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Ya publicado
Una plegaria eucarística

Mi canon



Este escrito es un capítulo de mi Catequesis eucarística que fui publicando en los años 2006/2007. Con los años ha ido sufriendo diversos cambios y, muy posiblemente -a partir de este 2018- los seguirá sufriendo.

Como conclusión de esta Catequesis eucarística ya he publicado -como buen escriba que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas- un par de textos y otro par de sermones, y prometí -también de este cajón de cosas nuevas y viejas- una "plegaria eucarística" o un "canon".

Cumplir esta promesa podría resultarme bien fácil: sólo necesitaría publicar el canon o plegaria que desde hace unos cuantos años (yo diría que unos quince) acostumbro a utilizar en las celebraciones eucarísticas en las cuales tengo un cierto poder de decisión.

Pero es una promesa más difícil de llevar a término si, aprovechando la ocasión, quisiera introducir los cambios que mi evolución espiritual de estos últimos años exigiría, ya que la celebración litúrgica de una comunidad debe guardar coherencia con la espiritualidad y teología de esta comunidad, y, si en el transcurso de los años hemos ido cambiando -aunque siguiendo ritmos diferentes- en nuestra espiritualidad y en nuestra teología, nuestra liturgia debe asumir estos cambios.

Verdad es que la primera redacción tampoco respondía a mi "situación espiritual" de aquellos momentos, ya que era bien consciente que la "plegaria eucarística" o canon debía poder ser asumido por todos los que participaran en la celebración: no es la plegaria de quien preside, es la plegaria de toda la asamblea.

Al redactarla me dejaba guiar por los consejos de Jean Pierre Jossua en su libro La Foi en questions, publicado -con el título de Cuestión de Fe- por Sal Terrae el año 1989.

La eucaristía, insertada en el espacio y el tiempo, comprometiendo la imaginación y el cuerpo, es realizada por una asamblea, toda ella activa, que pone en práctica una parte de tradición formadora y una parte de improvisación actualizadora (ésta frecuentemente abolida por la rigidez ritual y las prohibiciones autoritarias).

Lo importante es que el gesto de la Cena ha podido siempre repetirse de nuevo: a veces bajo formas oficialmente legítimas pero pobres; otras veces bajo formas significantes pero alejadas de los cánones clásicos y corriendo el riesgo del empobrecimiento.

El derecho a renovar la Cena en su simplicidad inicial es algo inalienable para todos los cristianos, cualesquiera que sean, con tal de que se sientan en comunión con las Iglesias; pero ese derecho no supone la libertad de destruir la admirable síntesis de la celebración tradicional.

Jean Pierre Jossua
Cuestión de fe
Sal Terrae, 1989

Tomando como modelos los cánones oficiales de la liturgia romana postconciliar (siguiendo más bien los del IV) iba introduciendo unos pequeños cambios:

Desde hace muchos años, procuro no comenzar nunca la misa con aquel Hermanos: antes de celebrar los sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados y hago también un salto a todos los ten piedad. Después vi que Jacques Pohier me daba la razón.

El pecado,
¿es algo tan importante?

Un texto de Jacques Pohier

Lector bartiano -en mi época de estudiante de teología- de la Carta a los Romanos, no me puedo considerar de ninguna manera de aquellos que ignoran la dimensión "pecaminosa" de nuestra humanidad, aunque no me siento obligado a explicarla a través del mito de un "pecado original" (primer eslabón necesario para poder después postular una "historia de salvación"), ni obligado a urgir su reconocimiento como única manera que tiene el hombre para presentarse ante Dios. Karl Rahner, pocas semanas antes de morir, nos manifestaba su acuerdo.

El "corazón" del mensaje cristiano
Un texto de Karl Rahner

Pienso, pues, que la alusión que hago a nuestras vidas truncadas (expresión que no me acaba de gustar, pero que la mantengo hasta encontrar una mejor) es suficiente. Las nuestras, ciertamente, son "vidas truncadas": por nuestra radical e irremediable condición humana de pecadores, pero -también- por nuestra más radical y más irremediable condición humana de seres contingentes, de seres creaturales siempre atados -utilizando las palabras de Karl Rahner- a la estulticia, a las debilidades y a las pasiones no culpables.

Últimamente he suprimido la expresión de "vidas truncadas". ¿Qué derecho tengo yo a decir a alguien que su vida está "truncada"? Sí que creo que todos aceptarían que nuestras vidas están "transidas de finitud".

"Nuestros pecados", nuestra radical dimensión pecaminosa, es afirmada en la plegaria que me sirve de conclusión a toda la celebración eucarística: la oración por la paz. No mires nuestros pecados, sino la fe de todos nosotros.

*      *      *

Pero ya he dicho que la plegaria eucarística es la expresión de una asamblea, y no la manifestación de la evolución teológica-espiritual de uno de sus participantes, aunque éste haga a veces las funciones de "presidencia".

En este sentido, esta plegaria está pensada para ser proclamada por todos los que participan, ya sea en una lectura hecha, desde el principio al fin, por todos juntos, ya sea distribuyendo -para dar una cierta variedad litúrgica- las diversas partes del texto entre unos y otros.

Todos los participantes están invitados a pronunciar las "milagrosas" palabras de la "consagración", que parecían ser patrimonio exclusivo de los ministros ordenados.

La llamada "oración de los fieles" (que se acostumbra a hacer antes de la presentación de las ofrendas) queda incluida dentro de esta plegaria única de toda la asamblea: no hay una plegaria de los fieles y otra plegaria del sacerdote o sacerdotes concelebrantes.

Más tarde, al ir poniendo en cuestión el sentido de la oración de petición, cambié la invitación "a presentar las peticiones más personales" por una invitación a "presentar nuestros compromisos". Se acorta sensiblemente el tiempo de la eucaristía.

Podéis leer
La oración de petición
¿tiene sentido?

Una carta a Torres Queiruga

El rito de la presentación de las ofrendas también lo suprimo.

Como podréis observar esta plegaria eucarística es -en términos modernos- un "kit compacto", ya que lo que decimos "comunión" queda incluido dentro de ella. Y así podemos omitir la triple invocación al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, con la doble súplica de ten piedad de nosotros y el infantiloide no soy digno de que entres en mi casa.

Mi canon
TODOS Te damos gracias, Padre Santo,
por tu siervo, Jesús, el Mesías.
Por él, que es tu Palabra,
Proyecto de toda la creación,
hiciste todas las cosas:
para que tuviésemos vida
y la tuviésemos en abundancia.
El, conocido como el hijo de María,
no cerró sus oídos a los gritos de los sin-vida:
hambrientos, enfermos, posesos, oprimidos...
Fiel a las palabras de tus profetas,
para destruir todo lo que da muerte
y avivar toda luz de vida,
siguió conscientemente su camino
hasta morir condenado.
Extendiendo sus brazos en la cruz,
seguía abriendo los caminos de tu Reino.
Por eso,
juntamente con todos los hombres y mujeres
que a lo largo de los siglos
y desde los cuatro puntos del universo
han encontrado el gozo
de vivir como él,
proclamamos tu gloria, diciendo:

SANTO, SANTO, SANTO...

TODOS Te damos gracias, Padre Santo,
fuente de la vida:
de Ti brota todo lo que es vida en abundancia.
Te damos gracias por Jesús de Nazaret,
el hombre siempre libre para los demás:
en su libertad de amor
hemos descubierto el sentido
de nuestras vidas transidas de finitud.
Te damos gracias
por la vida y testimonio de todos aquellos
que han vivido su fe delante de nosotros
y a quienes Jesús nos enseñó
a llamarlos "Bienaventurados".
QUIEN
PRESIDA
Te pedimos que el Espíritu de Jesús,
que renueva en continua creación
todas la cosas sobre la faz de la tierra,
renueve este pan y este vino,
frutos de la tierra y del trabajo,
para que sean para nosotros
signo del memorial de Jesús.
LECTOR 1 Recordamos, pues, como Él mismo,
habiendo convocado las multitudes,
hombres y mujeres, pecadores y publicanos
tomaba un pan,
pronunciaba la bendición,
lo partía
y lo daba, diciendo:
TODOS Tomad y comed todos.

Es el momento de repartir y de comer el trozo de pan entre los participantes.

LECTOR 2 Recordamos también las veces,
en quereunido con su grupo,
una vez acabada la cena,
tomaba una copa,
pronunciaba la bendición,
y se la pasaba a todos, diciendo:
TOTS Tomad y bebed todos de ella:
es la copa de la nueva alianza.

Es el momento de pasar la copa entre los participantes.

QUIEN
PRESIDA
CUANTAS VECES COMÁIS DE ESTE PAN
Y BEBÁIS DE ESTA COPA,
HACEDLO EN MEMORIA MÍA
HASTA EL DÍA EN QUE BEBAMOS JUNTOS
EN EL REINO DE DIOS.
LECTOR 3 Este es el misterio de nuestra fe

ANUNCIAMOS TU MUERTE...

TODOS Así, pues,
al celebrar ahora el memorial
de nuestra libertad,
recordamos la muerte muerte llena de resurrección
de Jesús de Nazaret,
para que, habiendo participado de un solo pan
y de una sola copa,
sepamos ser, congregados en un solo cuerpo,
anuncio incansable de tu Reino
LECTOR 4 Al hacer el memorial de nuestra libertad
no podemos olvidar que todo el universo
gime y sufre dolores de parto…...,

Es el momento de presentar nuestros compromisos más personales

TODOS No olvidamos los nombres de todos aquellos que siguen vivos
en el recuerdo de los aquí reunidos:
que habiendo ya compartido la muerte con Jesús
permanezcan siempre para nosotros
como testimonios vivos de su Espíritu
TODOS Padre de bondad,
nuestros nombres están vivos en tu recuerdo,
juntamente con el de María, su madre,
con el nombre de los apóstoles y de las santas mujeres
que siguieron a Jesús por los caminos de Galilea,
con el de todos aquellos que han sido tus amigos a lo largo de los siglos.
Como todos ellos no rechazamos,
ayudados con tu aliento,
un lugar en tu Reino
para dar la buena noticia a los pobres,
anunciar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
para poner en libertad a los oprimidos
y proclamar el año de tu gracia.
TOTS A TI,
PRESENCIA SIEMPRE ESCONDIDA,
NI PALABRA NI SILENCIO,
TE BUSCAMOS
DESDE LAS PROFUNDIDADES,
CON NUESTRAS PALABRAS
Y CON TODOS NUESTROS SILENCIOS.
AMEN

La celebración eucarística se acaba con la recitación del "Padre Nuestro", la oración por la paz y con el deseo de que "La paz del Señor sea siempre con todos nosotros"

Final de la
CATEQUESIS EUCARÍSTICA

Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
31 julio 2007
Última actualización: Febrero 2018
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Una opinión muy difundida sobre la salvación cristiana es que los creyentes son salvados en virtud de los padecimientos de Cristo, que soportó la muerte en una cruz como castigo por el pecado humano. En esta noción de salvación, cuyo origen se atribuye a Anselmo de Canterbury, teólogo del siglo XI, la cruz de Cristo sustituye al castigo que los seres humanos merecen.

Al padecer en nuestro lugar, Cristo satisface la justicia de Dios y reconcilia a Dios con nosotros, de manera que podemos disfrutar de la vida eterna en vez de sufrir la condenación.

Como se explicará más adelante, este modelo de salvación no era de Anselmo, en realidad. El modelo de la "sustitución penal" aparece ya con Orígenes (185-254), que veía la muerte de Cristo como un sacrificio propiciatorio; es promovida y popularizada por los Reformadores, especialmente por Juan Calvino; sin embargo, no es el modelo exclusivo ni dominante de la tradición.

No obstante, la idea de que Cristo al morir carga con un castigo que Dios exige como condición para la expiación, y la de que el objetivo de la encarnación es la cruz, han tenido gran influencia en la imaginación y la piedad popular cristianas.

En décadas recientes, este modelo de salvación mediante la cruz se ha visto sometido a un ataque teológico.

Lisa Sowle Cahill
La salvación y la cruz
Concilium, nº 326 (junio 2008)

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