Esta es la historia de un camino que soñó ser conquista y encontró ser flauta.

 

Narro aquí

lo que aconteció cuando me enamoré de una flauta que

                                                                                           desnuda

(en la prístina brillantez

         de su recubrimiento de plata)

sonrió hacia mi

con la chispa de un brillo pleno de esperanza.

 

Estaba

en el aparador de una tienda de música,

                                                 mirándome,

                                                            advirtiendo

como me debatía

entre mi codicia y la necesidad de hacerme de ella.

 

Entré y la compré

a lo que me la quisieron vender; 

                              porque ya estaba prendido.

Sentí  que sin ella no tenía sentido seguir caminando por la vida.

                                                                                                       Entré y salí

con el estuche en la mano

                    y sonriendo pues sentía poseerla.

Estaba encantando con las posibilidades que percibía venir

en mi gozosa convivencia con ella.

 

Llegando a casa

          la extraje de su bello y pequeño estuche. 

Solo

me encontré con  sus tres partes,

que se apetecían entre si, en mis manos.

Pero

de algún modo

                          ella

se introdujo en mí porque me sentí anhelante

                                                de que yo aprendiera a unirla,

insertando una en otra sus partes

                              hasta armar a mi amante, la flauta cubierta de plata.

 

Rastreando su cuerpo sensual con mis dedos en ansia, deseosos

acaricié una a una todas sus pisadas, adaptándome a sus formas

a fin de tomarla sin tensiones, con ternura y dominio.

 

Cuando aprendí a sujetarla me enamoré de su peso y delgado talle.

 

Entonces la flauta me exigió una posición y una actitud corporal para tocarla.

 

Me exigió pararme derecho, levantando los brazos y con la cabeza erguida.

 

Me obligo a conectar todos los músculos respiratorios en la intención melódica,

transformando mi poder pulmonar en fuelle y columna de aire

sabiamente soplada por una pequeña abertura de la boca, apretando las nalgas

                                                                              y desde el diafragma.

 

Mi flauta es una forma femenina que requiere ser tocada con gusto y sensato vigor.

 

Aunque lo primero es aprender a captarla, es  hacernos sensibles a ella

sintiendo su cuerpo exquisito al colocar los dedos en sus lugares.

 

Y luego empieza el arte mágico de sacar de aquel pequeño agujero sonidos de sueño.

Y es que nos enfrentamos a su sexo con todos los pulmones abiertos

                                                                      a soplar sonidos.

 

Este es un camino de semanas

                                            para aprender a soplar y producir notas de los ruidos.

Y en este afán es que acomodamos la boca y aprendemos a frasear con le lengua,

es que conectamos toda la capacidad pulmonar con la cavidad bucal y la soplamos

lenta y vigorosamente

desde todo el interior hacia la flauta. Y soplamos

y soplamos.

Desde el suspiro sonoro al tono sostenido,

                                                                 empezando con la escala de Sol.

 

Y con los primeros sonidos con color que logro me asombro de mi mismo,

de lo que digo con la complicidad de la flauta, que, lentamente

cede ante el cúmulo de mis esfuerzos por hacerla vivir, dándome melodías.

Es una lucha gloriosa y erótica entre ella y yo para que aprenda a suspirar

inspirada  por mi, para convertir todos mis esfuerzos en celeste canto.

 

Conectado con mi flauta es que me entrego al oficio de aprender a tocarla,

frotando con mi labio su plata

                   y entregándole el bolo

                                          con todo mi aire, arte y afanes.

 

Esta es la historia de un camino que soñó ser conquista y se enamoró de una flauta.

 

Y tocar la flauta fue el sueño que me anima para aprender a amarla, tocándola