OCURRENCIAS

 

 

 

Cuando se vive madurando transformamos la ética en bondad.

 

 

Conforme envejecemos naturalmente: esto es hacia la bondad,

el corazón se apodera del cerebro y el egoísmo decrece.

 

 

Envejecer también es acercarse al cielo por necesidad.

 

 

Si es que trabajamos  en el mundo para vivir tras morirnos

el amor campea nuestros actos cuando nos acercamos a la muerte.

 

 

Fácil es engañarse de que en nuestro cuerpo  seremos eternos,

porqué este inevitablemente nace, crece, se desarrolla y muere.

 

 

Vivir es contemplar un desfile de seres

                                     con los que el tiempo

transforma nuestro cuerpo, de niño en joven,

a hombre, adulto viejo y decrépito.

 

 

Viajamos por el mundo agarrados a identidades

que debemos abandonar conforme el cuerpo nos transforma;

contradiciendo

       en la transformación continua del cuerpo

              la idea que nos hacemos de nosotros mismo.

 

 

La vida solo es el sueño en que nos auto castigamos

                           a separarnos de Dios

                                                    para ser su creación.

 

 

Lo que tenemos para manejar como presentes, en y del, mundo

es el duro castigo, oportunidad y el  gozo formidable de estar vivos.