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Anhélame Anhélame, ámame como el río que se va, corrientes ebrias, resonancias del deseo, Moribundo en mis aguas vuelve a rodar rompiendo las quejas del sollozo muerto. Anhélame como el macho bravío del corral. rodéame en tu dominio, en ciclones de pasión donde te perfume de mis adentros la marea. Se rinde estéril, al fin, en estillas el corazón. La noche vigilante en amoríos las estrellas ámame a obscuras: gloria, absorto, maldición, rituales apasionantes danzando quimeras; arden en fuego tus manos igual que ellas. Quiero ser el silencio que con el grito se besa sabiendo el beso mantenerse intacto, secreto. Después aprisióname en afán a tus mañanas; destellos tientan pintar rojo el azul del cielo como la lluvia perdida atrapando la mirada. Volviendo a caer a prisa solo, inerte, a tu suelo déjame en locuras de amores al fin rendida. Abandono cuál delirante astro tus ojos negros. Luego allende en matojos, junto al riachuelo déjame saborear la guerra en entrega cautiva donde en furia loca sean tus dedos -marejada recorriendo los confines mi vientre- suspiran siendo tus manos los que en un solo soplo arranquen en caricias anhelante el alma mía. |