un cuerpo de mujer nos fortalece.
Se adentra, pegajoso como un Dios,
y expía
nuestras culpas.
.
Nadie,
ni Cristo ni sacerdotes
impiden el
sacrilegio.
.
Símbolo
al fin,
una mujer se torna desmesura,
angustia despiadada por el sexo,
identidad y odio,
salvación,
secreto.
.
nada,
ni comunión ni rezos,
ni la hostia que en mi lengua desvanece