|
A Ana Julia. Para Gigi. Eres rosa que nació de un sueño, deseada quimera encarnada niña. Brotas a esta la tierra preñada de futuro, heredera forjadora, escondida nueve meses para aparecer desde dentro de tu madre. Angustia que sueña hasta que tú asomaste, en llantos, provocándonos a no se que dar para calmarte, para resignarte a ser aquí, como persona sin historia, en nueva conciencia que aprende a vivir llorando.
Y enseñándonos a darnos para que pudieras vivir. Tu desconsuelo motivó nuestro ingenio, inventando travesuras para entretenerte y provocar tu risa. Al recibirte como tus padres renació en nosotros
la ternura como una forma natural de mirarte y ver. Ser tu esclava fue el oficio de tu madre. Yo me afanaba por llegar a casa y seguir admirado al mirarte. Te amo y te admiro por cuanto nos transformas, apoderándote con tu gracia de nuestros actos e iniciándonos en el oficio de crear hijos, a la vez que nos transformarnos en función de ellos. Y fuimos convertidos en otros en función de ti. Porque tú eres mi gran educadora para ser padre, llegaste para enseñarnos a renunciar a nosotros mismos y arribas requiriendo de ambos para subsistir, uniéndonos en el trabajo de apoyarte, sintiendo un tri amor que nos
transforma en uno. Ahora se que amar es ser todos y cada cual uno, por la capacidad de darse -que me
enseñas al tenerte- con total entrega. Naciste para que aprendiese a entregarme, por amor a ti. |