NOCTURNO

 

Era tiempo de segar

y esa mañana

- con el trino solar -

toda ella

-con la intensidad que perturbara mis sentidos-

fluyó del alma asordinada en la tristeza.

La quise aunque el adiós

era badajo de su amor

conocía mi condena y sin embargo

incineré mi voluntad en sus deseos

forjé en su piel el refugio de mis ansias

y sin ella

como ocre que el viento

disipará en cualquier tarde

vivo.

La perdí porque era tiempo de segar

y el amor no sabe de piedad cuando se marcha.