¡Hola yo!,

aquí estas, totalmente envuelto por los diez dedos de mis manos.

 

 

Te conozco porque saliste de mi, porque contigo confabulo mi existencia.

Yo  vivo de fraguar contigo, juntos cada instante

                                                  de lo que tu llamas realidad.

 

 

Y se que me eres indispensable para poder sostenerme mentalmente hoy.

 

 

Tu eres yo porque soy tu padre y procedes de mi. Te crié para sostenerme.

 

 

 

 

La  realidad me tomó para educarme a ser yo mismo.                                                                     

                                                                                           Y de no haber sido así

ciertamente que hoy yo no estaría cuerdo; ni sería capaz

ante el mundo

para sacar provecho personal y sostenerme de lo que se hacer para dar y cobrar.

 

 

 

Soy mil sueños reducidos a milenios de realidad que me aplasta brutalmente.

 

 

Y soy conforme a todo lo que se me educa, enseña, me doy cuenta y conviene.

¿Soy solo lo que me imaginé ser mientras viviera, o soy algo más?

 

 

Cuando el vació inunda los límites, incendiando todas las vanidades,

es legitimando el verdadero orgullo  con el arte de dar y ser útil a los demás,

                                                                                  Entonces

se anula la distancia

y nos encontramos sin rostros ante  un yo sin máscaras.

 

Nos tornamos voces y penetramos todas las distancias en instante.

Nos lanzamos a ser todos y a no medir nuestro amor por nuestros intereses.

 

 

Pero eso yo bien se que es la locura de vivir sin ti, mi yo, que existes para evitar

lo de todo, o que me entregue a mi mismo y olvide mi provecho al juzgar.

 

Vendito yo porque te existo en el espejo, tocando la piel

con que cubres mi superficie de millones de ideas de mi mismo.