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La vida es un
concierto. A El Ebro,
again. Sucede entre millares y millones de ejecutantes instrumentos. Vivir es una explosión acordada de hechos sonidos; armonizados
socialmente como teoría y
distribuidos por instrumentos y oficios. Todos somos pues
tocadores y hemos de aprender a manejar un
instrumento… porque la música fluye, es y sigue; ¡se
va! Y se continúa. Y con
ella pasamos, nos vamos…,
tornados en melodías, en historia de partes del gran concierto en que participamos
con vivir. Y brota porque la emoción es música del alma que siente y reacciona y
está compuesta desde el espíritu, donde se piensa, aprende y
recrea. La vida es un concierto de emociones que nos involucran, entre pensamientos ideas, sensaciones, emociones y recuerdos por los que tomamos conciencia de nosotros como
explosión y armonía. Vivimos mientras ejecutamos nuestra parte del gran concierto al que llamamos historia como recuerdo de nosotros mismos. Y llegado el momento nos toca callar, para siempre, o bien permanecemos eternamente como hechos sonidos recuerdos; añoranza melódica del participante que calla en la sintonía que transcurre. |