Confieso que he pecado, que peco y

en la medida del futuro, pecaré. Estoy cierto de ello.

Es que soy la debilidad ante el mundo y sus placeres

                                                                 que me fascinan, como nada

como todo lo que me interesa realmente, ¡como a la plata  el oro!.

 

 

Vivir es regocijarme...

de mi,

de mi naturaleza,

de mis emociones,

de mi hembra,

de mi altura,

de mi talento,

de mi trabajo,

de mi carrera,

de mi desempeño y destreza,

de mi capacidad de entrega,

de mis amigos excelentes  e hijos.

Vivo el regocijo  de estar aquí

             entre los demás

             y ser  yo mismo.

 

 

Está bien, si...;

                        pero es que también me regodeo

en mis triunfos, por mis conquistas, madruguetes, fantasías egoístas

con revanchismo

rencor

e ignorancia.

Mi Y0

     hasta en mi propio desconsuelo me regodea.

¿Qué me queda?; ¡así soy yo! ¿Qué voy hacerle?

 

 

Así fui educado

             por el egoísmo de dos

que

tras no saber entregarse a si mismos

destruyeron su integridad  en la mente

de nuestras personas humana sus hijos.

 

 

Y de hijos pasamos a oficiales

                               luchando en el oficio de subsistir,

                                                        en la realidad de la vida,

siguiendo los parámetros de lo inevitable...