Siempre me aterró la oscuridad

 

                               A Enrique Esteino 

 

Estar con alguien o haciendo algo me era indispensable. Así que o escuchaba la radio o veía tele, o bien estaba trabaje y trabaje, leía, estudiaba, iba al cine y me mantenía visitando a todo el mundo. Pero debía hacer algo.

 

O al menos debía ver algo siempre.

 

Solo escuchar en la oscuridad me inquieta en lo profundo. Así que nunca apagué la luz del cuarto en donde dormí.

 

Pero hace poco quedé ciego.

 

Y entré en contacto con una interioridad que yo desconocía, por más que la usaba profusamente al pensar, al solucionar y al bien actuar.

 

Esta contrariedad de vida me rescató de mi mismo. Me enseñó que dentro de mi existe una inmensidad ascendente de la que todos formamos parte no obstante ser algo íntimo.

 

Cuando caí en la oscuridad del ciego me aferré a todos mis otros sentidos, así descubrí mis brazos, piernas, pies y manos, aprendí a portar gracilmente la cabeza, alzándola con elegancia sobre los hombros. A no avanzar sin presuponer la existencia y ubicación de cuanto me rodea.

 

Mientras gocé del don de  la vista viví  -viendo y midiendo-  pensando como y por donde debería moverme, cuidando mi forma de hablar como una estructura estratégica de logro, para dejar ver de mi lo que yo quería.

 

Al ya no poder ver como te mueves te debes concentrar en sentirte, para descubrir la cautela y proyectar tus movimientos desde tu imaginación antes de mover el primer músculo.

 

Cuando quede a oscuras totalmente me tensó la incertidumbre. No sabía como pensarme para ordenar mis acciones físicas, era otro mundo y otro hacer para todo, para todo:  Ir al baño, hacer po-po o ducharse, prepararlo todo antes de hacerlo, tener que pensar en que todo esté super-ordenado para poder encontrarlo. Fue no saber la cara de la gente, ni poder ver los ojos de quien te está hablando.

 

Aunque entrar en esta oscuridad física también es descubrir el secretos de los tonos con que nos hablan, es entender de las pausas que hacemos y los porqués del como respira y forma de hablar de aquel con quien estamos.

 

Estar siego también es aprender a estar. De pronto debemos encontrar como percibir, a ser precavidos por sistema, a buscar ubicar la realidad antes de intentar movernos.

 

Vendita ceguera que me traes a ser yo mismo, a como soy ahora que atiendo el entorno mejor que antes y me conozco mucho más a mis mismo.