Impaciente la espada
busca probar su filo.
Se yergue, tiembla un poco,
emprende el vuelo...
Del mar vienen las voces
que maceran mi oído,
ecos que persuaden
la piedra a pinceladas.
Llegan de allá
desaforados cantos,
apremio;
una mano que sujeta,
deseo;
el susurro que crece,
grito;
los afligidos ojos,
deceso.
... rasga el aire decidida,
abre en la carne un tajo
y parte, rectamente,