le están
proponiendo a la gente joven, esos concursos que gana Yola Berrocal. Sin tener
absolutamente nada contra esa pobre chica.
Ganó un concurso del que todavía no se saben las reglas, con lo cual tiene algo a favor.
Ha ganado un concurso por
un quítame allá esas pajas, pero sí me ruboriza ese grado, de, no me gusta
decir ordinariez, pero sí es un fango que apesta mucho.
Das la impresión de vivir sin hipocresía, hablas de todo lo que haces, al menos eso parece, de lo que piensas, y te metes con quien sea... se llame como se llame.
Creo que en mi ramillete
de defectos la hipocresía no está, aunque todos los hipócritas dicen que no son
hipócritas. No conozco a ninguno que diga: “Soy un hipócrita”.
El último capítulo que se recuerda de ti fue aquel lo que tuviste con Mendiluce, y ya has visto para qué sirvió. Dos tránsfugas...
Sí, hasta Aznar me nombró
en un discurso, me dijeron de todo, hasta en las crónicas taurinas de Las
Ventas dijeron que yo era un tipo que impedía que otros hablaran... una cosa
tremenda por una tontería.
Fue una tontería, pero
estuvo bien aclarado porque la tele de la derecha os ha vendido muy mal,
por eso te he sacado el tema. Parece que con lo que ha pasado en Madrid es como
para que cambies la letra de Pongamos que hablo de Madrid y que hables
de cocodrilos....
De maletines, porque ésos
no son tránsfugas. Son hijos de puta. Es una cosa tremenda. En televisión se ve
el alma de la gente, ¿has visto la cara de mi primo Tamayo? (risas).
¿Cómo se le queda a uno el cuerpo cuando ve que se están reeditando los primeros discos, cuando el último trabajo está siendo tan bien acogido, cuando estás en las listas de éxitos permanentemente, cuando sacas un doble disco con material inédito, cuando ves a gente joven en tus conciertos, en fin, cuando sigues tan al día después de tanto tiempo?
La verdad es que con las
reediciones el cuerpo no se queda muy bien aunque con ésta sí porque por
primera vez se ha reeditado con un buen título, con el material como era
originalmente y no con esas mezclas que hacían antes. En todo lo demás,
bastante estupefacto. Porque sí he aprovechado este año que he estado un poco
malito para sacar un par de libros, canciones del cajón y recopilar cosas que
quería enseñar y, realmente, la acogida a calentado muchísimo el corazón, para
qué decir lo contrario.

¿Cuándo uno está malo es cuando se da cuenta de quién lo quiere de verdad?
Es un tópico, pero sí.
Uno flipa no de que te quieran más sino de que te quieran. Lo que pasa
es que está empezando a ser un coñazo porque voy por la calle con un cigarrillo
y pasa un taxista y me grita: “Sabina, tira eso”, y me tienen harto. Tengo que
esconderme en el váter para fumar.
¿Has vuelto a toda la golfería de antes?
No, sólo he vuelto a
fumar. Estuve ocho meses sin fumar pero cuando me puse a grabar el disco era
imposible. Pretendo dejarlo porque sé que tengo que hacerlo. No quiero ser otro
Terenci Moix, quisiera tener su talento paro no su tempranísima muerte. Me tomo
mi whisky porque siempre me los he tomado y estoy infinitamente más tranquilo y
más en casa. Lo que no he conseguido es volver a trabajar con el vértigo y la
intensidad de antes. Supongo que lo conseguiré. Me dicen los que saben de esto,
los médicos, que ésta es una secuela atrasada que queda después de los marichalazos,
¡tienes una euforia de estar vivo!
Ese término que acuñasteis entre tú y María Jiménez...
Con todos los respetos,
¿eh? Porque a veces pienso, carajo, no debo burlarme de un tipo que está mal y
luego pienso: primero, a mí me ha pasado, y luego, ¿no son reyes? Pues yo soy
el bufón. Los reyes siempre han tenido bufones.
Oye, ¿y salir a un escenario y ver que la gente que te quiere y que te aclama es mucho más joven que tú?
Es que eso me pasa,
francamente, casi desde el principio. Desde que empecé a los 30 años, eso que
se llamaba la crisis de los cantautores estaba en pleno auge y siguió estándolo
cada año, pero luego he ido viendo que todos los grupos de rock o de pop se han
ido rompiendo, y los cuatro miembros se han convertido en cuatro cantautores.
Y cuando te pilla una
canción tuya en el coche... ¿la cantas o no?
Me pasan dos cosas. Al
principio, los primeros versos me suenan mucho pero no me reconozco y entonces
le digo al taxista que cambie de emisora (risas). Por pudor (más risas). Y
luego me han pasado cosas muy curiosas. Por ejemplo, oír una canción y decir:
“Ése soy yo, ¿no?” Me pasó una vez y era Julio Iglesias. No sé qué canción era
en realidad pero aquél fue mi primer síntoma de Alzheimer (risas). Creo que era
De niña a mujer.
¿Qué planes tienes de futuro?
Bueno, volver a cantar y
a grabar dentro de poco... y dejar de fumar, si puedo.
El hecho de vivir moderándote los vicios, ¿te hace darte más cuenta de la realidad o la realidad es otra cosa?
Mi vicio más fijo era la
coca y la coca te pone las neuronas a mil. Ahora me siento como anestesiado. En
realidad, me faltan intranquilizantes, estoy demasiado tranquilo.
Pero tus amistades o los ratos que pasas, no sé, desde el doctor hasta con otros amigos, ¿te aportan más placer que poder estar en un bar en un momento determinado?
Con esos amigos es como
lo de antes porque son unos amigos muy borrachos, y ése es el día de la semana
o los dos días a la semana que me emborracho seriamente con ellos y nos morimos
de risa y vuelve a ser todo como antes. Lo que no es como antes es levantarme
de la cama, sentarme a escribir una canción y estar con ella tres días y tres
noches.

Y del Sabina del
inicio al Sabina de hoy, ¿te reconoces?
Se reconoce uno, pero
hace 25 años de mi primer disco y de lo de La Mandrágora, y realmente
uno no es el mismo. Ahora oigo mis viejos discos, cosa que nunca pude hacer, y
este año lo hago con un cierto placer. He oído hasta el de Fito, carajo, pero
lo hago como el abuelito que cuenta batallitas... Ahora los oigo sin rencor,
antes no los podía oír porque abría el balcón y los tiraba, no los podía
soportar.
Así empezó el top
manta. Con los discos que tú tirabas por el balcón... Comentábamos antes
que le has cantado mucho a los hoteles. Yo me acuerdo siempre de una canción
que sólo salió en la versión CD de El hombre del traje gris, que has
aclarado recientemente que no eres tú, sino el retrato del tipo mediocre...
Exacto, la canción era
contra el hombre del traje gris, ya que empieza diciendo: “Soy del color de tu
porvenir, me dijo el hombre del traje gris...”
Yo hablaba de una
canción llamada Juegos de azar, de una pareja en un hotel de Vigo.
Ésa está grabada en un
disco en directo de Labordeta. Era una historia de un hotel de Gijón, pero le
puse Vigo porque me rimaba mejor (risas).
¿Lo más apasionante que te ha pasado en un hotel?
(Risas)
¿Y que se pueda contar?
(Joaquín me cuenta la
historia. Él, con un amigo, en pelotas, a las seis de la mañana muy
perjudicados en un ascensor. Entran dos japoneses trajeados que se quedan de
piedra al verles. Los dos callan y, segundos antes de que ellos salgan, el
colega pone una cara que hace que los dos nipones salgan corriendo
aterrorizados.)
Me hubiera gustado algo
más tierno antes de apagar la luz, pero Joaquín es así. No tiene trono, sí
reina y muchos que le comprenden. Por eso sigue siendo el rey.
Buenas noches.
Entrevista aparecida en la revista MAN ( Octubre-2003)