ARRASADA DE INFIERNOS

 

 

Arrasada de infiernos

la soledad se escapa.

 

La noche entregó su mensaje de silencios

y originó la madrugada. La noche

parió con sus dudas a otra parte.

 

Entonces nos venimos a ver

                            como nosotros mismos.

Y vimos que llegamos al mundo

                      con el dolor, de la sangre

en presencia del acontecer;

a dar testimonio de nosotros mismos.

Estamos hechos de vida

en hacer.

 

Con tal vida

nos es dada

        la obligación

de crecer,

de madurar las experiencias

y aprender a encontrarnos de ellas.

 

 

Y porque antes de nuestro castigo de vivir

                                                   ya éramos,

tras pagarlo volveremos a ser,                                       conforme

a lo que de la vida

         como seres únicos

                                       demos.

 

 

Porque somos al dar,

por crecer,

al acumular y poder.

 

 

La noche, arrasada de infiernos

de soledad

        escapa

al silencio de ser noche.

Y parte al parir la madrugada;

¡muriendo al ser el día

                              con día!

 

Somos hijos del Sol

convertidos en noche,

noche

en plena luz del día

         que nos obliga a ignorarnos

pensándonos mundo.

 

Somos la ignorancia

entre nosotros mimos,

el olvido estúpido de lo común,

en un destino histórico

               y origen estelar

al que pertenecemos.

 

Estamos poseídos.

Son nuestras posesiones

quienes nos poseen

                   a nosotros mismos.

 

Nos hunde

bajo todas las superficies

la creencia de ser

      lo que el mundo

nos invita a creer que somos.

 

Y somos porque requerimos;

para conquistar en el mundo

                    un lugar

al que nos encadenamos.

 

Por ello requerimos 

reconquistarnos del mundo,

despellejarnos la superficie

de todas nuestras suposiciones.

                           

 

Somos cultos ignorantes, científicos

de una modernidad convertida en orgasmos,

en actualización de la duda original en consumo,

con lo que somos y soñamos.

                                               Ser aún es

querer ser más que Dios,

ansiar preponderancia por sobre

la sabiduría del mal y el bien.

Ser es la conciencia

hecha ruta y conquista del árbol de ser

que nos crece en  vida.