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“H i p p i e” NUDO. Estaba fuera de mi. La
conciencia era ya una nave cósmica en la que viajaba por el Universo. Mi yo dejo de ser al ya no recordar la tierra y
está desapareció. Después de todo el Rey tenía razón: Tras un
buen hongo o en el ácido nada puede ser igual. Cuando la conciencia toca
ciertas experiencias cambia al yo. Es que hay una tridialéctica perenne entre la
experiencia, el yo y su conciencia. Al prenderme el ácido me vi en cada uno de
todos en los que había sido, para encontrar ser ninguno de los que fui tomado del mundo. Estaba solo en la espantosa totalidad
del universo, viendo transitar mis
seres ante el deber de juzgarlos. Frente a
experiencia tan aniquilante me sentí exangüe, solo aún presente en un
mundo que se desvanecía con mis energías de ser. Sentí como escapaba de mi la fuerza, luego fui
desvanecido y, cuando me di cuenta, ya era yo, estaba, en la energía que se
me había salido a ser fuera de ex mi. ¡Como energía pura yo era más grande de lo que
jamás sentí ser en mi cuerpo! Vagaba en el universo a ser estrella. Y,
viéndome así, jamás pude simplemente volver a ser igual al que eras antes. Es que mentalmente dejas de existir. Las ideas
que nos hicimos con la vida se pierden, en lo infinito de su pequeñez, ante
la manifestación de la totalidad de intuir la idea universal. Al estar en la idea dejamos de ser como todo lo
que fuimos. Los valores adquieren su real significado ante la totalidad, al
ser parte de las presencias que anteceden a la vida que nosotros, como seres
vivos, gozamos. Dejaremos. Tronar es espantoso porque nos aniquilamos.
¿Cómo expresar, ir mas allá u olvidar lo revelado dentro de mi? Lo único que me
ligaba con la tierra era una pregunta obsesiva que los restos de mi yo
repetía: ¿Podré volver a la tierra?, ¿podré volver a la tierra?, ¿podré
volver a la tierra? ¿Podría volver a la realidad de cada día? En el
momento mas crítico de mi propio truene imploré: -¡Dios Mío, ayúdame a salir de esta
totalidad que me aniquila! Sácame de
la extensiva conciencia de mi ser de universo, en que soy todo. Se mi bastón para vaciarme de tu luz que me
destroza, Señor, para salir delante de lo que me acontece. ¡Auxíliame Dios
mío! ¡Entonces vino la revelación!: Como resultado
de mi juego con la droga llegaba a tocar su fondo en locura revelada, ante el
total inexplicable de todos los significados, desincerto entre lo que
acontecía y lo que había vivido. Era una experiencia revelación de no
retorno. Hundido en el surco de un futuro sembradío en
las afueras del pueblo de Capula, fuera de mi, vi
como las nubes de la tarde conformaban un cuerpo de monje con el contorno de
la república mexicana, vestida de armadura geográfica. Entonces tome
conciencia de que caminaba entre lo arado de milenios, mirando a Venus. Soy el todo comprendí. Y dentro del todo miré
ser Venus. Sentí, entonces, el flechazo doble del Señor
Tlahuizcanpantecutli-Iztlacoliuhqui, que me succionaba hacia Venus para hacerme su luz. En ella me supe
parte en la cadena de los testimonios
cósmicos. Y entonces pude regresar, catapultándome en mi
cuerpo que cayó hincado en aquel futuro sembradío, inyectado en él a velocidad de luz. Exhausto contemplaba arrodillado en el surco a
Venus. ¡Ella era la cabeza cósmica de un monje vestido de México! |