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LA MUERTE DE SANTIAGO, EL HERMANO DEL SEÑOR

A través de cuatro testimonios

Hegessipus Pseudo-Clementinas Segundo Apocalipsis de Santiago Clemente de Alejandría

Al estudiar el motivo de la ejecución de Santiago algunos investigadores sólo se centran únicamente en el relato de Flavio Josefo, ignorando otras cuatro fuentes cristianas posteriores, consideradas -con razón- como legendarias. No obstante, estas fuentes son fundamentales para comprender el acontecimiento en cuestión, y más todavía a cómo este acontecimiento fue entendido por los cristianos de las primeras generaciones.

¿Conoces ya el relato de Flavio Josefo?

Según Hegessipus

La muerte de Santiago, el hermano del Señor (que llegó, sin que nos den muchas explicaciones, a liderar la llamada comunidad de Jerusalén), narrada por Hegessipus, nos ha llegado a través de Eusebio de Cesarea (o Eusebio de Panfilia), en su obra historia eclesiastica (II, xxiii, 5-18).

hegessipus (133K)      [8] Algunas de las siete sectas del pueblo, que he mencionado en mis Memorias, le preguntaron cuál era la puerta que conducía a Jesús, y dijo que él era el Salvador.
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[9] Por eso algunos creyeron que Jesús es el Mesías. Pero las herejías mencionadas no creían ni en una resurrección ni que él hubiese venido para dar a cada uno de acuerdo a sus obras.
Los muchos que creyeron, pero, lo hicieron a causa de Santiago.
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[10] Como había muchos de los dirigentes de entonces que creían, se produjo un tumulto entre los judíos, escribas y fariseos, diciendo que había peligro que el pueblo esperara ahora a Jesús como el Mesías.
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Santiago visto por Hegessipus

[5] Fue santificado desde el vientre de su madre: no bebió vino ni bebida alcohólica y no comió nada que tuviera vida; la navaja no pasó nunca sobre su cabeza, nunca se ungió y se abstenía de los bañoss. [6] Sólo a él se le permitía entrar en el santuario [eivj ta. a[gia]; y sus vestidos no eran de lana, sino de lino. Entraba solo en el Templo, [eivj to,n nao.n] y allí se le encontraba de rodillas pidiendo perdón por el pueblo. La piel de sus rodillas se había tornado dura como la de los camellos, porque estaba constantemente postrado adorando a Dios y pidiendo perdón. [7] Su justicia eminente, además, hizo que se le llamara el Justo i Oblias, es decir en griego "muralla del pueblo y de la justicia", como los profetas se han manifestado sobre él.

*     *     *

Hegessipus según Brandon

Un cristiano del siglo II de Palestina que vivió sólo una generación antes que Orígenes. Su relato, escrito aproximadamente un siglo después del de Antiguedades de los judíos<(i>, nos da una versión completamente diferente de la muerte de Santiago, de la causa y de las circunstancias. Este relato no sólo muestra una gran confusión de pensamiento, sino que también contiene muchas inverosimilitudes evidentes. A pesar de ello nos muestra ciertos rasgos de carácter que parecen formar parte de una tradición primeriza.
...y hemops visto que esta es representativa de la tradición existente en la Palestina del siglo II, pero también hemos encontrado huellas de alguna tradición anterior.
...a no ser que consideremos el relato de Hegessipus como inventado y lo ignoremos, nos quedamos con la suposición de que Hegessipus ha dado un relato falso de una situación que no comprendia completamente.

La validez del testimonio de este miembro del siglo II de la iglesia de Aelia Capitolina para el cristianismo palestino del siglo I ha sido objeto de de diversas opiniones de muchos investigadores.

El punto de vista más sólido de la cuestión parece ser el que reconoce a Hegessipus como si hubiera recogido ciertas tradiciones eclesiásticas vigentes en Palestina en su época, que, aunque evidentemente se inclinaban a elaborar acríticamente el prestigio del centro original de la fe cristiana conservaron algunos recuerdos genuinos de la comunidad del primer siglo. Es obvio que si se evalúa así, la evidencia de Hegesippus sólo puede considerarse como una fuente secundaria, cuyo uso debe limitarse a confirmar e ilustrar las conclusiones extraídas del estudio de documentos más fiables.

Los relatos de Hegesippus sobre Santiago, que han sido conservados por Eusebio y Epifanio, son de un tipo extremadamente elogioso y en muchos aspectos son palpablemente falsos. Como se ha sugerido más arriba, Hegesippus parece haber detallado leyendas actuales en el Iglesia de Aelia Capitolina sobre su predecesor aborígen en la metrópoli judía, leyendas que se proponían aumentar la gloria y el prestigio de la Iglesia de Jerusalén con la esperanza natural de que algo de su reputación única podría reducir en beneficio de su insignificante sucesor. Teniendo en cuenta este factor de exageración, el registro de Hegesippus también atestigua el predominio único de Santiago entre los cristianos de Jerusalén, que queda tan claramente indicado después de un examen, como hemos visto, en las fuentes anteriores.

     Se reunieron, pues, delante de Santiago y dijeron: Te lo pedimos: retén al pueblo, que está en un error respecto de Jesús, como si él fuera el Mesías. Te pedimos que persuadas acerca de Jesús a todos los que vengan para el día de la Pascua, porque a ti todos te obedecemos. Nosotros, efectivamente, y todo el pueblo, damos testimonio de ti, de que eres justo y no tienes acepción de personas. [11| Tú, pues, convence a toda la muchedumbre de que no se engañe respecto del Mesías. El pueblo entero y nosotros te obedecemos.
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Yérguete, pues, sobre el pináculo del templo para que desde lo alto seas bien visible y todo el pueblo oiga tus palabras, porque con motivo de la Pascua acuden todas las tribus, incluso algunos gentiles.
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[12] Y así los susodichos escribas y fariseos pusieron a Santiago de pie sobre el pináculo del templo y le dijeron a gritos: ¡Oh, tu, el Justo!, a quien todos debemos obedecer, puesto que el pueblo anda extraviado detrás de Jesús el crucificado, dinos quién es la puerta de Jesús.
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[13] Y él respondió con una gran voz: ¿Por que me preguntáis sobre el Hijo del hombre? También él está sentado en el cielo a la diestra del gran poder y ha de venir sobre las nubes del cielo.
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[14] Y siendo muchos los que se convencieron del todo y se glorificaron ante el testimonio de Santiago, prorrumpieron en alabanzas diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Entonces los mismos escribas y fariseos de nuevo se dijeron unos a otros: Hicimos mal en proporcionar un testimonio así a Jesús, pero subamos y arrojémosle abajo, para que cobren miedo y no le crean.
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[15] Y se pusieron a gritar diciendo: !Oh, oh, también el Justo se ha extraviado! Y así cumplieron la Escritura que se halla en Isaías: Quitemos de en medio al justo, que nos es incómodo. Entonces comerán el fruto de sus obras.
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Subieron, pues, y arrojaron abajo al Justo [16]. Y se decían unos a otros: !Lapidemos a Santiago el Justo! Y comenzaron a apedrearlo, porque al ser arrojado no había muerto. Mas él, volviéndose, se arrodilló y dijo: Yo te lo pido, Señor, Dios Padre: perdónalos, porque no saben lo que hacen.
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[17] Pero lo apedrearon, y uno de los sacerdotes, de los hijos de Recab, hijo de Recabim, de los que el profeta Jeremías dio testimonio, gritó: ¡Parad!, ¿qué hacéis? El hombre justo está rezando por vosotros. Entonces uno de ellos, un lavandero, tomó el bastón con el que golpeaba la ropa y golpeó al justo en la cabeza.
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Texto castellano

Texto bilingüe griego-francés

Texto inglés

[18] Así es como Santiago fue martirizado. Fue enterrado en el lugar, cerca del templo, donde aún hoy puede verse su monumento. Dio verdadero testimonio a los judíos y a los griegos de que Jesús es el Mesías. Y poco después, Vespasiano los sitió.
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Según las Pseudo-Clementinas

Otra presentación la encontramos en la literatura pseudo-Clementina: una disussió en el temple entre Santiago i Caifàs acaba en un baño de sangre, aunque Santiago, que había sido arrojado de escaleras abajo, sólo saldrá cojo.

Literatura
Pseudo-Climentina

Una historia algo similar se presenta en el siglo II de nuestra era en los Reconocimientos Pseudo-Clementinos (I. 66-70). En este relato, Santiago sube al Templo con su congregación (incluido Gamaliel) y se encuentra allí con una gran multitud dirigida por el sumo sacerdote Caifás. Entra en una discusión con Caifás sobre la creencia en el Mesías y varios asuntos bíblicos, una discusión que termina en un derramamiento de sangre cuando se produce una masacre de los cristianos en el Templo. La persona que ordena la masacre entra en el Templo y, cerca del altar, blande un tizón del altar (1.70.1, 6). A continuación, Santiago es arrojado desde lo alto de la escalera, aunque no se dice que muera (1.70.8).

*     *     *

En los primeros siglos cristianos se libró, por los diversos bandos, una saludable batalla literaria: una de las pruebas de esta batalla es el conjunto de textos que reciben el nombre de literatura pseudo-clementina, que son parte de una polémica contra el cristianismo ortodoxo, contra la "proto-ortodoxia".
Ferdinand Christian Baur (1792 - 1860) y la escuela de Tubinga (fundada por él) consideraron toda esa literatura "contra" como textos muy importantes, ya que mostraban una etapa primitiva del cristianismo judío.
Se atribuían a Clemente, obispo de Roma y supuesto autor de la Carta Primera de Clemente a los corintios, conservándose dos colecciones de textos:

  • Un conjunto de veinte Homilías en las que Clemente comenta sus viajes y aventuras, incluidos sus amplios contactos con el apóstol Pedro, quien lo había convertido a la fe en el Mesías.

La existencia de las Homilías es conocida desde el siglo XVI, entre 1572-1578, gracias a la investigación en bibliotecas del religioso jesuita palentino Francisco Torres, más conocido por la forma latina Turrianus, que las sacó a la luz.
Sin embargo, la versión más conocida, y probablemente diferente a la encontrada por Torres, fue la de Cotelerius, en 1672, a partir de un manuscrito conservado en París, pero faltando el vigésimo libro y parcialmente el decimonoveno.

  • Un informe en diez libros (precedidos de una carta de Pedro a Santiago, el hermano de Jesús y líder de la iglesia de Jerusalén) de los viajes de Clemente, enmarcados en su búsqueda de sus parientes perdidos, a quienes encuentra, lo que da título a la obra: Recognitiones.

La relación entre las dos obras es muy compleja y es una de las cuestiones más intrincadas de la antigua literatura cristiana.

Ambos textos se remontarían a un documento más antiguo, modificado y editado de diversas formas a lo largo de los años.

Algunos de estos escritos adoptan una posición propia de los cristianos judíos (los ebionitas) y se oponen abiertamente (especialmente en ciertas partes de las Homilías [2, 17.19]) a las formas de cristianismo defendidas por los proto-ortodoxos de los siglos II-III, que siguieron a Pablo en su rechazo de la ley mosaica..

El evangelio predicado por Pedro (vigencia y validez de la Ley para todos los cristianos) es contrapuesto a las heréticas ideas de Pablo (mal disfrazado tras el disfraz de Simón el Mago), a quien se le atribuye un mensaje cristiano, literalmente, sin Ley.

*     *     *

El año 1930 Oscar Cullmann publicó Le problème littéraire et historique du Roman pseudo-clémentin. Étude sur le rapport entre le gnosticisme et le judéo-christianisme.

Según él este Roman nos había llegado bajo dos modalidasdes:

  • Las Homilías, en griego, precedidas de tres documentos:
  • Las Recognitiones (en el sentido de "reencuentros"), en una traducción latina, a partir de un texto griego, del siglo IV de Rufinus de Aquilea (muerto el 410)

Las tesis de Oscar Cullmann

  1. Postula la existencia de una fuente común Escrito fundamental o Escrito base (Grundschrift) a las Homilías (que han reproducido más fielmente las doctrinas de la fuente) y a las Recognitiones (que han conservado mejor el plan general de la obra) y propone una reconstitución posible a partir de los fragmentos comunes.
  2. Este Escrito base mostraría la existencia de tres fuentes, que un judeo-cristiano, escritor de talento, habría mezclado, produciendo la primera novela cristiana.
  1. Las Predicaciones de Pedro, fuente judeo-cristiana.
  2. Una Apología judía de origen oriental (discusión sobre el politeísmo, sobre el fatalismo y sobre la providencia) se adjunta al Itinerario de Pedro.
  3. Una trama novelesca, siguiendo la novela griega.
  1. Estudia la relación entre el gnosticismo y el judeo-cristianismo

Una valoración

Los descubrimientos posteriores de Qumrán y Nag-Hammadi no han confirmado todas las hipótesis de Cullmann, pero han hecho justicia a su intuición sobre la extraordinaria diversidad de las representaciones, expresiones, tentativas de elucidación que había producido el judaismo en su crisis soio-cultural sin precedentes y que, tanto el judaismo como el cristianismo antiguo sólo podían ser comprendidos en la multiplicidad de sus manifestaciones.

Extractado de
Pierre Geoltrain
Le Roman Pseudo-clémentin
depuis les recherhes
d'Oscar Culmann



publicado en
Le judéo-christianisme
dans tous ses états

*     *     *

EL GRUNDSCHRIFT o ESCRITO BASE

*     *     *

a    
LXV. Tumulto aplacado por Gamaliel
Cuando hube hablado así, toda la multitud de los sacerdotes se enfureció, porque yo les había predicho el derrocamiento del templo.
Cuando Gamaliel, uno de los jefes del pueblo, -que era secretamente nuestro hermano en la fe, pero que por nuestro consejo permanecía entre ellos- vio que estaban muy enfurecidos y movidos por una intensa furia contra nosotros, se levantó y dijo:
"Callad un poco, oh hombres de Israel, porque no os dais cuenta de la prueba que se cierne sobre vosotros. Por tanto, absteneos de estos hombres; y si lo que hacen es por consejo humano, pronto se acabará; pero si es de Dios, ¿por qué pecaréis sin causa, y no prevaleceréis? Porque ¿quién puede vencer la voluntad de Dios?
Ahora, pues, ya que el día está declinando hacia la tarde, yo mismo disputaré con estos hombres mañana, en este mismo lugar, en vuestra audiencia, para poder oponerme abiertamente y confutar claramente todo error
.

Con este discurso, la furia de los hombres se vio en cierta medida frenada, sobre todo con la esperanza de que al día siguiente fuéramos condenados públicamente por el error, por lo que despidió al pueblo pacíficamente.
LXVI. Se reanuda la discusión
Cuando llegamos a casa de nuestro Santiago, mientras le detallábamos todo lo que se había dicho y hecho, cenamos y nos quedamos con él, pasando toda la noche en súplica a Dios Todopoderoso, para que el discurso de la disputa que se avecinaba mostrara la verdad incuestionable de nuestra fe.
Por eso, al día siguiente, el obispo Santiago subió al templo con nosotros y con toda la iglesia. Allí encontramos una gran multitud, que nos esperaba desde la mitad de la noche. Por lo tanto, nos colocamos en el mismo lugar que antes, para que, de pie en una elevación, pudiéramos ser vistos por todo el pueblo.
Entonces, cuando se obtuvo un profundo silencio, Gamaliel, que, como hemos dicho, era de nuestra fe, pero que por una dispensa permanecía entre ellos, para que si en algún momento intentaban algo injusto o perverso contra nosotros, él pudiera frenarlos mediante un consejo hábilmente adoptado, o pudiera advertirnos, para que estuviéramos en guardia y lo pudiéramos evitar;
Por lo tanto, como si actuara contra nosotros, dirigiéndose en primer lugar al obispo Santiago, se dirigió a él de esta manera:
LXVII. Discurso de Gamaliel
Si yo, Gamaliel, no considero un deshonor ni a mi saber ni a mi vejez el aprender algo de los niños y de los ignorantes, si hubiera algo que fuera de provecho o de seguridad adquirir (pues quien vive razonablemente sabe que nada es más precioso que el alma), ¿no debería ser esto objeto de amor y deseo para todos, aprender lo que no saben, y enseñar lo que han aprendido?
Porque es muy cierto que ni la amistad, ni la parentela, ni el poder elevado, deben ser más preciosos para los hombres que la verdad.
Por tanto, vosotros, hermanos, si sabéis algo más, no dejéis de exponerlo ante el pueblo de Dios que está presente, y también ante vuestros hermanos.
Mientras todo el pueblo escuchará de buen grado y con perfecta tranquilidad lo que digáis.
Porque, ¿por qué no ha de hacer esto el pueblo, si me ve a mí igualmente dispuesto a aprender de ti, si acaso Dios te ha revelado algo más?
Pero si en algo sois deficientes, no os avergoncéis de ser enseñados igualmente por nosotros, para que Dios supla lo que falte por ambas partes.
Pero si algún temor os agita ahora a causa de algunos de los nuestros, cuyas mentes están prejuiciadas contra vosotros, y si por miedo a su violencia no os atrevéis a decir abiertamente vuestros sentimientos, para que yo pueda libraros de este temor, os juro abiertamente por Dios Todopoderoso, que vive para siempre, que no permitiré que nadie os ponga las manos encima.
Puesto que, entonces, tenéis a todo este pueblo como testigo de este mi juramento, y tenéis el pacto de nuestro sacramento como una prenda adecuada, que cada uno de vosotros, sin ninguna vacilación, declare lo que ha aprendido; y nosotros, hermanos, escuchemos ansiosamente y en silencio.
LXVIII. La regla de la fe
Estas palabras de Gamaliel no le gustaron mucho a Caifás; y teniéndolo en sospecha, como parecía, comenzó a insinuarse astutamente en las discusiones: pues, sonriendo a lo que Gamaliel había dicho, el jefe de los sacerdotes pidió a Santiago, el jefe de los obispos, que el discurso concerniente a Cristo no fuera extraído sino de las Escrituras; "para que sepamos, dijo, "si Jesús es el mismo Mesías o no".
Entonces dijo Santiago: "Debemos primero preguntarnos de qué Escrituras hemos de derivar especialmente nuestra discusión".
Entonces él, con dificultad, al final vencido por la razón, respondió que debía derivarse de la Ley; y después mencionó también a los profetas.
LXIX. Dos venidas del Mesías
A él, nuestro Santiago comenzó a mostrar que todo lo que los profetas dicen lo han tomado de la Ley, y que lo que han dicho está de acuerdo con la Ley.
También hizo algunas afirmaciones respecto a los libros de los Reyes, de qué manera, y cuándo, y por quién fueron escritos, y cómo deben ser usados.
Y una vez que hubo discutido con la mayor amplitud sobre la Ley, y que, mediante una exposición muy clara, sacó a la luz todo lo que en ella se refiere al Mesías, demostró con abundantes pruebas que Jesús es el Mesías, y que en él se cumplen todas las profecías que se referían a su humilde advenimiento.
Pues demostró que se han predicho dos advenimientos suyos: uno en humillación, que ha cumplido; el otro en gloria, que se espera que se cumpla, cuando venga a dar el reino a los que crean en él y observen todas las cosas que ha mandado.
Y después de haber enseñado claramente al pueblo acerca de estas cosas, añadió también esto: Que a menos que un hombre sea bautizado en agua, en el nombre de la triple bendición, como enseñó el verdadero Profeta, no puede recibir la remisión de los pecados ni entrar en el reino de los cielos; y declaró que ésta es la prescripción del Dios no engendrado.
A lo que añadió también esto:
"No penséis que hablamos de dos dioses no engendrados, o que uno está dividido en dos, o que el mismo se hizo hombre y mujer.
Pero hablamos del Hijo unigénito de Dios, que no surgió de otra fuente, sino que se originó a sí mismo de manera inefable; y del mismo modo hablamos del Paráclito
".
Pero cuando hubo hablado también de algunas cosas sobre el bautismo, durante siete días sucesivos persuadió a todo el pueblo y al sumo sacerdote para que se apresuraran a recibir el bautismo.
LXX. Tumulto provocado por Saulo
Y cuando las cosas estaban en ese punto para que vinieran y se bautizaran, uno de nuestros enemigos, entrando en el templo con algunos hombres, comenzó a gritar, y a decir:
"¿Qué queréis decir, oh hombres de Israel? ¿Por qué os apresuráis tan fácilmente? ¿Por qué sois llevados de cabeza por hombres tan miserables, que son engañados por Simón, un mago?"
Mientras hablaba así, y añadiendo más cosas al mismo efecto, y mientras el obispo Santiago le refutaba, empezó a excitar al pueblo y a levantar un tumulto, para que la gente no pudiera oír lo que se decía.
Por lo tanto, comenzó a confundir a todos con gritos, y a deshacer lo que se había arreglado con mucho trabajo, y al mismo tiempo a reprochar a los sacerdotes, y a enfurecerlos con injurias e insultos, y, como un loco, a incitar a todos a asesinar, diciendo:
"¿Qué hacéis? ¿Por qué dudáis? Oh, perezosos e inertes, ¿por qué no les echamos la mano encima y despedazamos a todos estos tipos?"
Cuando hubo dicho esto, primero, tomando un fuerte tizón del altar, dio el ejemplo de golpear. Luego, otros también, al verlo, se dejaron llevar con la misma disposición.
Entonces se produjo un tumulto en ambos lados, de los que golpeaban y los que eran golpeados. Se derramó mucha sangre; se produjo una confusa huida, en medio de la cual aquel enemigo atacó a Santiago y lo arrojó de cabeza desde lo alto de la escalinata; y suponiendo que estaba muerto, no se preocupó de infligirle más violencia.

Texto inglés

El texto a tres columnas
inglés-castellano-català

    
LXXI. Huida a Jericó
Pero nuestros amigos lo levantaron, pues eran más numerosos y más poderosos que los demás; pero, por su temor a Dios, preferían dejarse matar por una fuerza inferior, antes que matar a otros.
Pero cuando llegó la noche, los sacerdotes cerraron el templo, y nosotros volvimos a la casa de Santiago, y pasamos allí la noche en oración. Luego, antes de que amaneciera, bajamos a Jericó, en número de 5000 hombres. Al cabo de tres días, uno de los hermanos vino a nosotros de parte de Gamaliel, a quien mencionamos antes, trayéndonos noticias secretas de que ese enemigo había recibido una comisión de Caifás, el sumo sacerdote, para que arrestara a todos los que creyeran en Jesús, y que fuera a Damasco con sus cartas, y que allí también, empleando la ayuda de los incrédulos, hiciera estragos entre los fieles; y que se apresuraba a Damasco principalmente por este motivo, porque creía que Pedro había huido allí.
Y unos treinta días después se detuvo en su camino al pasar por Jericó yendo a Damasco. En aquel tiempo estábamos ausentes, habiendo salido a los sepulcros de dos hermanos que se blanqueaban por sí mismos cada año, por cuyo milagro se contuvo la furia de muchos contra nosotros, porque veían que nuestros hermanos eran tenidos en memoria ante Dios.

El Segundo Apoalipsis de Santiago

Una tercera y todavía más oscura descripción de la muerte de Santiago la encontramos en el segundo apocalipsis de santiago de la biblioteca de Nag-Hammadi, el cuarto tratado del códice V (NHC V), que podría ser anterior al primer apocalipsis de santiago.

El códice V
de Nag Hammadi

En este códice encontramos dos Apocalipsis de Santiago, uno a continuación del otro, con el mismo título, precedidos por eugnoste el bienaventurado y por el apocalipsis de pablo y seguidos por el Apocalipsis de Adán. El texto copto (en el dialecto sahídico) de los dos escritos sería una traducción del original griego. La sección de este códice está muy deteriorada.
Ambos escritos son apocalipsis en el sentido gnóstico, es decir, revelaciones especiales del Señor, especialmente del Señor resucitado.

La figura de Santiago
en la literatura gnóstica

Figura ya muy honrada en los círculos judeo-cristianos, Santiago se convertiría más tarde en una figura de elección en los círculos gnósticos. Será el representante por excelencia del paso del judaísmo y del cristianismo tradicional a la gnosis. En los dos tratados del Códice V, Santiago es presentado como depositario y guardián de una revelación recibida de Jesús.

El segundo apocalipsis de santiago se presenta como "El discurso que Santiago el Justo ha pronunciado en Jerusalén" (44:13-15). Santiago se identifica como aquel "que recibió la revelación del pleroma de la incorruptibilidad" (46:6-8) y se destaca fuertemente su papel como receptor y mediador de la revelación y de la salvación.

El Segundo Apocalipsis
de Santiago

La parte principal de este escrito está dividida en dos partes, como en el primer Apocalipsis, narrando el encuentro de Santiago con el Señor antes de la pasión, y su encuentro después de la resurrección. Una revelación secreta y suprema se da también en el segundo encuentro y va acompañada de un beso del Señor a Santiago. Sin embargo, ya no son dos diálogos, sino dos discursos del Señor a Santiago. Los relata el propio Santiago en un discurso a la multitud en el Templo. El tema central es, en este escrito como en el anterior, el tema de la salvación entendida como victoria sobre los arcontes y el retorno al pleroma. Una gran parte de la revelación posterior a la resurrección está dedicada aquí a la superioridad del Padre celestial sobre el Demiurgo.

Al final del Apocalipsis, Santiago anima a la multitud a renunciar a "este duro camino (que) es cambiante" (59:1-2) y a seguir al Señor a través de él. Los sacerdotes deciden entonces matarlo: lo echan del Templo y lo apedrean. Santiago muere rezando "Dios y Padre mío" (62,12) para que lo libere de este mundo y lo lleve a la vida verdadera.

    
Por eso os digo: He aquí, yo os he dado vuestra casa, de la cual decís que Dios la hizo y que aquel que vive en ella había prometido daros una herencia en ella.
Yo voy a destruirla para perdición y escarnio de los que están en la ignorancia. Pues he aquí, los jueces están en consulta...
En aquel día todo el pueblo estaba excitado y también la multitud. Y ellos hicieron ver que no estaban convencidos. Y él se levantó y salió después de haber hablado de esta manera. Pero volvió el mismo día y habló algunas horas.
Pero yo estuve con los sacerdotes. Y yo no di a conocer nada del parentesco, pues todos ellos decían a una voz: ¡Vengan! Vamos a apedrear al Justo.
Y ellos se levantaron diciendo: Bueno, matemos a este hombre; él debe ser erradicado de nuestro medio. En nada nos va a servir de provecho.
Y estaban ahí y lo encontraron parado al lado de la almena del templo, al lado de la fuerte piedra angular. Y decidieron tirarlo abajo desde la altura. Y lo tiraron abajo.
Pero ellos [...], al miraarlo, vieron que todavía vivía. Ellos [...]
Ellos lo agarraron y lo golpearon y lo llevaron arrastrándolo sobre la tierra;
Lo extendieron y colocaron una piedra sobre su vientre. Pusieron sus pies sobre él todos ellos y dijeron: ¡Este es aquel que ha errado!
Volvieron a levantarlo, porque todavía estaba con vida, y le hicieron cavar una fosa y lo colocaron adentro, cubriéndolo hasta el vientre.
Así lo apedrearon.
Pero él extendió sus manos y dijo la siguiente oración, no la que acostumbraba a decir:

Mi Dios y mi Padre,
que me has salvado de esta esperanza sin vida,
y que me has vivificado por un misterio de tu bondad,
no permitas que se alarguenpara mí estos días de este mundo
y haz que el día de tu luz, donde no queda nada de noche, brille sobre mí.

Clemente de Alejandría

De la muerte de Santiago también nos habla Titus Flavius Clemens, uno de los hombres más eruditos del siglo II, más conocido como Clemente de Alejandría. Dirigió la Escuela Catequética de Alejandría a partir del año 190, donde tuvo como alumno a Orígenes.

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Lo sabemos gracias a Eusebio que, en su historia ecclesiastica, nos ha conservado algunos fragmentos de las Hypotyposes de Clemente, una obra de exégesis bíblica, ahora perdida.

Más sobre Santiago según Clemente
a través de Eusebio (Hist. Eccl. II, i)

[3] Clemente, en el sexto libro de sus Hypotyposes, lo indica así:
Porque dice que Pedro, Santiago y Juan, después de la ascensión del Salvador, aunque fueron honrados más que los demás por él, no reclamaron esta gloria, sino que Santiago el justo fue elegido como obispo de Jerusalén.

[4] El mismo escritor, en el libro séptimo de la misma obra, dice de él:
El Señor, después de la resurrección, dio conocimiento a Santiago el justo y a Juan y a Pedro, y éstos lo dieron al resto de los apóstoles, y éstos a los setenta discípulos, uno de los cuales era Bernabé.

    
Eusebio, Hist. Eccl, II, i
[5] Eran dos Santiagos, uno el justo que fue arrojado desde el pináculo del templo y golpeado con un palo de lavandero hasta morir, y el otro al que le cortaron la cabeza.
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Eusebio, Hist. Eccl, II, xxiii
Las circunstancias de la muerte de Santiago ya se han indicado en una cita de Clemente. Dice que lo arrojaron desde lo alto del templo y lo remataron con un palo.
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A manera de conclusiones

Hegesipus, las Recognitiones Pseudo-Clementines, el Segundo Apocalipsis de Santiago y Clemente de Alejandría tienen similitudes como diferencias. En primer lugar, las cuatro dependen, directa o indirectamente, de una fuente de principios del siglo II, o al menos de una tradición antigua común que mantuviera restos de una judía. Como resultado, las cuatro incluyen dos rasgos básicos: la predicación en/sobre el Templo y la lapidación de Santiago.

Todas estas fuentes sitúan el conflicto entre Santiago y sus adversarios (ya sea el sumo sacerdote, los sacerdotes, los escribas y fariseos, o simplemente la multitud) en el Templo. Santiago podría haber cometido diversos actos prohibidos:

  • Hegessipus argumenta que Santiago entra en el santuario (naos) cuando reza por el perdón del pueblo, lo que implica que actúa como un sacerdote, lo que se consideraría una grave transgresión contra el culto del Templo.
  • El Segundo Apocalipsis de Santiago menciona específicamente que Santiago predica que el Templo está "condenado a la destrucción y al escarnio".
  • Tanto en Hegesippus como en Recognitiones, Santiago predica sobre la creencia en el Mesías en el Templo.
  • Hegesippus, Recognitiones y el Segundo Apocalipsis de Santiago suponen el interés de Santiago por asistir al Monte del Templo (Hegessipus incluso lo describe como un [¿sumo?] sacerdote), ya sea como lugar de culto o como lugar de predicación.

Es importante constatar que estos autores ya no valoran el sistema de culto judío.

  • Sólo el Segundo Apocalipsis de Santiago describe una postura explícita contra el Templo al relatar la profecía de Santiago sobre su destrucción como castigo de Dios a los judíos por su "ignorancia" (del Mesías).

Y algunas preguntas pendientes...

¿Cómo llegó Santiago a liderar la comunidad de Jerusalén?

¿Maniobró María para que su otro hijo siguiera liderando el grupo?

¿Por qué lo condenaron?

¿Por qué los Hechos de los Apóstoles no dicen nada de la muerte de Santiago?