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Por Diego Manrique
Fotografías de Javier Salas
Suele ser una experiencia estimulante entrevistar a Joaquín Sabina. Y más ahora, cuando vibra en la memoria su disco más carnoso, 19 días y 500 noches, y se presenta con una banda excelente apoyada en una escenografía tan sencilla como eficaz. Sabina es un voluble explorador de sí mismo, su personaje favorito. En general, carece de pudores y no se reprime: "Las entrevistas con mis colegas españoles son aburridas, casi nunca termino de leerlas". Sentar a Joaquín Sabina ante un magnetofón es una pesadilla. "Sí, ya terminó la gira, pero se quedó en Buenos Aires". "No, ha viajado a Perú". "Ya ha llegado, pero está muy cansado". "Voy a despertarle a las diez de la noche, tú pásate hacia las once". "No vengas, no se puede levantar de la cama".
A la noche siguiente se materializa entre los infinitos santos y máscaras que cubren sus paredes y todo se perdona: Sabina es un anfitrión cordial, que se ocupa de que no le falte de nada al periodista, incluyendo carpetas con los sonetos que intercambia con Fito Páez o Silvio Rodríguez: "Te ayudará a entender mi relación con ellos". A1 poco, llegan amigos, pero Sabina no interrumpe la entrevista. Al menos, durante las primeras dos horas; luego, vence el deseo de compartir las canciones grabadas en Lima con su garganta de ducados y con los finos músicos de Chabuca Granda.
"Siempre he vivido de noche. Pero hace dos años que prácticamente no piso un bar. He puesto mi bar aquí: no cierra nunca, sale más barato, vienen parroquianos gratos. Varios de mis amigos tienen llave del piso, pueden liarse aquí aunque yo esté durmiendo. Por eso vivo en Lavapiés. Nunca tuve la tentación del chalecito, que parece obligado para un cantante de éxito. O corte o cortijo: sólo dejaría Madrid por una casa en la playa".
¿Cómo son realmente las noches de Joaquín Sabina?
Existe esa leyenda negra. Que Joaquín Sabina sólo se ve con amigos que le aguantan su ritmo. Incluso, hay colegas muy preocupados por su salud.
Pero usted tiene mucho peligro. Cuando actuó en el Palacio de Congresos, terminaba los bises y le secuestraban, le llevaban a la sierra para evitarle las tentaciones.
Se espera que Sabina cree a su alrededor un espacio de libertad donde surja la locura y la magia.
Su idealización de la prostitución genera polémica. Tras lo que publicó la revista 'Efe Eme', llegaron cartas donde se preguntaban si Sabina aceptaría que sus hijas terminaran en esa "noble profesión".
¿Conoce esa variedad cubana, la jinetera?
Por cierto que su vecino de abajo es Pablo Milanés.
¿Qué le une a Pablo Milanés?
Usted le defendió cuando hizo aquella gira desdichada con Victor Manuel: arremetió durísimamente contra el periodista que le criticó, precisamente el mismo que escribió un libro sobre Sabina.
Fito Páez afirma que el problema de Sabina es el exhibicionismo, que le gusta airear sus conflictos privados en público.
¿Fueron Fito o Cecilia Roth a sus últimos conciertos en Buenos Aires?
Usted solía ser uno de los "abajo firmantes", siempre suscribiendo manifiestos o escribiendo textos agresivos contra, por ejemplo, la guerra de Kuwait. Sin embargo, es clamoroso el silencio frente a conflictos donde no está involucrado Estados Unidos, como el de Chechenia.
Recientemente, actuaba invitado por Ruiz-Gallardón. ¿Cómo se sintió en la antigua Dirección General de Seguridad?
¿Tiene relación con otros políticos del PP?
¿No teme que un día sus hijas vean sus fotos con Castro y se horroricen de que usted tratara con un sátrapa?
¿Cómo ocurrió aquella reunión con Castro?
¿De qué se habló? Suele ser un recolector de información económica.
Parece usted una víctima del síndrome de Estocolmo...
¿Algún otro líder que le haya impresionado tanto?
Me extraña que no recuerde aquella célebre frase de Groucho Marx sobre que no quería ser miembro de un club que le admitiera de buena gana.
Usted es uno de esos progres que hoy abraza los tópicos del español: los toros, el fútbol, la copla...
Repasando sus discos, intuyo que su creatividad se dispara cuando comienza a viajar por Latinoamérica. El cantautor que iba de rockero simplón se convierte en un artista inspirado que toca todos los palos.
¡No se puede ser tan transparente! Asimila las músicas de los países de donde vienen sus sucesivas novias.
Aparte de halagos, ¿qué halla en aquellos países?
Arriésguese a que le llamen machista y hable, grosso modo, de sus diferencias con las españolas.
¿Cómo asumen las mujeres sus proclamas de infiel vocacional, lo de como-fuera-de-casa-en-ningún-sitio?
¿Sabe que despierta tanto odio ciego como amor?
Quizá son demasiado obvios. Hasta el último, usted hacía discos generalmente feos en portadas y lastrados por algunas canciones sonrojantes. Por no hablar de su tendencia a la automitificación, sus poses, su maniqueísmo...
Al mismo tiempo, son legión los que van a sus conciertos para hallar coordenadas frente a la confusión, para oír que alguien canta lo que ellos no saben expresar o no pueden vivir.
De todas formas, tal vez damos demasiado peso a las canciones de un tipo que presumía de mentiroso.
(Entrevista aparecida en el diario "El Pais Semanal", en Enero de 2000)
Te advierto que me siento en la racha más productiva de mi vida, trabajo hasta el mediodía. No me apetece darle más vueltas a esa fama del Sabina vampiro, creo que cualquier español haría lo mismo si pudiera. Además, simpatizo con los oficios de la noche: putas, taxistas, camareros. ¡Son más interesantes que los jefes de negociado!
Ya, que voy a morirme. Se preocupan por no verme en los antros habituales, pero la realidad es que no paro de escribir, de componer. Me duermo con el walkman al lado y me despierto y grabo todo lo que se me ocurre.
Cantaba cuatro dias seguidos, y en Madrid, después de un concierto, acabamos 50 personas en el piso, y muchas risas y mucha juerga. No podía permitírmelo con
la voz que tengo.
Ojalá fuera verdad. Desde luego, cualquiera tiene libertad aquí total, incluso para molestar, no faltan patosos que hasta se meten con mi novia. Sin embargo, en estos dos últimos años noto una clarísima tendencia a la soledad que me preocupa. Además, me abandonan las mujeres, y no al revés: dos en un año, como cuenta el disco, es demasiado para a1guien de 50 años que cree en el amor pasional. Pero, bueno, a veces se deja caer alguna chica que no cobra mucho o una de esas muy caras. (Risas). Opino exactamente igual que Fernán-Gómez:
las putas son muy baratas para todo lo que dan.
¡Pero si van a ser putas, como su padre! Yo tengo alma de peluquera de día y puta de noche. En serio: desde luego que no es el mejor trabajo del mundo, pero tampoco el peor. Ellas no están allí por gusto, aunque alguna vocacional he encontrado; una me dijo: "Yo quise ser puta desde que tuve uso de razón". Lástima que tengan poca cultura: a las que he tocado mi canción sobre las putas, sólo una sabía quién era María Magdalena. Por no saber, ni saben que tienen patrona. Vamos a quitar moralismos: su conciencia es más limpia que la de sus clientes. Aquí vienen, nos reimos, bailamos, algún strip tease... y nunca me las tiro. Se las trata como reinas, como a cualquier amiga que entra por esta puerta.
Pues... sí, claro que sí. Fidel negó que existieran, luego reconoció que había pero que eran licenciadas y libres de enfermedades, ahora han desaparecido por represión policial. Lo que no acepto es la hipocresía de los que se rasgaban las vestiduras: "¡Prostitución en una sociedad socialista!", y ahora claman por "esas pobres chicas que no pueden ni ganarse la vida". Detesto el turismo sexual, lo mismo que a los explotadores de putas.
Y el de arriba, Luis de Pablos. Que lleva años maldiciéndome, creo que se levanta a las cinco de la mañana. Es un señor hosco, ni siquiera saluda. A veces, viene la policía y... no, no me atrevería a decir que el ilustre compositor contemporáneo llama a los guindillas.
Es una persona imprescindible en mi vida, me ha enseñado muchas cosas. Procuro mimarle, ha sufrido nueve operaciones en un año. Cuando viene en verano, el negro se pone en paños menores en el balcón como si estuviera en La Habana y hablamos de un piso a otro. Ahora, le llama mi gente cuando toco Una canción para la Magdalena, que es una música suya, para que pueda oír a 3.000 personas entonando lo de "la más puta de todas las señoras, la más señora de todas las putas", sin risitas, con emoción. Me encantaría que se atreviera a cantarla.
Yo aplico el código de la Legión: con los amigos, tengan o no razón. No se puede atacar un concierto que no se ha visto. Además, decían que había sido internado en un campo de reeducación por maricón. Pablo no lo es, y, en todo caso, no venía a cuento. Le internaron en una campaña de moralización, en aquella redada infame contra la bohemia habanera. No olvides que, mientras Silvio Rodríguez es un universitario, Pablo venía de cantar boleros en cabarés. Y, a pesar de tal injusticia, sigue defendiendo a la revolución, como casi todos los negros cubanos.
Yo nunca salgo en revistas del corazón y él sí. Además, me define una radical falta de hipocresía. Para mí, no es de mal gusto hablar de sexo y dinero. Los versos que mandé a Fito terminaron por publicarse en Argentina, pero recortados, mal transcritos, con alevosía; ahora voy a sacarlos en un libro, más cartas cruzadas con Silvio o el subcomandante Marcos. También hay versos para hacerme perdonar por gente como José Luis Gómez, el actor. Hubo un proyecto de recitar a César Vallejo; mi desorden vital me hace quedar mal con tipos a los que admiro profundamente.
Su disco con Páez, Enemigos íntimos, se hizo en Buenos Aires. El hecho de ir solo, a grabar en el estudio de Fito y con sus músicos, revela una valentía casi suicida.
Más bien, sumisión ante su talento. Y su capacidad organizativa. Los cantantes siempre estamos haciendo planes fabulosos que se olvidan inmediatamente. Fito, no: al día siguiente te manda los billetes de avión y quedas comprometido. Era el reto de enfrentarme a alguien que está en mis antípodas. Fito pertenece al barroco musical, tiene horror al vacio; pero al mismo tiempo es rapidísimo, graba y ya no toca las canciones. Y yo soy enfermizamente meticuloso, reviso hasta el último segundo, incluso rehago letras ya grabadas. Para él fui una tortura china. Pero es cierto que yo estaba solo, las fuerzas eran muy desiguales. Y me rendí, incumplí el deber de pelear estéticamente, acepté sus formas y no busqué un terreno en que mi voz encajara con la suya.
Les mandé entradas, pero no, no fueron. No pasa nada, ya haremos las paces. Le tengo ley, es muy listo. Por ejemplo, escuchó aquí la maqueta de 19 días y 500 noches y enseguida vió la incongruencia: que parece que desprecio a la "gente sin alma / que pierde la calma / por la cocaína". Debí contarle que nació como canción de encargo y que tenía que situarme fuera. Cuando compones así te expresas con mayor desfachatez, te encarnas en otro. Pero esta rumba me atrapó y me la guardé, casi como homenaje a Bambino. El pobre murió cuando estábamos grabándola, no llegó a oirla. No ha quedado perfecta, me fallaron las gitanillas, pero veo que conmueve incluso a gente poco rumbera. ¿Sabes que la prohibieron en México? No por la mención de la coca, sino por la frase de "negaría el Santo Sacramento / en el mismo momento / que ella me lo mande". En un país que no tuvo relaciones con el Vaticano hasta anteayer...
Me ha pillado viajando, no tengo información. Además, andamos desconcertados: en vez de capitalismo contra comunismo, el enfrentamiento actual es de los escasos países ricos contra los pobres. Y el consenso mundial de los que comen todos los días apenas deja espacio para batallar. Además, ahora me interesan más las acciones concretas.
Yo he estado detenido, procesado, condenado... no, eso no me impresionó. Mis músicos alucinaban con los invitados, la gente del PP. Pero se celebraba el aniversario de la Constitución y yo en eso sí me mojo. Además, tengo simpatía por el presidente de mi comunidad. Es evidente que busca nuestros votos, pero yo no le he pillado en un renuncio y sí le he visto gestos como condecorar a Leguina. Cuando empecé a tocar, se puso ostensiblemente en primera fila y prohibió que se sirvieran copas. Yo me permití un par de bromas y canté algunos versos rojillos. Creo que un diputado del Partido Popular comentó: "Al menos, este año no tenemos que esperar a la fiesta del PCE para ver a Sabina". (Risas).
Con los atípicos. Celia Villalobos acude a mis conciertos en Málaga, pero con toda la corporación y sin fotógrafos para inmortalizarlo, un detalle elegante. De todos modos, que quede claro que estoy en contra del Partido Popular, sigo siendo de Anguita. A quien una vez me llevé a una discoteca en Córdoba y resultó ser un bailón. Pero yo no recomendaría a un político que se relacionara conmigo: mi público natural son los delincuentes. En México, una chica vino con mi gente al hotel, yo me dormí y al día siguiente descubrí que se había llevado mi chaqueta con el pasaporte. Se la localizó y pidió dinero por devolvérmelo, a lo que me negué. El robo en sí no me molestó, yo hubiera hecho lo mismo de haber coincidido con, digamos, Dylan.
Ya me lo dicen amigos que vomitan cuando hablo de Fidel. Y el Abc sacó un suelto donde yo era "un ridículo cantante comunista amigo de tiranos"; al día siguiente, su portada era los Reyes de España con el asesino de Tiananmen. Qué doble rasero tan fabuloso.
Me siento privilegiado: Vázquez Montalbán estuvo un mes en Cuba y no pudo hablar con él. Supongo que le llamó la atención que yo le hablara tal como hablo contigo. Está rodeado de "comemierdas", como me confesó en tono cariñoso. Era triste que Armando Hart, ministro de Cultura, considerara necesario quedarse en la reunión dando cabezadas.
Exacto, quería saber lo que cobran mis músicos y cómo se monta una gira, aunque la música no le atrae. Estuvimos cinco horas, y bebí tanto como él; yo me emborraché como un piojo mientras él seguía fresco. Yo fumaba, le echaba la ceniza sobre el uniforme y le ofrecí un cigarrillo: "Ya sé que luchas contra el tabaquismo y renunciaste a fumar como un ejemplo para el país, pero, bueno, en privado podrías hacerlo". Me impresionó su respuesta: "Es que, aunque no haya cámaras, defraudaría a gente muy cercana, perderían la confianza en mí".
Hombre, sí. Pero es que ese síndrome está también en la amistad, en el amor. Fidel ha cumplido 40 años llevando de cabeza al mundo entero; el que me conceda tantas horas de charla es de lo más emocionante que me ha pasado en la vida. Al final, me soltó al oído unos piropos que, a pesar de mi incontinencia verbal, me reservo. Recuerdo lo que me respondió García Márquez cuando le pregunté si de su larguísima relación con Castro saldría un libro. Me dijo que sólo publicaría folio y medio que ya tiene escrito. Le insistí que era su obligación dar datos para la historia, y me respondió que, para él, Castro era un amigo que le visitaba para hablar de forma íntima y que uno no puede traicionar a un amigo. Chapeau.
Actué durante la Cumbre de Jefes de Estado Iberoamericanos, reunidos en Cartagena de Indias, en Colombia, y comenté -y se publicó- que todos parecían gerentes de banco, menos Fidel Castro, que al menos tiene una pinta de personaje mítico. Por cierto, los presidentes pasaban luego a camerinos a saludar a sus artistas, pero Juan Carlos y Sofía no entraron. A mí, Carlos Menem me llama para comer con él cuando voy a Argentina y no me doy por enterado. Lo que me irrita, ponlo con todas las palabras, es que no se acuerden de mí cuando el Rey se junta con los artistas. Seguramente no iría, pero me indigna que se invite a las Paquita Rico o las Sofia Mazagatos y se olviden de alguien que acaba de vender un millón de discos. Yo soy, como dice Fernando Savater, un anarquista que respeta los semáforos y les saludaría con buenas maneras. Me parece que fueron a una escuela donde no se les enseñó bien a ejercer de reyes.
No, porque me deja a la altura de un conde Lecquio. Por cierto, me adhiero al regocijo nacional por las dos hostias que le han dado, que se las ha ganado a pulso. Ya no soy un maldito, lo de sentirse un héroe irreductible y un republicano perseguido es cosa de juventud. Que sepa el señor Almansa [jefe de la Casa Real] que debo ser convocado, y que yo decido si voy o no voy, como hace Alfonso Guerra.
En lo del fútbol me dejé arrastrar, no me interesa nada. Creo que es influencia argentina: allí, un intelectual no tenía miedo de proclamar que seguía al Boca Juniors y amaba a Gardel y Goyeneche. Aquí, finalmente hemos decidido que podemos sacar todo lo que enterramos en el fondo del baul. Y sale la copla, la rumba, el tango. la ranchera... ah, acepto lo de progre, sobre todo cuando lo dice Aznar con tono despectivo.
Sí. Primero entró el elemento argentino. Luego fue México. Y ahora estoy fascinado por la música peruana.
No me parece mal llegar a amar a un país por la vía vaginal. (Risas). A mí, América me salvó. Tenía un éxito a escala española que se había convertido en rutina, el personal de Albacete se reía y aplaudía con las mismas frases que el de Gijón. Yo era muy cateto, un tipo con boina mental que sentía pánico a los aviones. Hasta que me vi en medio del Atlántico, todos los pasajeros durmiendo, y yo con mi whisky y mis pitillos escribiendo furiosamente sobre lo que había vivido en el DF o en Buenos Aires. Allí comprobé la verdad de lo que yo afirmaba alegremente, que la única patria es tu lengua. Mi pasmo fue descubrir que todo me era familiar, pero ¡tan diferente! Además, mis canciones me habían precedido y hasta eran conocidas en Cuba, donde nunca ha salido un disco mío. Al mismo tiempo, mi cara no era reconocible y podía hacer cosas, ir a sitios que me están vedados en España. Y quieren de otro modo. En mi memoria están las entrevistas de Lola Flores, que para mí siempre venía de Buenos Aires diciendo que en América respetan a los artistas, no como aquí. También era verdad. Si me quedara a vivir en Buenos Aires terminaría gilipollas. Es... excesivo. Terminas de actuar en el Gran Rex, llegas al restaurante a cenar ¡y los clientes se ponen en pie y te aplauden! El otro día nos seguía un coche con una pareja por la calle Corrientes, y finalmente me paré y fui hacia ellos. El tipo me enseña un reloj y me dice: "Vos me lo rega1aste". ¿Cómo así? "Es que hace años te conté que mi primer hijo se llamaba Joaquín por tus discos". En los asientos de atrás van dos niños. Y añade: "La bebita se llama Sabina". ¿Qué puedes decir?
¡Pues que todo es más verdad que aquí! Bailar no es "estamos en una boda y nos marcamos un pasodoble", follar es follar con todo el cuerpo, la riqueza es un escándalo y la pobreza echa para atrás. Yo evito el macondismo, la fascinación por la miseria y el subdesarrollo en que cae cierta izquierda. Me gusta su amor por el lenguaje. Son cursis, ya que no se tienen miedo a sí mismos; se expresan de un modo florido, se sacan el corazón. Y ojo, una porteña candidata al Nobel de Química puede hablar como Corín Tellado. Nosotros reprimimos los sentimientos, nos cuesta tocarnos, cada vez somos más ingleses. Además, cómo negarlo, allí están los mejores culos del mundo. ¡Y cómo bailan!
Por ejemplo, las argentinas se visten de mujeres, aunque sean intelectuales. Lamentablemente, se operan las tetas. Además, usan los trucos ancestrales de la coquetería y la seducción, que aquí se han perdido por ese pudor ortopédico. Y dicen unas cosas: las cartas de fans españolas empiezan con "hola, me llamo Pepita y seguro que esta carta no te va a llegar"... se te quitan las ganas de seguir leyendo. Las de las fans americanas son auténticas piezas literarias que te atrapan desde el principio.
Sé que estoy en la picota de las feministas, con Umbral y alguno más. No creo merecerlo. Yo escribí una letra, Hay mujeres, que Ricardo Solfa cantó con su música. Bien, durante años me he encontrado con chicas que decían que yo era un retrógrado, no como Solfa, que sí entendía a su sexo. Y no me creen cuando insisto en que esos versos son míos. Es cierto que están cambiando: en Y sin embargo canto que "voy contigo pero estoy mirando el culo a otras, no hay día en que no te traicione o no desee hacerlo". Lo sorprendente es que oyen esa canción y se identifican con el protagonista: ellas son las que quieren poner los cuernos al cónyuge aburrido.
No soy muy consciente por mis dos años de encierro. Antes, es cierto que hasta me han insultado por la calle, aunque eso puede ser consecuencia del poco respeto que aquí hay por los cantantes. Seguro que algunos me ven como un falso marginal, un bohemio dorado, un caradura. Cuando yo cantaba por los bares, también arremetía contra gente que no conocia: Serrat era un instalado. Y le traté y me tragué todas aquelllas opiniones frívolas. Así que acepto que me detesten, entra en el cargo; aparte que huyo del victimismo. De todos modos, afinan poco, aquí somos poco finos incluso para eso. Cuando pretenden
machacarme en la prensa, me asombra que no vean la cantidad de flancos vulnerables que tengo.
Ya sé que lo dices por Ojos de gata, la canción que Enrique Urquijo compuso a partir de mi Y dieron las diez. Fíjate que mucha gente hizo todo lo posible por enfrentarnos, pero ni Enrique ni su hermano Álvaro entraron al trapo. Todo lo demás es, vaya, tu opinión; llevamos 15 años discutiendo y nadie convence a nadie.
Cuando tienes un público tan amplio, se te desdibuja su perfil. Sólo veo que las primeras filas están llenas de chiquillas; un peligro, pues te quedas colgado de alguna y la concentración se va al carajo. Pero no sé cuánta gente advierte que susurro el nombre de J. J. Cale para reconocer su influencia, o si se aprecia el republicanismo de algunas letras. Igual me ven como un payaso, como a Dalí en el franquismo. No puedo presumir de entender sus motivaciones, yo nunca iría a un concierto a Las Ventas, pero actúo allí en Septiembre y sé que llenaré.
Yo consideraba la mentira como una de las bellas artes; ahora, apuesto por la sinceridad y descubro que ellos y ellas, ricos y pobres, amigos y desconocidos, todos prefieren las mentiras. Y la función del arte es mentir, maquillar el desconsuelo de la vida. Como compositor, dudo que José Alfredo Jiménez viviera los dramas de sus rancheras. Pero también es cierto que me ocurren cosas inverosímiles. Un día terminé a las tres de la tarde en un apartamento en la calle Capitán Haya de Madrid con una puta de 50 años, que de espaldas me pareció atractiva, y su amigo, un enano del Bombero Torero, un tipo majo. Hasta que me di cuenta de que yo no quería sexo con ninguno de los dos y me largué. Quise usar la historia en una canción. Imposible.