ARRASADA DE INFIERNOS Arrasada de infiernos la soledad se escapa. La noche entregó su mensaje de silencios y originó la madrugada. La noche parió con sus dudas a otra parte. Entonces nos venimos a ver
como nosotros mismos. Y vimos que llegamos al mundo
con el dolor, de la sangre en presencia del acontecer; a dar testimonio de nosotros mismos. Estamos hechos de vida en hacer. Con tal vida nos es dada la obligación de crecer, de madurar las experiencias y aprender a encontrarnos de ellas. Y porque antes de nuestro castigo de vivir
ya éramos, tras pagarlo volveremos a ser,
conforme a lo que de la vida como seres
únicos
demos. Porque somos al dar, por crecer, al acumular y poder. La noche, arrasada de infiernos de soledad escapa al silencio de ser noche. Y parte al parir la madrugada; ¡muriendo al ser el día
con día! Somos hijos del Sol convertidos en noche, noche en plena luz del día que nos obliga a
ignorarnos pensándonos mundo. Somos la ignorancia entre nosotros mimos, el olvido estúpido de lo común, en un destino histórico
y origen estelar al que pertenecemos. Estamos poseídos. Son nuestras posesiones quienes nos poseen
a nosotros mismos. Nos hunde bajo todas las superficies la creencia de ser lo que el mundo nos invita a creer que somos. Y somos porque requerimos; para conquistar en el mundo
un lugar al que nos encadenamos. Por ello requerimos reconquistarnos del mundo, despellejarnos la superficie de todas nuestras suposiciones.
Somos cultos ignorantes, científicos de una modernidad convertida en orgasmos, en actualización de la duda original en
consumo, con lo que somos y soñamos.
Ser
aún es querer ser más que Dios, ansiar preponderancia por sobre la sabiduría del mal y el bien. Ser es la conciencia hecha ruta y conquista del árbol de ser que nos crece en vida. |