no sé por qué me agrada la vida,
ilusión que yace en un bolso ajeno,
donde la muerte tira de mis cabellos.
Quizá por eso no me detengo,
quien echa
raíces deja su pecho abierto.
.
Yo, que de tanto tener nada tengo,
miro mis manos,
mi rostro claro y el techo
donde habitan una mujer y su pueblo.
Una cama tengo también
( bueno, es un decir),
en ella fornico, leo y,
de cuando en cuando,