|
DETRÁS DE LOS CLAVOS A uno de lo mas sabrosos poetas que tengo la oportunidad de gozar: Gonzalo Hernández Sanjorge. A su: “La sangre es un hechizo
transitorio”. Sergio Verduzco, México. Detrás de los clavos sigo estando yo, dentro de las máscaras, en la noche transcurriendo sin murmullos y briago de olvidar silencios, inundado por cataratas de acopio ¡hasta hartar la soledad de mi mismo! Entonces fue que vi
que vimos que nos vestían eternidades en la total involución
de lo que estamos. Fue terrible, aferrados a divinidades sin eternidad, a verdades sin costumbres, a mentiras sin recuerdos y a dolores olvidados en tumbas, entre
desacuerdos por el interés, la avaricia y la desunión de
silencios. Se fue porque no fue, decía la tumba del que murió por lo que nos acontecía. Porque detrás de los clavos estaba nuestra ausencia. Nosotros
divagábamos vagando en un calidoscopio, obligados de mundo, atraídos por el encanto de las fantasías
y el consumo inmenso. Mientras susurramos todos nuestros deseos excretando sensaciones y hurtos en el orgasmo imaginario de no pensarnos,
de soñar siempre en despertarnos para derramar en la mente las cataratas de lo
inevitable. Por lo que la noche transcurría afable,
hipócritamente grasienta de tanto no salpicar su aceite a ser sangre, testimonio, vía crucis en presencias. Y de tanta ausencia –me dije- hoy me toca ser
yo. Y vestí eternidades en mi soledad, total: abandonando todo origen para caer a ser uno por un silencio común, porque... detrás de los clavos sigo estando yo, y yo, y
yo...
Y me declaro responsables. |