MUSICA:
ENTREVISTA EXCLUSIVA CON JOAQUIN SABINA
"Se
acabó la noche para mí"
Hace un año estuvo
internado por un problema de irrigación en el cerebro. Ahora vuelve. Dice que
dejó la cocaína, que casi no fuma ni toma whisky y cuenta cómo es su nueva vida.
Además, Dímelo en la calle, su nuevo disco que Clarín escuchó en exclusiva.
En su vasto piso de
Madrid, con paredes cubiertas de angelotes, cuadros, arte latinoamericano y
agobiadas por filas interminables de libros, Joaquín Sabina aparece hecho un
pibe, descansado y lleno de energía. El noctámbulo empedernido, el bohemio
total, ahora hace buena letra. Por otra parte, acaba de sacar un libro que
reúne todas sus canciones y se ha convertido en un best-seller apenas llegó a
los estantes de las librerías. Está en un momento de éxito como escritor, poeta
y cantante. Además del libro de sus canciones y el de sus sonetos, ahora sale
su nuevo disco, Dímelo en la calle, cuyo equivalente argentino sería Salí a pelear.
-Estoy, como siempre, hiperactivo pero no en los bares sino en
mi casa. Hago las mismas cosas que antes, pero más. No pierdo gloriosamente la
noche hasta la madrugada hablando con un tipo que no tiene el menor interés,
pero con el que te ríes mucho. ¡Esos fantasmas de bar, poetas malditos! Ahora
selecciono más mis amigos. Me sigo acostando a las seis de la mañana, pero paso
la noche en casa. El resultado es que produzco mucho más. Cuando he estado
enfermo he hecho un libro y dos discos, cosa que no había realizado jamás en mi
vida", explica.
Cada vez que habla de su salud, de lo bien que está, se
pronuncia la palabra sagrada con que los artistas, sobre todo en Francia e
Italia, se desean suerte: "¡merde, merde, merde!". Sabina se muere de
risa y acompaña el rito, varias veces.
Su cara se ensombrece cuando habla del "susto" que
se llevó en agosto de 2001, cuando se le vinieron encima todos los
"maltratos" a sí mismo. "Me desperté y tenía paralizados el
brazo y la pierna derecha. Duró dos días. No dolía pero las órdenes no llegaban
al brazo y la pierna. Me angustié mucho. En una semana estaba como ahora, pero
me queda una especie de miedo de vértigo."
¿Qué hiciste?
"Frené. Me asusté tanto que me encerré en casa, con la
página en blanco, el micro en un estudio que tengo aquí. Y me puse a trabajar.
Durante los veinte años anteriores siempre me acusaba, soy muy judeo cristiano,
de perder mucho tiempo, de no dedicarme a trabajar más. Ahora he podido sacar
los sonetos, canciones, discos.
El libro y disco con sus sonetos Cien Volando de Catorce
ya va por la cuarta edición. "Frenar para no vivir tan aprisa, no beber
tan aprisa." Pero, ¿qué es la poesía de Sabina, sus canciones, sin esa
vida?
"A veces tengo la sensación de que iba de putas y me
tiraba la noche en los bares solo para poder contarlo, como dice García
Márquez. Los poetas y los cantantes que yo admiraba eran de la vieja bohemia de
Baudelaire, Rimbaud, César Vallejo, el "Polaco" Goyeneche y Enrique
Santos Discépolo, entre tantos otros. Vivieron y escribieron en los bares. El
niño romántico de provincias que yo fui quería ser ese tipo de artista:
bohemio, noctámbulo, canalla. Lo conseguí, pero ahora estoy retirado.
-Pero la viviste...
-Sí, tenés razon. Viví la vida. Ahora apuesto por la vida y
por asumir la edad, que es lo más jodido. Ahora me estoy fumando un cigarrito
que prometí no volver a encender. Estuve ocho meses sin fumar y me controlo. Y
también me tomo un whiskisito. Lo más importante: me he quitado radicalmente de
la coca, que llevaba veinte años tomando. Supongo que los dioses me darán un
margen por haber sido bueno. Ahora disfruto de cosas más sosegadas, con amigos
más razonables. Se acabó la noche para mí, eso de andar de bar en bar sin saber
dónde y con quién iba a dormir y cómo me iba a despertar.
-Esta nueva vida ¿cambia tu poesía?
-Ahora no, pero sospecho que a mediano plazo definitivamente
sí, porque tendré otras cosas que contar. Aunque las canciones viven más en el
territorio de la memoria. Me gusta decir en broma que lo único que siento ahora
por las drogas es nostalgia. Así que tal vez esa nostalgia salga de alguna
manera.
-Asumiste tus 52 años.
-Eso no quiere decir que asuma la edad que tenía mi padre o la
que tienen algunos de mis contemporáneos. Tengo otro modo de vivir al día, de
apasionarme por cosas que no tienen que ver con la rutina ni los horarios. Si
no tienes la vida, no tienes nada. No creo en las vidas ultraterrenas de
ninguna clase. Ni siquiera en la de la celebridad. Me debo a mí mismo y a la
gente que estos años ha escuchado mis canciones, para escribir algunas más. Y
para esto hay que vivir.
-¿Por qué el disco se llama Dímelo en la Calle y estás vestido
de boxeador, sangrando?
-Es que se me ocurrió la broma de que, ya que había estado
malito (enfermo), quería salir como un boxeador sonado, hecho mierda por mil
puñetazos. Alrededor de esa broma visual, y no es más que una broma, se me
ocurrió la frase Dímelo en la calle. Siempre
me han gustado las frases que le hablan directamente al que escucha o al
lector. Además de lo que tiene de directo, este nuevo disco recupera el tono de
algunas de las primeras canciones que hice, que eran muy callejeras. Como ahora
me encuentro en una situación inversa, que estoy metido en casa y no salgo...
pues Dímelo en la calle es un poco señalar: si
quieres decir algo, vamos a pelear. Esta vez estoy con
guantes de boxeo, pero de seda.
-¿Has boxeado alguna vez?
-Nunca. Yo siempre fui y soy muy cobarde. Cuando dicen en las
guerras: las mujeres y los niños al refugio... ahí me voy yo. Detesto la
violencia física, me da pavor.
-¿Este disco significa una nueva etapa?
-Creo que tiene más historia del corazón que de las calles. Es
una vuelta a algunas de las canciones mas rockeritas de hace algunos años. Creo
que hay más reposo. He tenido dos años que nunca había tenido tiempo para
corregir las canciones despacio. No me he metido en un estudio, como otras
veces, porque urgía sacar un disco para grabar veinte canciones en un mes, sino
que las he ido grabando cuando me lo ha pedido el cuerpo, aquí en un estudio
que tengo en casa.
-Tu música, tus libros son un éxito. ¿Por qué creés que le
llegás a la gente?
-Uno está demasiado ocupado en escribirlo para pensar en cómo
hacer para llegar a la gente. No lo sé, pero a gente como a mí o como al
"Nano" (Joan Manuel Serrat) Operación Triunfo (un programa de
televisión) y esas músicas de usar y tirar nos están dejando un hueco tremendo.
Cuando alguien va en un taxi y oye una canción que está hecha más con el
corazón que con la calculadora se nota enseguida la diferencia con toda la
música basura que se está oyendo. Estamos en medio de la cultura basura, la
dictadura de la ignorancia, de la mierda, de las cosas de usar y tirar. Creo
que eso hace que gente como Serrat o yo hayamos encontrado ese hueco. Estamos
bastante solos.
-¿Por qué siempre decís que no cantás, contás?
«Porque es así. Los artistas que me gustan tampoco cantan
sino cuentan. En el tango del disco hay una clarísima influencia del Polaco
Goyeneche, cuyos discos he oído aquí casi a diario durante años. Me gustan Bob
Dylan, Leonard Cohen, George Brassens y don Atahualpa Yupanqui. Nunca me
interesaron los Plácido Domingos sino los que
se pueden expresar realmente a pesar de su voz.
-Hacen de defecto virtud...
-Cuanto uno no puede vender voz, vende estilo. Me gusta el
Goyeneche agónico del final, cuando no podía cantar, más que el de los años
cuarenta cuando tenía una hermosa voz. En la medida en que fue perdiendo la voz
fue ganando estilo. Es que nosotros no hacemos ópera sino canción popular, que
no ha nacido en los conservatorios sino en los boliches. El tango contado es el
que me gusta. Cuando las palabras no se cantan sino que se mastican, se
escupen, se pronuncian. Goyeneche es uno de los que más me ha enseñado. Primero
Dylan y después el Polaco.
-En tu nuevo disco hay tango, Nicolás Guillén y mil cosas de
América.
-Así es. Primero fue la Argentina y después México, La Habana.
Ahora Perú por razones más sentimentales. Tengo una novia peruana, Jimena.
-¿De dónde sale tanto amor por la Argentina?
-La Argentina me volvió loco y no sólo por el tango. Es la
gente... cómo quieren a los cantantes, a los artistas. Te devuelven lo que les
das de una manera que no sabés cómo pagarlo. Además siempre tuve un buen
enganche con el rock argentino. Estábamos aquí haciendo un rock mal traducido
del americano y allá Charly García, Fito Páez, Luis Spinetta y mil más se
inventaron un rock latino, cosmopolita y maravilloso. Y Andrés Calamaro, que
tiene un pie aquí y otro allá. Un talento extraordinario. En Argentina se ha creado
la música urbana más importante del siglo.
-¿Volvés a la Argentina?
«Hace quince años que nunca había pasado un año y medio sin
volver a Buenos Aires. Era y sigue siendo mi segunda casa. Y en este año y
medio he sufrido el desastre como si fuera en mi propia carne. Sé que parece
muy fácil y barato decirlo desde Madrid. Pero casi me interesa más lo que pasa
en Buenos Aires que en Madrid, porque aquí somos demasiado europeos y
aburridos. Me siento muy porteño. Lo que pasa en Argentina es desesperante. Esa
cosa de que nunca se puede caer más bajo y vuelves al año siguiente y si se ha
podido. Y no solo las multinacionales y el Fondo Monetario esquilman: la clase
política más inútil y ladrona del mundo esta allí. Con la gente más culta, las
chicas más guapas del mundo... ¡y mucha gente que se muere de hambre! Todos
aguantando esa destrucción... No tengo palabras.
-Los españoles lo sienten como algo propio...
-Aquí hay más solidaridad con la Argentina que lo que se
piensa. A veces los argentinos creen que sólo existen los que compran Iberia y
la desguazan o los bancos...
-En la Argentina hay mucha bronca porque cada vez más rechazan
a gente que quiere entrar como turistas.
-Tienen derecho a estar indignados. En la Argentina se recibió
a los españoles, durante muchos años, con los brazos abiertos. Por eso la
madrastra españa debería tener más memoria histórica y tratar a los argentinos
como hermanos. Tendrían, por ejemplo, que tener derecho al pasaporte español
por habernos tratado con tanta generosidad. Pasaporte español, de pleno
derecho, por ser argentinos. Eso es lo que debería ser.
-¿Y los tambores de guerra, la guerra preventiva contra Irak?
«Estoy aterrorizado. Estamos en manos de unos analfabetos que
ganaron una elección muy dudosa en Estados Unidos, controlados totalmente por
el complejo militar industrial. Están rompiendo los tratados internacionales,
la legalidad mundial. El contrapeso debería ser Europa, pero no hacen nada.
-¿Estás preparando otro libro?
-Estoy preparando un libro de cartas en versos. Muy divertido.
Por ejemplo: le escribo a Silvio Rodríguez unas décimas preguntándole por qué
él y Pablo Milanés no son amigos y están peleados, y él me contesta en verso.
También con el subcomandante Marcos. Cartas con actores, escritores.
-¿Cartas con Fito Páez?
«En el libro publico las cartas que salieron mal en Buenos
Aires. Las podrán leer tal como las escribí y lo que Fito me contestó.
-¿Se reconciliaron?
-Con Fito hablamos por telefono. No nos vemos seguido ni
tomamos copas, pero somos amigos. Lo que no haremos jamás es grabar un disco
juntos...