"No tengo intención de caer bien a quienes me detestan"
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Más calmado pero igual de peleón; más lúcido pero igual de contradictorio. Sabina vuelve a dar guerra
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JUAN FERNÁNDEZ
MADRID
Tiene buen aspecto, ésta es la noticia. La otra es que mañana saca un disco nuevo, Dímelo en la calle. Son 17 canciones como 17 guantazos servidos por este cantautor que posa en la portada vestido de boxeador desafiante y herido. Aviso a todas las unidades: Sabina, recuperado y en forma, vuelve pidiendo guerra. Hace poco, vio las orejas al lobo --superó una embolia cerebral--, pero eso sólo ha conseguido hacerle más certero en sus derechazos.
| | Joaquín Sabina, en junio del año pasado, en el homenaje a Josep Maria Bardagí.
Foto:QUIM ROSER
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Sabina no estará en el nacimiento de su nueva criatura. A estas horas, recorre algunos escenarios de México y Puerto Rico. Por eso esta conversación tuvo lugar en el cuarto de un hotel hace unas semanas. Sabina llega con los ojos algo enrojecidos y se sienta en una butaca de medio perfil en espera de que suene la campana para comenzar el combate.
A lo largo de los próximos 40 minutos, el cantautor va a triturar con los dientes la boquilla de una pipa mentolada hasta hacerla fosfatina y se va a pimplar un cubalibre a gaznate abierto. Otra noticia: Joaquín Sabina se ha cortado las uñas de los pies. También ha publicado un libro con los textos de todas sus canciones: Con buena letra.
--Menuda se armó con su desnudo publicado en una revista.
--Fue una broma, ganas de molestar, pero la gente no tiene sentido del humor. Salgo desnudo a toda página y sólo se fijan en que llevo largas las uñas de los pies. Evidentemente no las llevo así siempre. Fue una broma, como si en carnaval te bajas los pantalones y enseñas el culo.
--¿La foto del disco es otra broma?
--Sí, soy un boxeador al que le han pegado unas cuantas hostias importantes, pero que no se rinde.
--¿Se siente apaleado?
--Últimamente me han ocurrido algunas cosas que me han marcado. Tuve un accidente cerebral, estuve un poco retirado, con paranoias, la gente dijo muchas cosas. También me siento agredido por la incultura popular de este país. La tele, la dictadura de la basura, del analfabetismo, de las putas, de los chorizos... Eso me indigna como ciudadano.
--¿Qué hay en este disco?
--Es un cajón de sastre lleno de las cosas que opino sobre este siglo recién nacido. Hay canciones más reposadas que nunca, porque he tenido más tiempo y tranquilidad para hacerlas. En el disco anterior me encerré cuatro meses en casa a escribir sin parar. Esta vez no.
--El atracón de 19 días y 500 noches le salió redondo. Pareció la revancha de Joaquín Sabina. ¿Qué pasó?
--Creo que la gente apreció la humildad sonora, la voz desgarrada, la falta de maquillaje, de arreglos, de producción. Fue el fruto de una auténtica fiebre creadora, tenía esa intensidad. Es que la coca que tomaba en esa época era cojonuda.
--¿Y la de éste?
--No. Mi disco anterior lo escribió la coca, pero éste disco ha sido escrito sin coca, absolutamente.
--¿Y eso se notará?
--Es probable. Este trabajo nuevo tendrá otras cualidades, pero le falta esa cosa crispada que da la coca, esa intensidad, esa inmediatez.
--Dicen que lleva una nueva vida. ¿Es fiel a sus normas de ahora?
--Sí, con ligeras marchas atrás. Por ejemplo, he estado ocho meses sin fumar, pero a la hora de grabar el disco y en la promoción de vez en cuando me fumo un cigarrito. La vida no es una línea recta, tiene muchas vueltas... Lo que sí he dejado radicalmente ha sido la coca.
--¿Es un reto personal?
--Es una apuesta por la vida. Tuve un susto y me acojoné. No habría disco, ni libro, ni boxeador si me hubiera muerto. Pero tampoco me he hecho un fundamentalista de la vida sana.
--Entonces, ¿no ha visto la luz de la vida retirada?
--No. Pienso lo mismo que siempre, pero hay cosas que no puedo hacer. Por la coca lo único que siento es nostalgia, pero me reprimo.
--¿Se considera una persona con autodominio?
--Yo me paso la vida peleando con mis límites y mi tendencia al exceso. A veces gano, a veces pierdo.
--¿Y ahora mismo?
--Ahora mismo estoy peleando. ¿No me ve? (Muestra con una mano la pipa mentolada y con la otra el vaso lleno de cubitos).
--Si ha dejado los vicios, ¿en qué se gasta el dinero?
--Buena pregunta. Pues en cenar con los amigos, en viajar, en lo mismo que antes, menos en coca. ¡Qué carajo, estoy ahorrando una pasta! Me sigo acostando a la misma hora, pero antes estaba en los bares y ahora estoy en casa charlando con los amigos.
--¿Y se está bien así?
--Se estaba mejor antes.
--¿Le dio miedo la muerte?
--Me dio miedo la parálisis, porque de lo mío no se muere mucha gente, te quedas paralizado. Te puede dar levísimo como a mí, o más fuerte, como a Marichalar.
--Lo mismo ahora consigue caerle bien a la gente que le critica.
--No creo, sobre todo si salgo en una revista en pelotas con las uñas de medio metro. Para tener amigos hay que tener enemigos. No tengo intención de caerle bien a la gente que me detesta.
--¿Le gustaría decirle cuatro cosas a alguien?
--Sí. Sardà me parece un imbécil. Me parece un cáncer. No se puede caer más bajo en la banalidad, la basura, la mierda, el recochineo, el señoritismo barato.
--No debe de ver mucho la tele.
--A veces me trago Crónicas marcianas, porque uno es contradictorio. Disfruto mucho odiando.
--¿Escribe mejor?
--Sí, infinitamente.
--Alguien pensó que su libro de sonetos anunciaba el nacimiento de un poeta y la despedida de un cantante.
--No, pero mi vida de ahora es más literaria. Voy en la pandilla de Almudena Grandes, García Montero y ésos, y hablo más de literatura que de música.
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