|
La flauta, el arte de
tocarla, es un método terapéutico. El aprendiz debe empezar por conocer sus partes,
alinearlas entre si, para insertarlas sin forzar. Habrá de saber tomar
el instrumento para
aprender a combinar sus pisadas y hacer notas. Pero antes que nada, lo primero es tomar la parte de la flauta que produce el misterio para aprender a soplar por su pequeño agujero.
Y empieza uno de cero, lo que es cero de cero, esto es que no se escucha nada; hasta que salta un leve, ligerísimo silbido. Y se nos ilumina el
corazón de esperanza. Tras días de intentos aprendemos a sonar una nota constante. Así que insertamos la pieza en el resto de la flauta
y aprendemos quehacer para que nos se caiga de los dedos. Encontramos posiciones para el pulgar, el índice, medio, anular y
pequeño. Se nos enseña a desplazar los dedos entre tus teclas.
Simultáneamente aprendemos a pararnos, a sentir el fuelle sonoro y
descubrir el poder en su base. Aprendemos a soplar apoyándonos en el diafragma, abriendo
el conducto al expirar firme, diferente en cada nota y de escala a escala característicamente. Los pies deben estar en guardia, las piernas rectas y flexibles, el tronco espigado, con los brazos nadando frente y al costado. Así que la flauta es una hechicera que sabe curar a los hombres, por la posición
del cuerpo y la forma de pararnos, porque nos enseña a convertir nuestro cuerpo en la parte humana
de la flauta, porque nos obliga a emitir una exhalación específica y excelente que sana al organismo de su falta de uso, soplando dentro del
orificio genital, para hacer música, porque la flauta nos obliga a la paciencia y al control físico
perfecto, limpio, sin artificios, como el de cañas o
boquillas. La flauta es terapéutica porque nos cura de la ansiedad, elimina la angustia
y restablece el ritmo cardiaco. Toque la flauta y olvídese de la presión arterial, el estrés y la
melancolía. |