¿A dónde van las flores cuando mueren?

 

¿A donde van las flores cuando mueren, mami? -Me preguntó mi hijo de casi siete años. Dios mío en que líos lo meten a uno lo niños, me dije. Estoy recargada en el borde de la ventana, asomándome a mi misma para descubrirme en el paisaje, entre las calles, casas y jardines que cruzan por mi existencia.

 

-Van al cielo de las flores, mi amor –le dije así nada más, por darle una respuesta donde nada sabía. ¿Cuál será el cielo de las flores?, de nuevo me interrogué: ¿el cielo de las flores?

 

-¿Y cómo mami?

 

Dios mío; ¡ya me descubrió! –me dije- ¿Cómo es que tuvo que preguntarme eso?

 

-¿Cómo qué, hermoso? –Respondo buscando pensar rápido que voy a contestar a Luisito.

 

-¿Cómo es el cielo de las flores, mami?

 

-Es que las flores son la ofrenda de la naturaleza en festejo del hombre, cariño, están para que el hombre que está en ella sea feliz. La satisfacción humana que deja la flor, es testimonio de nuestro homenaje a quienes las ofrecemos, y este es el cielo de las flores mi amor.

 

-¿Cómo? - protestó Luicín frunciendo sus cejas.

 

-Es muy difícil de explicar, cielo –dije- cuando tu contemplas una flor tu corazoncito siente su belleza. Te conmueve la flor. Y la flor vibra contigo y en ello se hace una a ti. La flor vivirá en ti por siempre.

 

-¿Cómo mami?

 

-En tus recuerdos llevas el cielo de todas las flores que has gozado.

 

-¿Yo soy el cielo de las flores? –preguntó de nuevo ceñudo Luicín.

 

-Desde que las amas viven en ti, cariño. Esto para ellas es su cielo.

 

-¡Ah! –exclamó mi hijo. –Y..., entonces el cielo de nosotros ¿cómo es?

 

-Es, es...; ¡hay cielito! ¡pero ¿cómo crees voy a saberlo? El cielo es como estar todos juntos siempre, queriéndonos entre todos, sabiéndonos unos de otros, en la comprensión del ser histórico de nuestro fenómeno común.

 

El niño volvió a protestar: -¿Fenómeno común? ¿Qué es ser histórico?