LA  INTANGIBLE  VICTORIA

 

No lo puedo negar,

y ni siquiera ocultar:

hubo varias en mi vida

y esa es toda la verdad.

 

En más de una ocasión,

a la puerta de la Aurora

he quedado con la Gloria.

 

Tras esperar media hora

me marché con la Esperanza

de encontrar a la Ascensión

entre el Alba y el Sagrario

que colocó a la Inocencia

sobre el lecho de la Flor.

 

Allí ví la Soledad,

justo al lado de la Paz,

bajo la Luz de la Luna

y Remedios por besar.

 

Las caricias de Piedad

dieron a mi Corazón,

una Rosa, gran Consuelo

corriéndome a un lado el velo;

y las cuentas del Rosario

que Mercedes, depositó

en mis manos.

 

En la Cruz he sostenido fragmentos de Concepción,

Dolores nunca he sentido, pero sí la Adoración

y ternuras de Asunción sobre mi pecho.

 

En los brazos de Ángeles no faltaron

las artimañas de la Pura naturaleza;

ser y estar dándome vueltas al Pilar

de la intangible Victoria

de la rima. Y esa obsesión

me ha afectado,

por no decir: me ha gustado

en más de una ocasión.