|
No lo puedo negar, y ni siquiera ocultar: hubo varias en mi vida y esa es toda la verdad. En más de una ocasión, a la puerta de la Aurora he quedado con la Gloria. Tras esperar media hora me marché con la Esperanza de encontrar a la Ascensión entre el Alba y el Sagrario que colocó a la Inocencia sobre el lecho de la Flor. Allí ví la Soledad, justo al lado de la Paz, bajo la Luz de la Luna y Remedios por besar. Las caricias de Piedad dieron a mi Corazón, una Rosa, gran Consuelo corriéndome a un lado el velo; y las cuentas del Rosario que Mercedes, depositó en mis manos. En la Cruz he sostenido fragmentos de Concepción, Dolores nunca he sentido, pero sí la Adoración y ternuras de Asunción sobre mi pecho. En los brazos de Ángeles no faltaron las artimañas de la Pura naturaleza; ser y estar dándome vueltas al Pilar de de me ha afectado, por no decir: me ha gustado en más de una ocasión. |