CON PROPIO ACENTO


Ante las rejas de su ventana
me asomé,
su cara oculta
por el velo de la excusa
no llegué a ver,
sus palabras escuché,
la respiración mantuve
tanto y como pude.

No lo podía creer,
me sentí desvanecer
y dí pasos hacia atrás
para desaparecer
en silencio.

Sentí sombras despiadadas,
riéndose a carcajadas
por verme solo,
perdido,
caminando en un barbecho
entre rastrojos y el frío
de una noche pronunciada
con propio acento
de hastío.

Únicamente este verso
me acompañó
de regreso
me dió valor,
impulso para la rima
con un soplo de auto estima
y la consideración
de olvidar lo que pasó.