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EL GENERAL No dejaba de cavilar
mientras viajaba en el moderno vehículo de guerra. Tenía que poner mas
gente en el frente de batalla ¡o esos chinos terminarían por penetrarlo! La
mayoría de las batallas frontales iban bien pero no llegaban; la brigada
comando no estaba dando los resultados espectaculares de antes. Y los tenientes
Gedeón y Tanaro no terminaban de
batir las guerrillas a sus costados. Recordó a sus hijos
convertidos en millonarios antes que él, con todo lo que tubo que luchar él, el General Galileo Otero, para ascender desde teniente asta
lograr su grado. Para comandar la división Halcón en esta guerra contra los
Dolaris Euroasiáticos. ¡Cobardes y evasores
de impuestos es lo que sobra!- pensó-. Algunos pocos son los que luchan y
defienden la patria . –Pensó-. En el fondo le pesaba que ninguno de sus hijos
optara por las armas, siempre les interesó lo más sencillo, lo que
concurriese a su bolsillo. Pensaban en triunfar
sin meter las manos, sin hacerse callos! En cambio él siempre tuvo que meter
hasta los codos en todas las cosas, trabajando en ellas hasta comprenderlas,
para saber manejarlas, construyendo en conciencia la vida; edificándola con
la materia del trabajo y la lucha , en el esfuerzo del hoy de cada día. -Martínez.-dijo. -Dígame mi General. -¿Porqué tomó esta
ruta? -Porque es la mas
recta al cuartel del Coronel Mejía. -¿Estuvo o no estuvo usted en la junta de ayer,
sargento? -Estuve. -¿Y? ¿Qué dijo el mayor
Balcazar? -Tiene usted razón,
mi general. Acabamos de pasar por uno de los costados de penetración del la
batalla por los cerros de Santa María ¡y el mayor Balcazar reportó patrullas
de penetración de los Dolaris en esa zona, señor. -¿? -¿Quiere usted que me
regrese, señor general? -¡Martínez...! -¿Si mi general?, ¿me
regreso señor? ¡Sí señor! ¡A la orden! El general tomó el
celular y llamó al centro de comando de su división. -¿Quién habla? -El capitán
Manríquez, güey. ¿Qué?, ¿ ya no
me reconoces la voz, cabrón? -No seas mamón
Arturo. Quiero que mandes las reservas de comandos que nos quedan a tomar el
poblado de Ariópolis. ¿Cuándo
crees que aceleres la toma con los comando? -Dos días. -¡Máximo! -Depende. -¿...? Depende de que no
vayan algunos de los pendejos que nos quedan. Considera que tengo en reserva
solo el veinte por ciento de mi efectivo. Y como siempre me pides los mejores
me quedan puros . Y un disparo atravesó
la cabeza del general de abajo arriba, porque penetró por la frente y perforó el casco entre la nuca y la
coronilla. |