Nacer a reinventarnos Cuando el silencio aguarda por su muerte, en los linderos de La Historia surge La Verdad, para proclamarnos, ¡liberándonos de todos los
ayeres que era necesario recordar
para reencontrarnos a nosotros mismos! Recuerdo que al final de mi mismo, rojo, como el horizonte ya escuchaba el avance multitudinario del
rencor y el odio, adornando por la injusticia y el olvido del
otro por el capitalismo asocial. Pero lo humano aún estaba por conquistar el
corazón cósmico del Hombre. Aguardaba a que la Historia alcanzara sus
linderos con la verdad. Para llegar a esa conciencia que abre el secreto de nuestra
unidad. Y que habría de hacernos libres como mundo.
Dando su lugar al mundo y dando su lugar en la conciencia a la armonía
del alma humana en la verdad de un cosmos divino al que
pertenecemos todos, en uno. El capitalismo nacionalista y la economía como
verdad atrapaban en sistema a la injusticia, conceptos económicos de trabajo y utilidad
históricos.
El hombre
real es un todo social que todas las civilizaciones tienen por ideal
de si mismas.
Su ausencia en la realidad del mundo creo tal pobreza que el porcentaje del odio explotó en
desolación y furia. Fue el momento de la locura manifiesta como
realidad económica de la vida. Pero esta locura manifiesta tronó las cadenas
de nuestra mentiras doradas: del supuesto que el interés es la verdad como
ciencia de la vida del mundo. Probado por la realidad humana de las
necesidades que implica existir el sistema del mundo devoró a todas las
naciones con sus hombres y sociedades. El ser del sistema fue la naturaleza del hombre
mundo, como expresión del quehacer humano en poder
económico social
como
capital. Pero entonces comprendimos ser esclavos de
nuestras formas de pensar,
de que por la mente, que al nacer reinventarnos como individual,
torcemos la realidad de la esencia cósmica,
naciendo a reinventarnos una vida de individuo persona del mundo occidental del tercer milenio. |