La vida es un concierto.

                  A El Ebro, again.

 

Sucede entre millares y millones de ejecutantes instrumentos.

 

Vivir es una explosión acordada de hechos sonidos;

         armonizados socialmente como teoría

      y distribuidos por instrumentos y oficios.

  

Todos somos pues

                      tocadores

y hemos de aprender a manejar un instrumento…

porque la música fluye, es y sigue;

   ¡se va!

   Y se continúa. Y con ella pasamos,

nos vamos…,           tornados en melodías,

en historia de partes del gran concierto en que participamos

                                                                         con vivir.

 

Y brota

porque la emoción es música del alma que siente y reacciona

                                         y está compuesta

desde el espíritu, donde se piensa, aprende y recrea.

 

La vida es un concierto de emociones que nos involucran,

entre pensamientos ideas, sensaciones, emociones y recuerdos

por los que tomamos conciencia de nosotros como explosión y armonía.

 

Vivimos mientras ejecutamos nuestra parte del gran concierto

al que llamamos historia

          como recuerdo de nosotros mismos.

 

Y llegado el momento nos toca callar, para siempre,

o bien permanecemos eternamente como hechos sonidos recuerdos;

añoranza melódica del participante que calla

                                   en la sintonía que transcurre.