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Confieso que he pecado, que peco y en la medida del futuro, pecaré. Estoy cierto de ello. Es que soy la debilidad ante el mundo y sus
placeres
que me fascinan, como nada como todo lo que me interesa realmente, ¡como a
la plata el oro!. Vivir es regocijarme... de mi, de mi naturaleza, de mis emociones, de mi hembra, de mi altura, de mi talento, de mi trabajo, de mi carrera, de mi desempeño y destreza, de mi capacidad de entrega, de mis amigos excelentes e hijos. Vivo el regocijo de estar aquí
entre los demás
y ser yo mismo. Está bien, si...;
pero es que también me regodeo en mis triunfos, por mis conquistas,
madruguetes, fantasías egoístas con revanchismo rencor e ignorancia. Mi Y0 hasta en mi propio desconsuelo me
regodea. ¿Qué me queda?; ¡así soy yo! ¿Qué voy hacerle? Así fui educado
por el egoísmo de dos que tras no saber entregarse a si mismos destruyeron su integridad en la mente de nuestras personas humana sus hijos. Y de hijos pasamos a oficiales
luchando en el oficio de subsistir,
en la realidad de la vida, siguiendo los parámetros de lo inevitable... |