SI
TIENES CAMINO TE ENCONTRARÁ
Si se toma la acertada decisión de encontrar
camino, hay que saber que son los caminos los que nos encuentran. Por eso hay
que salir a su encuentro con calma precavida. Entrenados los sentidos.
Identificando señales. Sin prisas. Ni bruscos cambios de rumbo. Sobre todo
eso. Jamás se debe cambiar
inopinadamente de rumbo. Te extravías. Te pierdes. Los referentes
cambian. Los cardinales enloquecen. La rosa de los vientos se entumece. Y la
duda se asentará. Quizá, es probable que sea tu camino ese camino
insospechado que abordaste porque pasó cerca de tu rumbo. Se puso a tu
alcance. O tocó varias veces y lo creíste camino cuando era tentación. Si el
camino toca más de una vez no es camino sino tentación. Y envejecerás
especulando, con la frente entre las manos, que es una pésima forma de
envejecer, si este camino era el camino. A pesar de que pienses que éste
debió en realidad ser el camino. Y no otro. Uno del que nunca te enteraste si
te encontró. Y si te encontró lo ignoraste. Pero nunca tendrás esa certeza. Y
de cuando en cuando te parecerá que has reconocido tu camino en otro camino.
¡Ese era mi camino! Y quien lo lleva tiene un vago parecido al que
acostumbrabas ser. Aunque también andará como tú. Deshojando rumbos. Y entristecerás. Y cargarás de por vida una
melancolía intraducible. Anclado en retrospectiva. Resignado. Resignación es
definición de destino. Porque se acusa al destino cuando es adversidad lo que
toca. Pero al éxito nadie lo llama destino. Lo llama esfuerzo. Constancia.
Logro. Es mejor que el camino lo encuentre a uno y lo sepamos. Así estaremos
seguros de que el camino es. Cuando el camino es el que te encuentra, llegas
en ti. Y siempre es preferible llegar en uno. ¡Aunque tarde llegué en
mí! Pero hay que aprender a reconocer
el camino cuando es el camino. A distinguirlo. Aunque si se tiene camino,
hágase lo que se haga el camino nos encontrará. Es verdad que se hace camino
al andar, pero cuidado con el andar haciendo caminos. A esos caminos que se
hacen con el andar desconcertado, difuso, desorientado, cuando no se les va
muriendo lo andado, son remedos de caminos, inconclusos, marchitos, truncados
a los que el viento les borró las huellas y que abruptamente terminan en
nada. Y cómo son de dolorosos esos cadáveres de caminos que nuestra
curiosidad adivina en recodos súbitos. La última osamenta de camino que
encontré tenía el pavimento horadado de sueños truncos y una gélida pátina de
desesperanza lo cubría. Por eso es preferible que el camino nos encuentre.
Para ello mira el horizonte y no te busques. Quien se busque en el horizonte
no será. Tómate tu tiempo. No acortes distancia. No tomes atajos. No saltes.
No corras. No obvies paradas. Semáforos. Alcabalas. Peajes. Reposa. Reflexiona.
Revisa tu brújula. Descansa. No te desesperes. Mantén tu vigor. Si tropiezas
no te justifiques. Solo levántate. Y anda. Que Lázaro no estaba muerto ni
enterrado sino desolado. A veces los trechos entre meta y meta se tornan
hostiles. Y habrá montañas que horadar. No te angusties si tarda. O si es
impuntual. Que si tienes un camino, hagas lo que hagas, él te encontrará.
Pero no te detengas. Por nada. Que salir a su encuentro facilita el
encuentro. El coraje crece con la persistencia. Y la persistencia robustece
al coraje. Ve hacia tu camino. Con la aguja magnética fija en ese Norte que
llevas impreso en tus posibilidades. Y nunca renuncies. No se renuncia. Quien
renuncia condenado será a renunciar. Y la renuncia es una forma lenta de
disolución en la amargura que espeja renuncias. Los caminos son infieles con
los claudicantes. Con los temerosos. Con los vacilantes. Esos son los que van
dejando a su paso ese reguero de caminos muertos que desembocan en húmedas
incógnitas. Recuerda que no existen caminos malos. Hay caminos, solo caminos,
lo demás es barranco. Precipicio. Abismo. Vacío. No camino. Y todo camino es
largo. Deja cicatrices memoriosas. Si buscas camino, nunca mires hacia atrás.
Que atrás es certeza. Refugio. Tibieza. Regazo. Y flaquea la decisión. Porque
adelante solo hay incertidumbre. Y es la incertidumbre la maldición bíblica.
No hay seguridad en la incertidumbre. Ni póliza. Ni garantía. La
incertidumbre amenaza. Paraliza. Pero es camino. Incierto. Ignoto. Remoto.
¡Pero camino! Los caminos parten todos desde la certeza hacia la
incertidumbre. Y sabrás que tu camino te ha encontrado cuando el silencio sea
y de súbito reconozcas el sonido de tus propios pasos en el latido de tus
sienes. Solitario andariego de un camino inédito de aliento incierto y de una
sola vía. Nadie de regreso para consolarte. Nadie detrás para la memoria.
Nadie al lado para el testimonio. Y entonces comprenderás. Asimilarás.
Aceptarás, que tu camino te ha convertido en camino. Camino que lleva hacia
un horizonte que solo verás. Y que la consecuencia de tornarse camino es ser
soledad. |