María la azucarada, la canela con miel de sus palabras... La sola de mar, espuma embarazada... No te alcanzan mis ojos pero te siento cerca de mis cantatas... Tu linaje es risueño como tus dulces. Los timbres de tus versos cuelgan como guirnaldas... Muchacha argentada. Te ofrezco caramelos rojos, azules y blancos desde mi patria. Alcanzo desde aquí la punta hirviente de tu labio, tus caderas y seno. Logro tu amor como un pedacito de brizna que palpa el aire y lo hace sonar. Desde aquí, tan a distancia, tiento tu corazón como la hoja que acaricia la fruta en los redondos árboles... |