Volver a empezar 

        Hoy serán pronunciadas sobre ti las grandes palabras del mensaje cristiano: las nociones 

      • de reconciliación y redención
      • de renacimiento y Espíritu Santo
      • de amor a nuestros anemigos
      • de crucifixión y resurrección
      • de la vida en Cristo y del seguimiento de Jesucristo
son quizás todavía poco comprensibles para ti. 

        Pero también nosotros mismos estamos hoy en un punto en que nos es preciso volver a empezar a comprender estas palabras. Todas estas palabras han llegado a ser tan difíciles y tan lejanas que apenas nos atrevemos a hablar de ellas. 

        Es verdad que presentimos un aliento nuevo y revolucionario en las palabras y acciones tradicionales, pero aún no podemos ni concebirlo ni expresarlo. Es nuestra propia culpa. 

        Nuestra Iglesia,que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer, y nuestra existencia de cristianos sólo tendrá, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres. 

        Todo el pensamiento, todas las palabras y toda la organización en el campo del cristianismo, han de renacer partiendo de esta oración y de esta actuación cristiana. 

        Cuando alcances la edad adulta, el rostro de la Iglesia habrá cambiado por completo. No nos toca a nosotros predecir el día -pero este día vendrá- en que de nuevo habrá hombres llamados a pronunciar la Palabra de Dios de tal modo que el mundo será transformado y renovado por ella. Será un lenguaje nuevo, quizás totalmente arreligioso, pero liberador y redentor, como el lenguaje de Cristo. Los hombres se espantarán de él, pero a la vez serán vencidos por su poder. 

        Será el lenguaje de una nueva justicia y de una nueva verdad, el lenguaje que anunciará la paz del Señor con los hombres y la proximidad de su Reino. 

        Hasta entonces la actividad de los cristianos será oculta y callada; pero habrá hombres y mujeres que rezarán, actuarán con justicia y esperarán el tiempo de Dios. Que tú seas uno de ellos y que alguna vez pueda decirse de ti: "Mas el camino de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto" (Prov 4,18). 
 

Dietrich Bonhoeffer 
Tegel, mayo de 1944 
Fragmento 
Reflexiones para el día del bautizo 
de Dietrich Wilhelm Rüdiger Bethge 

 
 
 
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