|
OCURRENCIAS Cuando se vive madurando transformamos la ética en bondad. Conforme envejecemos naturalmente: esto es hacia la bondad, el corazón se apodera del cerebro y el egoísmo decrece. Envejecer también es acercarse al cielo por necesidad. Si es que trabajamos en el
mundo para vivir tras morirnos el amor campea nuestros actos cuando nos acercamos a la muerte. Fácil es engañarse de que en nuestro cuerpo seremos eternos, porqué este inevitablemente nace, crece, se desarrolla y muere. Vivir es contemplar un desfile de seres con los
que el tiempo transforma nuestro cuerpo, de niño en joven, a hombre, adulto viejo y decrépito. Viajamos por el mundo agarrados a identidades que debemos abandonar conforme el cuerpo nos transforma; contradiciendo en la transformación
continua del cuerpo la idea que
nos hacemos de nosotros mismo. La vida solo es el sueño en que nos auto castigamos
a separarnos de Dios
para ser su creación. Lo que tenemos para manejar como presentes, en y del, mundo es el duro castigo, oportunidad y el gozo formidable de estar vivos. |