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DE JESUITA DECLARADO APOFÁTICO
A JESUITA AGNÓSTICO

Reflexiones a propósito del escrito de un compañero

Hola:

Ya te di, con una sola palabra, las gracias por tu escrito.

foratarruego (1555K)

La semana pasada estuve en los Pirineos de Huesca, por aquella parte del Parque Nacional de Ordesa no visitado por las multitudes. Me parece que algún año te invité a pasar unos días de Pirineos, pero no aceptaste la oferta. Cada uno se pierde lo que quiere.

Sin necesidad de releerlo, fui reflexionando sobre tu escrito. Me alegra que no seas (como alguno de mis amigos) de los que ahora descubren "nuevos paradigmas", sino de los que nos consideramos fruto de un proceso (imparable, aunque no se haya querido reconocer), en el cual nombres como Spinoza (Deus sive natura) o Hugo Grotio (Etsi Deus non daretur) alguna participación han tenido.

Ya puedes suponer que a Hugo Grotio lo conozco a través de Dietrich Bonhoeffer, el cual, desde la prisión de Tegel, escribe el 16 de julio de 1944 a su amigo y confidente:

En el aspecto histórico se trata de una gran evolución que encamina el mundo hacía su autonomía. En teología, ante todo Herbert de Cherburgo, que afirma la suficiencia de la razón para el conocimiento religioso. En el dominio de la moral, Montaigne y Bodin, que en lugar de los mandamientos establecen unas reglas de vida. En política, Maquiavelo, que independiza la política de la moral general y funda la doctrina de la razón de Estado. Más tarde H. Grotius, muy distinto a Maquiavelo por el contenido, pero coincidiendo con él por lo que se refiere a la autonomía de la sociedad humana, quien erige su derecho natural corno un derecho de gentes, válido etsi deus non daretur, "incluso si Dios no existiera". Por último, la filosofía aporta la conclusión: por un lado, el deísmo de Descartes: el mundo es un mecanismo que funciona por sí solo, sin la intervención de Dios; por otro, el panteísmo de Spínoza: Dios es la naturaleza. Kant, en el fondo, es deísta, mientras que Fichte y Hegel son panteístas. En todos ellos, la autonomía del hombre y del mundo constituye la meta del pensamiento.

Recorriendo sendas pirenaicas, me he ido preguntando estos días qué diferencia podía existir entre un "jesuita agnóstico" y un jesuita que se presentaba, ya hace unos cuantos años, como un "declarado apofático".

Deja los links para una segunda vuelta,
pero si no sabes qué significa "apofático"...
Aunque sea de enero de 2001
Haz una excepción,
háblame de Dios

Es verdad que el jesuita agnóstico, a partir de un cierto momento, ya no ha podido pensar (sin negarlo a la vez) que los atributos que los cristianos damos a Jesús, se correspondan con alguna realidad ontológica: que Jesús fuera Dios, ni el Hijo único de Dios, ni el único salvador de la humanidad. Para él, el hecho del "pluralismo religioso" desmiente viejos dogmas eclesiales. Y verdad es también que el jesuita declarado apofático lleva años diciendo -para algunos, de manera provocativa- que este "un, dos, tres" del Dios trinitario es un producto "a devolver", o que el "Dios encarnado" es un buen ejemplo de la inculturación en el paganismo griego, o que la "historia de salvación" es un buen montaje fílmico. Y en estos últimos tiempos ha dedicado horas y horas para una "Catequesis sobre el error del Dios encarnado".

Catequesis sobre
el error del Dios encarnado

El recuadro provocativo

Ambos, tanto el jesuita agnóstico como el jesuita declarado apofático han comprendido, cada uno siguiendo sus ritmos, que debían darle sentido a su vida, aunque Dios no existiera.

El jesuita agnóstico comprende a quienes afirman que ser creyente es tener experiencia de Dios y que ser jesuita supone buscar, encontrar y cumplir su voluntad, pero honestamente debe decir que esta experiencia no le ha sido dada y que ha llegado al convencimiento de que la voluntad de Dios, sea ello lo que fuere, ha sido algo irreconocible para él, como ser humano. Y el jesuita declarado apofático lleva tiempo preguntando a compañeros y compañeras si realmente han tenido una experiencia de Dios. Se lo preguntaba confrontándolos con dos textos jesuíticos: uno provenía del corazón de Europa (Karl Rahner); el segundo de Latinoamérica (Juan Luis Segundo).

Una experiencia de Dios
¿La has tenido?
¿Piensas que la puedes tener?

Recuerda otro consejo:
no todos los links te han de interesar...

Alegróse el jesuita declarado apofático al descubrir, más tarde, un texto de Juan de la Cruz, unas líneas que no había sabido encontrar en las horas que, en sus cortos años de misionero en el Chad (1971-1974), había dedicado a la lectura del místico castellano:

Y espántome yo mucho de lo que pasa en estos tiempos, y es que cualquier alma de por ahí con cuatro maravedís de consideración, si siente algunas locuciones de éstas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por Dios y suponen que es así, diciendo: "Díjome Dios". "Respondióme Dios"; y no será así, sino que (como habemos dicho) ellos las más de las veces se lo dicen.

Y allende de esto, la gana que tienen de aquello, y la afición que de ello tienen en el espíritu, hace que ellos mismos se lo respondan y piensen que Dios se lo responde y se lo dice.

Estas líneas están en el libro segundo de la Subida del Monte Carmelo (cap. XXIX, 3) y el descubrimiento se lo debo a Rosa Rossi y a su libro Juan de la Cruz. Silencio y creatividad (pág. 93).

Le dolió al jesuita declarado apofático haber irritado, con alguno de sus escritos, al bueno del Pep Vives:

vives_miquel2 (157K)...pero me irrita tu unilateralidad y tu negatividad.

Me admira que, listo como eres y a tu edad, todavía no hayas comprendido la dialéctica de mantener a la vez el sí y el no, y que te mantengas casi siempre en un adolescente no rebotado contra todo lo que te ha sido dado y de lo que vives.

Ningún teólogo responsable no ha dicho nunca "De Deo nihil scimus" (de Dios no sabemos nada) sin añadir dialécticamente que Dios es esencialmente "revelación" y que no podemos dejar de hablar de él y de pensarlo.

El Areopagita propugna la teología apofática dialécticamente con la catafática y la simbólica; el Cusano propugna la docta ignorantia; y tu amigo Juan de la Cruz un saber no sabiendo.

Me permito dejar constancia de que no todos los que leyeron mi escrito se "irritaran": "Lo han leído y han dicho..."

Pero no sé si ahora, cuando ya no puede, me daría la razón:

Pep, hermano mayor, ¿estoy muy equivocado si me imagino que los primeros que te has encontrado al cruzar el "umbral" han sido el Areopagita, el Cusano y Juan de la Cruz?

¿Estoy muy equivocado si me imagino que te estaban esperando?

¿Estoy muy equivocado? ...si me imagino que te estaban esperando para decirte

Pep, ya llevamos mucho tiempo y seguimos sin saber nada de él

¿Estoy muy equivocado? ...si me imagino que el "socarrón" de Juan de la Cruz, agradecido por las tantas horas que le has dedicado, te ha dicho:

Entra, entra, a ver qué voz suya puedes llegar a sentir...

Pep Vives..., un hermano mayor...

Los conocedores de la bibliografía de Pep Vives ya han comprendido que el "socarrón" Juan de la Cruz le está recordando su libro Si sentiu la seva veu... (1988)

Los párrafos que el jesuita agnóstico dedica a la "Iglesia" bien ameritan, ciertamente, que el jesuita declarado apofático también dedique al tema algunos párrafos. Constata que el jesuita agnóstico no has caído en la tentación, como tantos otros teólogos (ya sean de izquierdas o de derechas), de repetir, sin conocer el contexto, la famosa frase del Abbé Alfred Loisy: "Jésus annonçait le royaume et c'est l'Église qui est venue". (Jesús anunciaba el Reino y lo que vino fue la Iglesia).

Aunque sea de noviembre de 1999
Reino e Iglesia

Y este otro más reciente
¿Añadir a la lista a...?

Pero la afirmación del jesuita agnóstico ("La Iglesia dejó de interesarme casi desde el principio de mi vida activa") le parece al jesuita declarado apofático que debería ser bastante matizada, ya que éste lo conoció por primera vez (sí, hace ya muchos años) participando activamente en un amplio complejo parroquial. Y algunas de las veces que lo ha ido visitando en estos últimos años no ha podido escaparse de asistir a alguna eucaristía (ciertamente en formato de parroquia de muy de barrio o de petit comité) presidida por el jesuita agnóstico. Y alguna pequeña responsabilidad "eclesial" debe tener todavía hoy.

Al jesuita agnóstico se le podría hacer la misma pregunta que estos últimos días un amigo le ha hecho al jesuita declarado apofático.

¿Qué sentido tiene para ti celebrar la eucaristía? Y ante unos primeros intentos de escapatoria ("Bueno, celebro muy pocas veces", "Con grupos pequeños"...), el amigo volvía a insistir: "Aunque sólo celebres una vez al año y con seis personas, ¿qué sentido tiene para ti celebrar la eucaristía?".

¿Se hubiera contentado el amigo con las siguientes afirmaciones del jesuita declarado apofático?

En esta "eucaristía" de esta tarde no haremos ningún "milagrito": el pan seguirá siendo pan, el vino seguirá siendo vino.

En esta "eucaristía" de esta tarde no haremos ningún ritual de antropofagia, ningún acto de canibalismo: no comeremos la carne de ninguna persona, no beberemos la sangre de ningún ser humano.

En esta "eucaristía" de esta tarde no nos solidarizaremos con ninguna justicia divina que exija un cuerpo humano destrozado.

En esta "eucaristía" de esta tarde no ofreceremos ni una sola gota de sangre humana a un Dios sediento de ella.

En esta "eucaristía" de esta tarde daremos gracias a Dios por la vida de un hombre, de uno de sus "siervos", por su vida, sin sentirnos obligados a recordar ni su muerte ni su resurrección.

Si quieres ver el contexto
Una eucaristía sin sangre
ni rituales de antropofagia

¿Qué equilibrios vitales ha de seguir haciendo el jesuita agnóstico para no abandonar la "secta católica" (como hizo el teólogo alemán Eugen Drewermann al cumplir los 65 años) ni para salirse de esta poderosa maquinaria eclesiástica como es la Compañía de Jesús? Buenos ejemplos no le faltaban...

Tanto el jesuita declarado apofático como el jesuita agnóstico afirman que no se arrepienten "de haber sido y de, supongo, morir como jesuita". Quizás en aquellos años de sus juventudes no había muchas otras opciones... Parece que tanto el uno como el otro han sabido encontrar hasta ahora, cada uno a su manera, ya sea viviendo como ermitaño urbano (el jesuita declarado apofático) como viviendo en comunidad (el jesuita agnóstico), su propio modo de proceder dentro de la orden jesuítica. "Hasta ahora", en cuanto toca al jesuita declarado apofático, mientras los superiores actuales sepan seguir el prudente consejo que el P. Arrupe dio a los Provinciales de España en la reunión celebrada en Roma, del 15 al 21 de junio de 1970, poco después de su primer viaje a España como General de la Compañía de Jesús, que incluía una visita -protestada desde diversos sectores de la Compañía- al general Franco, el dictador que parece revivir en estos días.

Existe efectivamente le peligro de que, al querer atar ahora a estos hombres que han estado muy sueltos, se vuelvan totalmente al mundo obrero y se separen de la Compañía.

Si quieres recordar esta reunión
La reunión de Roma
La Misión Obrera a juicio

No le parece al jesuita declarado apofático contradictorio con lo anterior sus actuales afirmaciones de que ahora, cuando el abanico de opciones es más amplio, muy posiblemente no volvería a entrar en la Compañía.

Reconoce el jesuita agnóstico que, a partir de un cierto momento, se ha encontrado carente de mística, afectividad, devoción... Lejos está de otros compañeros jesuitas que se declaran "enamorados de Jesucristo". A uno de estos, que ya había superado suficientemente el "només teníem quinze anys" de "paraules d'amor" de Serrat, el jesuita declarado apofático le respondió que no estaba enamorado de Jesucristo, sino de sí mismo, de una imagen que él se había fabricado de Jesús. Porque ¿de cuál de los veinte "Jesuses" que puede haber se había enamorado?

Y así, el jesuita declarado apofático se alegra de la pequeña autocorrección que el jesuita agnóstico introduce en su escrito. "En cambio, las parábolas de Jesús, las palabras que se le atribuyen sobre...". Ya hace tiempo que el jesuita declarado apofático dice que honestamente sólo podemos llegar a decir: "Tal documento evangélico dice que Jesús...".

Si quieres recordar
Las "deshonestidades"
de un teólogo "honesto"

Y, para acabar ya, ambos, tanto el jesuita agnóstico como el jesuita declarado apofático, coinciden en una cosa: no sienten ningún deseo de cambiar de religión, aunque el segundo quisiera concretar un poco más: "ningún deseo de cambiar mi tradición judeo cristiana en la que he nacido y he ido viviendo", de la cual Jesús de Nazaret (Rabbi Ieschouah ben Joseph) no tuvo oportunidad de participar.

De finales del año pasado
¿Qué nos puede decir un judío del siglo I
a los hombres y mujeres del siglo XXI?

Pero tanto el jesuita agnóstico como el jesuita declarado apofático se han despertado un poco tarde. Estos últimos días, buscando otra cosa entre mis viejos papeles, he encontrado una carta de mayo de 1976 de un jesuita a Paco Cuervo, escrita después de la lectura de “yo creo en jesús de nazaret”, el libro que Paco publicó en la colección “El credo que ha dado sentido a mi vida” (nº 10), editado por Ed. Desclée de Brouwer.

Este jesuita de 1976 le dice:

Hay dos cosas que recuerdo ahora fijamente de tu libro: todo lo de María Pilar en la que he intentado alegrarme contigo y la última línea de todas: “¿Quién es para mí Jesús de Nazaret?”.

Vivo muy afligido con esta pregunta, pues yo digo y mis amigos lo saben que yo no creo en ese Jesús, aunque por otra parte me confieso seguidor de su evangelio, de su doctrina.

¿Será un problema de fe y creencia? ¿Será una tremenda confusión intelectual, pago de una teología mal estudiada? No lo sé, pero sigo buscando… Y en esta época vivo de nuevo este problema como algo vital para mí. Espero el día en el que vuelva a creer en el Jesús de Nazaret, pero por otra parte mi incredulidad la veo como irreversible.

A través de muchas dudas he decidido seguir, a pesar de todo, como sacerdote y jesuita. Me atrae más lo segundo que lo primero. Quizás para ello me convenció Unamuno con su “San Manuel Bueno, Mártir”.

Me tranquiliza pensar que es más importante la “ortopraxis” que la “ortodoxia”. Por ello busco el contacto con el mundo pobre. Es ahí, en estos núcleos, como en algunas misas muy populares, donde siento la cercanía de Dios y los hombres, mi fe. Me siento el hijo pródigo, ciertamente alejado de algo y a veces muy humillado, pero con su credo: que al fin de mi historia Dios me abrazará.

Días más tarde este jesuita de 1976, que sigue siendo jesuita, seguía diciendo:

Me pides que te explique quién es para mí este Jesús, y que te lo explique poco a poco. Estoy preocupadísimo por él, a decir verdad, por cumplir y vivir su doctrina. Me hace daño decir y decirte que no creo en él como Dios, pero mi sentido de verdad y de honestidad me empuja a decirlo abiertamente ya que me lo preguntas.

El jesuita de 1976 no había leído todavía the mith of the god incarnate (El mito de Dios encarnado), publicado en Inglaterra en 1977, un conjunto de artículos de diversos autores de la iglesia anglicana (teólogos, exegetas, especialistas en el Nuevo Testamento).

Su editor, John Hick, teólogo presbiteriano de Birmimghan, al publicar años más tarde (en 1993), calmada ya la tempestad, the metaphor of god incarnate. christology in a pluralistic age (La metáfora del Dios encarnado. Cristología en una época pluralista), escribía en el prólogo:

La principal tesis del libro (que Jesús no había enseñado nunca que él fuera el Dios encarnado y que esta idea había sido un invento de la iglesia) no era una novedad: era una cosa ya conocida y aceptada en los círculos cristianos de la investigación teológica y bíblica. La novedad era la aceptación pública de esta tesis por diversos miembros importantes del "stablishment" de la iglesia anglicana. Y era también una novedad la reivindicación de que la doctrina de la encarnación pedía una discusión pública.

No conocía, pues, el jesuita de 1976 las 14 tesis de John Hick, publicadas hace años en esta web.

Si las quieres recordar…

Reconocía también John Hick en el prólogo que…

...el fuerte debate que se originó no llegó en la Gran Bretaña a superar lo que catorce años antes había sucedido con la publicación de honest to god (Sincero para con Dios) del obispo John A.T. Robinson.

El libro de este obispo muy posiblemente el jesuita de 1976 ya lo había leído y, quizás, algún provecho le había hecho.

Si quieres recordar...
¿Qué hemos asimilado del
Sincero para con Dios?

Gracias por la visita
Miquel Sunyol

sscu@tinet.cat
2 febrero 2019
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